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Gratis · elegí una vozSofía, una niña curiosa con dos coletas y una mochila llena de colores, estaba emocionada. ¡Eran vacaciones y se iban de paseo a Ciudad Bolívar! "¡Venezuela también tiene plantas exóticas!", exclamó su papá mientras empacaban el carro. Sofía imaginaba flores gigantes y árboles que caminaban.
El viaje fue largo y lleno de aventuras. Primero, se adentraron en la selva. El aire olía a tierra mojada y a flores desconocidas. De repente, a la orilla del camino, vieron un puesto que vendía empanadas. "¡Empanadas de morrocoy!", gritó el vendedor. La mamá de Sofía frunció la nariz. "Yo prefiero una arepa", dijo. Y así fue, mientras Sofía y su papá probaban las empanadas (¡a Sofía le parecieron un poco raras!), su mamá disfrutaba de una deliciosa arepa rellena de pescado, y luego otra arepa rellena de pescado porque estaba muy sabrosa.
Continuaron el viaje hasta llegar a Santa Elena de Uairén. El paisaje era impresionante, con montañas enormes y una vegetación exuberante. Allí, Sofía y su familia se encontraron con unos indígenas Pemones. Los indígenas, con sus rostros pintados y plumas coloridas, los recibieron con una sonrisa.
"¡Bienvenidos!", dijeron en su idioma natal. "Les ofrecemos una ofrenda de amor y amistad". Sofía se sorprendió cuando vio lo que les ofrecían: ¡hormigas! Pequeñas hormigas fritas en una bandeja. Sofía miró a su mamá con los ojos muy abiertos. La mamá de Sofía sonrió nerviosamente. "Es una tradición", explicó el papá. Sofía, valiente como siempre, probó una hormiga. "¡Sabe a limón!", exclamó sorprendida. Su papá también probó, y aunque al principio dudó, terminó comiéndose varias. La mamá, en cambio, prefirió observar.
Pero la ofrenda no terminó ahí. Los indígenas también les regalaron un pescado llamado carite, fresco y brillante, listo para cocinar. Luego, les ofrecieron unas hallacas muy especiales. "Estas hallacas están rellenas de caimán", dijeron los indígenas. Sofía nunca había comido caimán. Sintió un poco de miedo, pero también mucha curiosidad. Las hallacas de caimán resultaron ser deliciosas, con un sabor ahumado y especiado.
Finalmente, les ofrecieron un vaso de chicha. Pero no era una chicha cualquiera. "Esta chicha está hecha con lombrices", explicaron los indígenas. "Dicen que da mucha vitalidad a los amigos". Sofía puso una cara rara. ¿Chicha de lombrices? Su papá la miró con una sonrisa pícara. "Solo un poquito", dijo. Sofía probó un sorbo. El sabor era… diferente. Un poco terroso, un poco dulce. No estaba segura de si le gustaba, pero sintió una energía extraña recorrer su cuerpo. Su papá bebió todo el vaso. La mamá, por supuesto, se negó amablemente.
Después de pasar un día increíble con los indígenas, era hora de regresar a casa. Pero el viaje no había terminado. Esta vez, se montaron en un barco llamado Catanare. El Catanare era un barco grande y colorido que navegaba por el río Negro. El río era ancho y oscuro, rodeado de selva virgen. Sofía se sentó en la proa del barco y sintió el viento en su cara.
Vio monos saltando entre los árboles, aves exóticas con plumas brillantes y delfines rosados nadando en el río. El capitán del barco les contó historias sobre la selva y los animales que vivían allí. Sofía aprendió sobre la anaconda, el jaguar y la piraña. Estaba fascinada.
El viaje en el Catanare fue mágico. Sofía sintió que estaba viviendo una verdadera aventura. Cuando finalmente llegaron a casa, Sofía estaba cansada pero feliz. Había visto plantas exóticas, comido hormigas y caimán, bebido chicha de lombrices y navegado por el río Negro.
"¡Qué vacaciones tan increíbles!", exclamó Sofía. Su mamá sonrió. "Venezuela es un país lleno de sorpresas", dijo. Sofía asintió. Sabía que nunca olvidaría su aventura en la selva venezolana. Y aunque las empanadas de morrocoy no le habían gustado mucho, la chicha de lombrices le había dado una energía que duraría por mucho tiempo. ¡Ya estaba planeando su próxima aventura!
Al día siguiente, Sofía dibujó todo lo que había visto y vivido en un cuaderno. Dibujó las plantas exóticas, los indígenas Pemones, las hormigas fritas, las hallacas de caimán, el río Negro y el barco Catanare. Y en la última página, dibujó a su mamá comiendo feliz su arepa rellena de pescado, y luego otra arepa rellena de pescado. Porque, al final, cada uno tiene sus propias aventuras y sus propios gustos. Y eso es lo que hace que la vida sea tan emocionante.
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