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Gratis · elegí una vozEn un colorido valle donde las matemáticas cobraban vida, vivían Doña Dosa, una mariquita muy elegante, y Don Dosito, un caracol muy aplicado. Doña Dosa era famosa por su paciencia y Don Dosito por su amor a los números. Un día, la Reina de las Flores, preocupada, los convocó a su jardín real.
"¡Doña Dosa, Don Dosito!", exclamó la Reina con voz suave. "Tengo un gran problema. Debo repartir 144 semillas mágicas entre 12 jardineros. Cada jardinero debe recibir la misma cantidad para que mis rosas canten con alegría. ¿Podrían ayudarme a dividir 144 entre 12? Necesito aprender a dividir de dos cifras."
Doña Dosa, con su voz melodiosa, respondió: "¡Por supuesto, Majestad! Dividir de dos cifras puede parecer complicado, pero con un poco de práctica y paciencia, lo lograremos."
Don Dosito, con su concha brillante, añadió: "Lo primero que debemos hacer es entender qué significa dividir. Dividir es repartir en partes iguales."
Doña Dosa tomó una hoja de papel grande y dibujó el símbolo de la división. "Aquí tenemos el dividendo, que es 144, el número que queremos dividir. Y aquí tenemos el divisor, que es 12, el número entre el cual queremos dividir."
"Primero, observamos los dos primeros dígitos del dividendo, 14. ¿Cuántas veces cabe el 12 en el 14?", preguntó Don Dosito.
Doña Dosa respondió: "¡Cabe una vez! Escribimos el 1 encima del 4 en el dividendo."
Luego, explicaron que debían multiplicar el 1 por el 12 y escribir el resultado (12) debajo del 14. Después, restaron 12 de 14, obteniendo 2.
"Ahora, bajamos el siguiente dígito del dividendo, que es el 4. Tenemos el número 24", dijo Don Dosito con entusiasmo.
"¿Cuántas veces cabe el 12 en el 24?", preguntó Doña Dosa, mirando a la Reina de las Flores.
La Reina, pensativa, respondió: "¡Cabe dos veces!"
"¡Exacto! Escribimos el 2 encima del 4 en el dividendo", exclamó Don Dosito.
Luego, multiplicaron 2 por 12, obteniendo 24. Escribieron el 24 debajo del 24 y lo restaron, obteniendo 0.
"¡Hemos terminado! El resultado de dividir 144 entre 12 es 12", anunció Doña Dosa con una sonrisa.
La Reina de las Flores, radiante de alegría, exclamó: "¡Lo han logrado! Ahora puedo repartir las semillas mágicas. Cada jardinero recibirá 12 semillas. ¡Gracias, Doña Dosa y Don Dosito!"
Para celebrar, la Reina organizó un banquete en el jardín. Preparó 168 pastelitos de fresa y quería repartirlos equitativamente entre 14 invitados. Nuevamente, pidió ayuda a Doña Dosa y Don Dosito.
"¡Majestad, será un placer ayudarla!", dijo Don Dosito.
Doña Dosa explicó: "Ahora dividiremos 168 entre 14. Primero, vemos cuántas veces cabe el 14 en el 16. Cabe una vez. Escribimos el 1 encima del 6."
Multiplicaron 1 por 14, obteniendo 14. Lo restaron de 16, obteniendo 2. Bajaron el 8, formando el número 28.
"¿Cuántas veces cabe el 14 en el 28?", preguntó Don Dosito.
La Reina respondió: "¡Cabe dos veces!"
Escribieron el 2 encima del 8. Multiplicaron 2 por 14, obteniendo 28. Lo restaron de 28, obteniendo 0.
"¡El resultado es 12! Cada invitado recibirá 12 pastelitos", anunció Doña Dosa.
La Reina, muy agradecida, preparó una corona de flores para cada uno. Doña Dosa y Don Dosito se sentían felices de haber ayudado y de haber enseñado a la Reina a dividir de dos cifras.
Al día siguiente, un grupo de ardillas llegó corriendo al valle, muy preocupadas. Habían recolectado 216 nueces y querían guardarlas en 18 agujeros, poniendo la misma cantidad en cada uno. Necesitaban la ayuda de Doña Dosa y Don Dosito.
"No se preocupen, ardillas", dijo Don Dosito. "Dividir es la solución."
Doña Dosa explicó: "Dividiremos 216 entre 18. Primero, vemos cuántas veces cabe el 18 en el 21. Cabe una vez. Escribimos el 1 encima del 1 en el dividendo."
Multiplicaron 1 por 18, obteniendo 18. Lo restaron de 21, obteniendo 3. Bajaron el 6, formando el número 36.
"¿Cuántas veces cabe el 18 en el 36?", preguntó Doña Dosa.
Una ardilla, muy lista, respondió: "¡Cabe dos veces!"
Escribieron el 2 encima del 6 en el dividendo. Multiplicaron 2 por 18, obteniendo 36. Lo restaron de 36, obteniendo 0.
"¡Cada agujero tendrá 12 nueces!", anunció Don Dosito.
Las ardillas, muy contentas, agradecieron a Doña Dosa y Don Dosito. A partir de ese día, en el valle, todos aprendieron a dividir de dos cifras gracias a la paciencia de Doña Dosa y la dedicación de Don Dosito. Y así, la magia de las matemáticas llenó de alegría el valle, demostrando que con práctica y entusiasmo, ¡todo es posible!
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