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Gratis · elegí una vozEdwin e Itzel vivían en Monterrey. Les encantaba el sol, la comida deliciosa y, sobre todo, a su perrito Alegría. Alegría era un perro pequeño, peludo y lleno de energía. ¡Siempre estaba feliz! Un día, Diana, la prima de Itzel, vino de visita. Diana también amaba a los animales y se emocionó mucho al conocer a Alegría.
"¡Es adorable!", exclamó Diana, abrazando a Alegría.
Itzel sonrió. "Le encanta jugar. ¿Quieren ir al zoológico mañana?"
Edwin y Diana asintieron con entusiasmo. ¡Un viaje al zoológico! A Alegría también le emocionó la idea, aunque no entendía exactamente qué era un zoológico. Solo sabía que significaba aventura.
Al día siguiente, después de un desayuno de pan dulce y jugo de naranja, se dirigieron al zoológico. Alegría iba sentada en el regazo de Itzel, mirando por la ventana con los ojos brillantes. Monterrey era una ciudad llena de colores y sonidos, ¡y Alegría quería verlo todo!
Cuando llegaron al zoológico, Alegría ladró de emoción al ver los grandes portones. El zoológico era enorme y lleno de animales que nunca había visto. Leones, tigres, monos, elefantes… ¡era un mundo nuevo para él!
Itzel, Edwin y Diana caminaron por los senderos, observando a los animales. Diana tomaba fotos con su cámara, mientras Edwin leía los carteles informativos. Itzel, por su parte, se aseguraba de que Alegría estuviera cómodo y seguro en su correa.
Alegría estaba fascinado con los monos. Saltaban de rama en rama, haciendo ruidos graciosos. Intentó imitarlos, saltando y ladrando, lo que hizo reír a Itzel y Diana.
Luego, llegaron al área de los elefantes. Alegría nunca había visto un animal tan grande. Se quedó mirando con la boca abierta, asombrado por su tamaño y su larga trompa. El elefante, al notar la mirada curiosa de Alegría, agitó su trompa en señal de saludo.
Después de recorrer gran parte del zoológico, hacía mucho calor. "Tengo mucha sed", dijo Edwin, limpiándose el sudor de la frente.
"Yo también", respondió Diana. "¿Vamos a buscar algo de beber?"
Itzel asintió. "Y después podemos ir a la piscina. Tengo muchas ganas de nadar un rato."
La idea de la piscina emocionó a Alegría. Le encantaba el agua. Siempre que podían, Itzel y Edwin lo llevaban a la piscina comunitaria donde se refrescaba y jugaba con una pelota flotante.
Encontraron un puesto de limonada y compraron bebidas frías. Luego, se dirigieron a la piscina. Alegría ladró de alegría al ver el agua azul y brillante.
Itzel se puso su traje de baño y se metió en la piscina. Edwin y Diana la siguieron. Alegría, con su chaleco salvavidas especial para perros, también se unió a la diversión.
Jugaron en la piscina durante horas. Itzel le lanzaba la pelota a Alegría, y él la traía nadando con entusiasmo. Diana hacía acrobacias en el agua, y Edwin los observaba, riendo y disfrutando del momento.
Después de la piscina, estaban cansados pero felices. Decidieron volver a casa. De camino, pasaron por una florería. A Itzel le encantaban las plantas, y siempre compraba una nueva para decorar su habitación.
"Mira qué bonita esta orquídea", dijo Itzel, señalando una planta con flores blancas y moradas.
Edwin asintió. "Es preciosa. Deberías comprarla."
Itzel compró la orquídea y la colocó con cuidado en el asiento trasero del coche. Alegría la observó con curiosidad, lamiendo una de las hojas. Itzel lo regañó suavemente.
Al llegar a casa, Itzel colocó la orquídea en su escritorio, junto a la ventana. La luz del sol la iluminaba, haciéndola brillar aún más.
Esa noche, antes de dormir, Itzel le dio un abrazo a Alegría. "Hoy fue un día maravilloso", le dijo.
Alegría lamió su cara en respuesta. Estaba de acuerdo. Había sido un día lleno de aventuras, amigos, animales y mucha alegría. Y lo mejor de todo, lo había compartido con las personas que más amaba.
Diana se despidió al día siguiente. Agradeció a Edwin e Itzel por un fin de semana muy divertido. Prometió volver pronto para otra aventura en Monterrey. Alegría ladró feliz al despedirse de su nueva amiga.
Itzel y Edwin sabían que siempre tendrían nuevas aventuras por vivir en su ciudad, Monterrey, junto a su fiel compañero, Alegría. Ya estaban planeando su próxima excursión, quizás a las montañas o a un parque cercano. Lo importante era estar juntos y disfrutar de la vida al máximo. Y con Alegría a su lado, ¡siempre habría alegría en sus vidas!
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