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Gratis · elegí una vozValentina era una hormiguita muy curiosa. Vivía en un hormiguero debajo de un enorme árbol de manzanas rojas y jugosas. A Valentina no le gustaba hacer lo mismo que las demás hormigas: cargar hojitas y migas de pan. Ella soñaba con ver las estrellas. Todas las noches, Valentina se escapaba del hormiguero y se sentaba en la rama más alta del árbol a mirar el cielo nocturno.
"¡Qué bonitas son las estrellas!", pensaba Valentina. "Me pregunto si alguien vivirá allá arriba".
Un día, mientras observaba el cielo, Valentina vio algo extraño. Una luz brillante se acercaba cada vez más. ¡Era una nave espacial! La nave aterrizó suavemente en el jardín, cerca del árbol de manzanas. De la nave salió un pequeño alienígena verde con antenas brillantes.
Valentina, aunque un poco asustada, se acercó al alienígena. "¡Hola!", dijo Valentina tímidamente.
El alienígena se sorprendió al ver a la hormiguita. "¡Hola! Soy Zorp", respondió el alienígena con una voz suave y tintineante. "Vengo del planeta Glargon, que está muy, muy lejos de aquí".
Valentina estaba muy emocionada. "¡Yo soy Valentina! Siempre he querido ver las estrellas y viajar al espacio".
Zorp sonrió. "¿Te gustaría venir conmigo a Glargon? Estoy buscando a alguien que me ayude a recolectar las flores lunares que necesitamos para hacer combustible para mi nave".
Valentina no lo pensó dos veces. "¡Sí, por favor!", exclamó.
Zorp y Valentina subieron a la nave espacial. La nave despegó con un suave zumbido y se elevó hacia el cielo estrellado. Valentina miraba por la ventana con asombro. Vio la Tierra hacerse cada vez más pequeña, hasta que solo fue una pequeña canica azul en la oscuridad.
Después de un largo viaje, llegaron al planeta Glargon. Glargon era un planeta muy diferente a la Tierra. El cielo era de color naranja, y las plantas brillaban con una luz suave. Había montañas de cristal y ríos de purpurina.
"¡Es increíble!", dijo Valentina, maravillada.
Zorp llevó a Valentina a un campo lleno de flores lunares. Las flores lunares eran grandes y blancas, y brillaban con una luz plateada. "Estas son las flores que necesitamos", dijo Zorp. "Necesitamos recolectar muchas para llenar el tanque de combustible de mi nave".
Valentina y Zorp trabajaron juntos durante todo el día, recolectando flores lunares. Valentina, a pesar de ser pequeña, era muy trabajadora y ayudó a Zorp a llenar el tanque de combustible.
Mientras trabajaban, Valentina aprendió mucho sobre el planeta Glargon y sobre la vida de Zorp. Zorp le contó historias sobre las constelaciones de Glargon y sobre las criaturas extrañas y maravillosas que vivían allí. Valentina le contó a Zorp sobre el hormiguero, el árbol de manzanas y sus sueños de viajar al espacio.
Al final del día, el tanque de combustible estaba lleno. Zorp estaba muy agradecido a Valentina por su ayuda. "Gracias, Valentina", dijo Zorp. "No podría haberlo hecho sin ti. Eres una hormiguita muy especial".
Valentina se sintió muy feliz de haber ayudado a Zorp. Había cumplido su sueño de viajar al espacio y había hecho un nuevo amigo.
Antes de regresar a la Tierra, Zorp le regaló a Valentina una pequeña flor lunar que brillaba con una luz tenue. "Recuerda siempre nuestra aventura", dijo Zorp. "Y nunca dejes de soñar".
Zorp llevó a Valentina de regreso a la Tierra y la dejó cerca del árbol de manzanas. Valentina se despidió de Zorp con un abrazo. La nave espacial despegó y desapareció en el cielo nocturno.
Valentina regresó al hormiguero, llevando consigo la flor lunar. Les contó a las demás hormigas sobre su aventura en el espacio, pero al principio no le creyeron. Le decían que era una soñadora, pero Valentina no les hizo caso. Sabía que lo que había vivido era real.
Desde ese día, Valentina siguió mirando las estrellas, pero ya no solo soñaba con ellas. Sabía que en algún lugar, en el planeta Glargon, un pequeño alienígena verde la recordaba con cariño. Y cada vez que miraba la flor lunar que Zorp le había regalado, Valentina recordaba su increíble aventura espacial y sonreía.
Valentina nunca olvidó su viaje al espacio. Y aunque volvió a su vida de hormiga, siempre conservó en su corazón el recuerdo de las estrellas, el planeta Glargon y su amigo Zorp. Y supo que, aunque fuera una hormiguita pequeña, podía hacer grandes cosas si se atrevía a soñar.
La flor lunar que le regaló Zorp, la guardó en un lugar especial de su hormiguero, iluminándolo con su suave brillo. Y cada noche, las demás hormigas se reunían alrededor de la flor para escuchar a Valentina contar sus historias del espacio, aprendiendo que hasta la hormiga más pequeña puede tener los sueños más grandes.
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