Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozTomás adoraba visitar a su papá, el Profesor Astro, en su laboratorio. No era un laboratorio grande y brillante como los que veía en la tele, sino un cuartito lleno de tubos, botellas y aparatos raros en el garaje de la casa. Un olor peculiar, como a limonada agria, siempre flotaba en el aire.
"¡Papá!" gritó Tomás, entrando corriendo. El Profesor Astro, con el pelo alborotado y unas gafas enormes, estaba mezclando líquidos de colores en un vaso de cristal. "¡Mira, te traje mi dibujo del cohete!"
"¡Qué bonito, Tomás!" dijo el Profesor Astro, sin apartar la vista de su experimento. "Solo un segundito, estoy a punto de… ¡ay!"
Tomás, ansioso por mostrar su cohete, se apoyó sin querer en una mesa, tirando un frasco lleno de un líquido verde brillante. El frasco cayó dentro del vaso de cristal, ¡BUM! Una pequeña explosión, más ruido que otra cosa, llenó el laboratorio de humo y salpicó a Tomás y al Profesor Astro con líquidos de todos los colores.
"¡Uy!" dijo Tomás, con la cara llena de manchas moradas.
"¡Oh, cielos!" exclamó el Profesor Astro, limpiándose un pegote amarillo de la nariz. "¡Parece que necesitamos un cambio de ropa! No te preocupes, Tomás, son solo experimentos inofensivos… espero."
Salieron del laboratorio riendo, sin darse cuenta de que algo extraño estaba sucediendo con su ropa. Mientras caminaban hacia la casa, Tomás notó que su camiseta se hacía más fina y transparente. "¡Papá, mi camiseta se está deshaciendo!"
El Profesor Astro miró su bata de laboratorio. ¡Horror! Estaba llena de agujeros, como si la hubieran mordisqueado las polillas. "¡La mía también! ¡Debemos llegar a casa antes de…!"
¡Demasiado tarde! La camiseta de Tomás se desintegró por completo, dejando al niño en calzoncillos. La bata del Profesor Astro siguió el mismo camino, dejando al descubierto sus pantalones cortos de lunares.
"¡Esto es un desastre!" gimió el Profesor Astro. "Los líquidos deben haber reaccionado con la tela."
"¿Qué vamos a hacer, papá?" preguntó Tomás, con los ojos muy abiertos.
"Tendremos que volver a casa… ¡con mucho cuidado!" dijo el Profesor Astro. "Nos cubriremos con las manos y nos esconderemos detrás de cada árbol y arbusto que encontremos."
Y así lo hicieron. Caminaban agachados, cubriéndose con las manos y corriendo de un árbol a otro. Parecía un juego de las escondidas muy, muy vergonzoso.
"¡Mira, un arbusto grande!" susurró Tomás, señalando un matorral frondoso.
Se escondieron detrás del arbusto, pero éste era demasiado pequeño para cubrirlos a ambos. El Profesor Astro se agachó más y Tomás se pegó lo más posible a su papá.
Después de varios arbustos y un par de contenedores de basura, llegaron a la parte más difícil del camino: un tramo abierto, sin nada para esconderse. Para su horror, vieron que estaba lleno de gente. ¡Pero no era gente cualquiera! Era un grupo enorme de niñas, sus madres y sus abuelas, todas reunidas para una venta de pasteles benéfica.
"¡Oh, no!" exclamó el Profesor Astro, con la voz temblorosa. "Esto es peor de lo que imaginaba."
"¿Qué hacemos, papá?" preguntó Tomás, a punto de llorar.
"Solo hay una cosa que podemos hacer," dijo el Profesor Astro, tomando una respiración profunda. "Correr. ¡Correr lo más rápido que podamos! Cubriéndonos lo mejor que podamos, claro."
Y así, con el corazón latiendo a mil por hora, Tomás y el Profesor Astro salieron corriendo. Las niñas gritaron y rieron. Las madres se taparon los ojos. Las abuelas… bueno, algunas abuelas se rieron a carcajadas, mientras que otras sacudieron la cabeza con desaprobación.
Tomás y el Profesor Astro corrieron como si no hubiera un mañana, sintiendo las miradas de todos sobre ellos. Finalmente, llegaron a la puerta de su casa, se abalanzaron sobre ella y cerraron con llave detrás de ellos.
"¡Lo logramos!" exclamó el Profesor Astro, jadeando.
"¡Nunca más volveré a tocar tus experimentos, papá!" dijo Tomás, aliviado.
Esa noche, después de una larga ducha y vestidos con pijamas suaves, Tomás y el Profesor Astro se sentaron en el sofá, riendo de su aventura. Aunque había sido vergonzosa, también había sido una aventura que nunca olvidarían. Y el Profesor Astro prometió que, a partir de ahora, los experimentos peligrosos se harían después de la hora de acostarse de Tomás.
Al día siguiente, la venta de pasteles benéfica fue un éxito rotundo. Dicen que las abuelas, al recordar la escena del Profesor Astro y su hijo corriendo desnudos, compraron todos los pasteles y galletas que pudieron, solo para tener algo de qué reírse durante la semana. Y Tomás, bueno, Tomás aprendió una valiosa lección: ¡nunca, jamás, interrumpir a un científico en medio de un experimento! Y siempre llevar ropa interior de repuesto.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

La puerta secreta del Área 51
Tres amigos descubren una puerta secreta en el Área 51, donde conocen a un amigable robot que les enseña ciencia y tecnología.

La rosa mágica
Reinita, una niña amante de las plantas, encuentra una semilla especial y con paciencia logra cultivar la rosa más hermosa. Su historia inspira a otros a cuidar la naturaleza.

El perrito perdido de Sofía
Sofía, una niña curiosa, encuentra a un perrito perdido en el parque y lo cuida hasta encontrarle un hogar amoroso.

El misterio del ovni
Juan Manuel viaja al extranjero y en el avión observa un objeto volador misterioso. Decide investigar con la ayuda de un astrónomo local y descubre la verdad detrás del ovni, lo que lo inspira a estudiar astronomía.

El bosque de la Luna mágica
En un bosque encantado, la bruja Luna enseña a unos niños curiosos sobre la ciencia y el amor por la naturaleza. Juntos descubren secretos mágicos y protegen el bosque para siempre.

El pájaro herido
Tomás y Lucía descubren la importancia de cuidar a los animales después de encontrar y rehabilitar a un pequeño pájaro herido en su jardín.

La resistencia de los carpinchos
Un grupo de carpinchos lucha para salvar su hogar del desarrollo urbano, demostrando que la unión puede lograr grandes cambios.

Lola y el baile de las mariposas
Lola, una niña curiosa, descubre una crisálida en el jardín de su abuela y aprende sobre la resistencia al cambio cuando una mariposa tiene dificultades para volar. Con paciencia y dedicación, logra ayudar a la mariposa a superar su resistencia al cambio, enseñando a los lectores el valor de la adaptación y la paciencia.

El viaje de los elementos
Carbono y Nitrógeno, dos elementos especiales, ayudan a una planta triste a encontrar carbono y nitrógeno para crecer. Juntos, enseñan la importancia de cuidar el medio ambiente.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



