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Gratis · elegí una vozLa Profe Davinia, con su pelo rojo como una zanahoria gigante y sus gafas que siempre se resbalaban por su nariz, anunció con una sonrisa: "¡Hoy, clase, vamos a explorar el Castillo y Mazmorras Fantasma!" Candela, con sus coletas rubias saltando arriba y abajo, gritó: "¡Sí! ¡Me encantan las aventuras!" El autobús escolar, un poco viejo y chirriante, los llevó por un camino lleno de baches hasta una colina donde se alzaba el castillo. Era enorme, con torres puntiagudas que parecían querer tocar el cielo y murallas cubiertas de musgo.
"¡Wow!" exclamaron todos al unísono. La Profe Davinia, siempre precavida, sacó un mapa arrugado y una linterna que parpadeaba un poco. "Recordad, chicos, manteneos juntos. Y si veis un fantasma... ¡saludadlo educadamente!" Candela, la más valiente de todos, se puso a la cabeza del grupo. Entraron al castillo por un portón de madera que crujió como si estuviera contando una historia muy, muy antigua. El interior era oscuro y lleno de telarañas. Murciélagos colgaban del techo, despertando con el ruido de los niños.
"¡Qué miedo!" susurró un niño, escondiéndose detrás de la Profe Davinia. "¡Tonterías!" dijo Candela, encendiendo su propia linterna con forma de unicornio. "¡Los fantasmas son amigos que aún no conocemos!" De repente, un viento frío sopló a través del castillo, apagando la linterna de la Profe Davinia. "¡Oh, oh!" dijo ella, intentando encenderla de nuevo. "Parece que alguien no quiere que estemos aquí." Una figura blanca y translúcida apareció flotando en un pasillo. Era un fantasma, ¡de verdad!
El fantasma gimió tristemente. "¡Buuuu! ¡Dejadme en paz! Este es mi castillo." Candela, lejos de asustarse, se acercó al fantasma. "Hola, señor fantasma. Soy Candela. ¿Por qué está tan triste?" El fantasma, sorprendido por la amabilidad de la niña, dejó de gemir. "Estoy triste porque nadie me visita. Todos tienen miedo de mí." La Profe Davinia, que finalmente había logrado encender su linterna, se acercó con el resto de la clase. "No hay necesidad de estar triste, señor fantasma. Nosotros no tenemos miedo. De hecho, ¡estamos encantados de conocerle!"
La clase entera empezó a hacerle preguntas al fantasma. ¿Cómo se llamaba? ¿Cuánto tiempo llevaba viviendo en el castillo? ¿Le gustaban las cosquillas? El fantasma, que se llamaba Gaspar, se sintió abrumado por la atención, pero en el buen sentido. Empezó a sonreír, ¡algo que no había hecho en siglos! Gaspar les contó historias del castillo, de caballeros valientes y princesas encantadoras. Les enseñó pasadizos secretos y les mostró el salón de baile, donde una vez se celebraron fiestas grandiosas.
Candela tuvo una idea brillante. "¡Podemos organizar una fiesta para el señor Gaspar!" La Profe Davinia sonrió. "¡Qué idea tan maravillosa, Candela!" Todos se pusieron manos a la obra. Recogieron flores silvestres para decorar el salón de baile, encontraron velas viejas para iluminarlo y prepararon bocadillos con la comida que habían traído en sus mochilas. Incluso cantaron canciones y bailaron para Gaspar, quien se reía a carcajadas, su risa fantasmal resonando por todo el castillo.
Al final de la tarde, cuando el sol empezaba a ponerse, Gaspar estaba radiante de felicidad. "¡Gracias!" dijo con lágrimas en los ojos (bueno, en los agujeros donde deberían estar sus ojos). "Nunca olvidaré este día." La Profe Davinia reunió a la clase. "Es hora de volver a casa, chicos. Pero volveremos a visitar a Gaspar, ¿verdad?" Todos gritaron: "¡Sí!" Se despidieron de Gaspar con un abrazo grupal (bueno, Candela abrazó al fantasma; los demás se conformaron con agitar las manos).
Cuando el autobús escolar se alejaba del castillo, Candela miró por la ventana. Vio a Gaspar de pie en la torre más alta, agitando la mano. Tenía una sonrisa enorme en su rostro fantasmal. La Profe Davinia sonrió. "Ves, Candela," dijo. "A veces, lo único que necesitan los fantasmas es un poco de amistad." Y Candela, con una sonrisa aún más grande que la de Gaspar, asintió con la cabeza. Sabía que había hecho un nuevo amigo, un amigo fantasma al que visitaría muy a menudo. Y el Castillo y Mazmorras Fantasma, ya no era tan fantasma, ¡ahora era un castillo lleno de amigos!
Al llegar a casa, Candela dibujo a Gaspar en su cuaderno, prometiendo regresar pronto para otra aventura, quizás la siguiente vez le enseñaría a Gaspar a jugar a las escondidas ¡aunque siendo fantasma seguro que ya era un experto! La Profe Davinia, por su parte, guardó el mapa arrugado, pensando ya en cual seria la siguiente aventura con su clase. Quizas, la proxima vez, irian a buscar el tesoro pirata en la Isla Calavera. ¡Las posibilidades eran infinitas!
Y así, la aventura fantasmagórica de la Profe Davinia, Candela, y el fantasma Gaspar llegó a su fin, dejando una huella de amistad y alegría en el Castillo y Mazmorras Fantasma, que ahora era un lugar mucho menos fantasmagórico, y mucho más divertido.
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