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Gratis · elegí una vozEn la Escuela Ponent, un lugar lleno de risas y colores, vivían niños y niñas muy especiales. Cada día, se reunían en un aula mágica llamada Aula de Acollida. Allí, la aventura comenzaba al aprender catalán. La maestra, Núria, era como un rayo de sol, siempre sonriente y con ideas brillantes.
Pero no estaba sola. En el Aula de Acollida, había una silla muy peculiar: ¡la Cadira Xerraire! Esta silla no era como las demás; ¡podía hablar! Bueno, no realmente hablar, pero sí tenía una bocina escondida y Núria la usaba para hacer preguntas divertidas o poner canciones. "Hola, niños! ¿Cómo estáis hoy?", preguntaba la Cadira Xerraire con una voz alegre y un poco robótica. Los niños reían y respondían a coro: "¡Bien, Cadira Xerraire!".
Cada día era una sorpresa. Núria les mostraba imágenes de todo tipo. Animales peludos, como conejos y osos; comida deliciosa, como manzanas y pasteles; y ropa colorida, como camisetas y pantalones. "¿Qué es esto?", preguntaba Núria, señalando una foto de un león. "¡Un lleó!", gritaban los niños, orgullosos de recordar la palabra en catalán.
Pero aprender no era solo mirar imágenes. También jugaban a juegos muy entretenidos. Uno de sus favoritos era el Memory. Núria esparcía las cartas boca abajo sobre la mesa, y los niños, por turnos, intentaban encontrar las parejas iguales. "¡Un elefant!", exclamaba María, al encontrar una carta con un elefante. "¡Ahora necesito encontrar otro elefant!", decía, concentrada.
Otro juego que les encantaba era el de las letras de madera. Núria ponía un montón de letras sobre la mesa, y los niños tenían que formar palabras en catalán. "Vamos a formar la palabra casa", decía Núria. "¿Quién sabe qué letras necesitamos?". Los niños buscaban entre las letras y, con la ayuda de Núria, formaban la palabra. Se sentían muy orgullosos cada vez que lo lograban.
También jugaban al Linx, un juego donde tenían que encontrar una imagen específica entre muchas otras. Era un juego muy rápido y divertido, que les ayudaba a mejorar su concentración y su vocabulario. "¡He encontrado el gat!", gritaba Pau, señalando la imagen de un gato.
Pero lo que más les gustaba era cantar. Núria les enseñaba canciones sobre los días de la semana, los meses del año, y las estaciones. Cantaban a todo pulmón, moviendo las manos y los pies al ritmo de la música. "Dilluns, dimarts, dimecres, dijous, divendres, dissabte i diumenge...", cantaban, recordando los días de la semana.
Un día, Núria tuvo una idea genial. "Vamos a crear nuestro propio libro de catalán", dijo. Los niños se emocionaron mucho. Cada uno elegiría un tema y dibujaría algo relacionado con ese tema. Luego, escribirían el nombre de lo que habían dibujado en catalán.
María decidió dibujar un sol. Dibujó un sol grande y brillante, con muchos rayos amarillos. Luego, con la ayuda de Núria, escribió la palabra "sol" debajo del dibujo.
Pau dibujó un árbol. Dibujó un árbol alto y fuerte, con muchas hojas verdes. Luego, escribió la palabra "arbre" debajo del dibujo.
Todos los niños participaron con entusiasmo. Dibujaron animales, comida, ropa, y muchas otras cosas. Al final del día, tenían un libro lleno de dibujos y palabras en catalán. Estaban muy orgullosos de su trabajo.
"Este libro es un tesoro", dijo Núria. "Lo guardaremos en nuestra Aula de Acollida para que todos los niños que vengan después de vosotros puedan aprender catalán con él".
Los niños sonrieron. Sabían que habían creado algo especial, algo que les ayudaría a recordar todo lo que habían aprendido en la Escuela Ponent. Y lo más importante, sabían que habían hecho nuevos amigos y que habían compartido muchas aventuras juntos.
Un día, la Cadira Xerraire tosió (bueno, hizo un ruido raro con su bocina). Núria sonrió. "Parece que la Cadira Xerraire tiene algo que decir", dijo. Núria pulsó un botón y la Cadira Xerraire "dijo": "¡Qué bien habéis aprendido catalán! ¡Estoy muy orgullosa de vosotros!".
Los niños rieron y aplaudieron. Sabían que la Cadira Xerraire, aunque solo fuera una silla con una bocina, era parte importante de su aventura catalana. Y sabían que, aunque el curso estaba llegando a su fin, siempre recordarían la Escuela Ponent, el Aula de Acollida, a Núria, la Cadira Xerraire, y a todos sus amigos. Siempre recordarían la alegría de aprender catalán juntos.
Al final del curso, Núria preparó una fiesta. Había pasteles, zumos, y globos de colores. Los niños cantaron canciones en catalán, jugaron a juegos, y se despidieron con abrazos. Sabían que se volverían a ver, pero también sabían que nunca olvidarían los momentos especiales que habían compartido en la Escuela Ponent.
Antes de irse, cada niño recibió un pequeño regalo: un libro de cuentos en catalán. "Para que sigáis practicando", dijo Núria. Los niños sonrieron y prometieron leer el libro todos los días. Sabían que su aventura catalana no había terminado. ¡Apenas estaba comenzando!
Y así, los niños de la Escuela Ponent, llenos de alegría y con un nuevo idioma en sus corazones, se prepararon para seguir explorando el mundo, sabiendo que, dondequiera que fueran, siempre llevarían consigo un pedacito de Cataluña.
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