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Gratis · elegí una vozHortensia era una hormiga muy pequeña, pero con un corazón enorme y un apetito aún mayor. Vivía en un hormiguero bajo un enorme roble, junto a sus hermanas y su mamá, la Reina Hormiga. A Hortensia le encantaba la comida, especialmente los trozos de pastel de fresa que a veces caían de la mesa de picnic que estaba cerca del árbol.
Un día, mientras buscaba comida con sus amigas, Hortensia encontró algo maravilloso: ¡un trozo gigante de sandía! Era tan grande que no podían moverlo ni siquiera entre todas. "¡Qué vamos a hacer!", exclamó Azucena, la hormiga más fuerte del grupo. "Es demasiada sandía para nosotras solas."
Hortensia, siempre optimista, tuvo una idea. "¡Podemos dividirla!", dijo con entusiasmo. "Así, cada una puede llevar una parte."
Azucena frunció el ceño. "¿Dividir? ¿Qué es eso?"
"Dividir es como... como compartir, pero de una forma especial", explicó Hortensia. "Imaginemos que la sandía es un círculo completo. Podemos cortarla en partes iguales. Si la cortamos por la mitad, cada hormiga tendrá una mitad, o sea, un medio."
Sus amigas la miraron con curiosidad. Hortensia sacó una hojita afilada de su mochila (siempre precavida, Hortensia) y trazó una línea en la sandía. "Aquí está", dijo orgullosa. "¡Una mitad para ti, Azucena, y la otra para mí!"
Azucena, aunque al principio escéptica, entendió la idea. Levantó su mitad de sandía con facilidad. "¡Es mucho más fácil de llevar ahora!", exclamó.
Pero aún quedaba mucha sandía. Otras hormigas se acercaron, atraídas por el delicioso olor. "¡Nosotras también queremos sandía!", dijeron al unísono.
Hortensia sonrió. "¡No hay problema! Podemos dividirla aún más. Si dividimos cada mitad por la mitad, obtendremos cuartos. ¡Así, más hormigas podrán disfrutar de la sandía!"
Con la ayuda de sus amigas, Hortensia cortó cada mitad en dos partes iguales. Ahora tenían cuatro cuartos de sandía. Cuatro hormigas más se unieron a la fiesta.
Pero la sandía seguía siendo enorme. Más y más hormigas llegaban, con la esperanza de probar un bocado. Hortensia pensó rápidamente. "Si dividimos cada cuarto por la mitad, obtendremos octavos", explicó. "¡Así, aún más hormigas podrán llevar un trozo!"
Cortaron cada cuarto en dos partes iguales, creando ocho octavos de sandía. La fila de hormigas hambrientas crecía.
"¡Hortensia!", gritó una hormiga anciana. "¡Hay demasiadas hormigas! ¡No habrá suficiente sandía para todas!"
Hortensia miró a su alrededor. Tenía razón. La sandía, aunque grande, se estaba haciendo pequeña con tantas divisiones. Entonces, tuvo una idea brillante.
"¡En lugar de dividir más la sandía, podemos dividirla en partes desiguales!", propuso. "Las hormigas más pequeñas pueden llevar trozos más pequeños, y las más grandes, trozos más grandes."
Las hormigas se miraron entre sí, un poco confundidas. Hortensia tomó un pequeño trozo de sandía y se lo ofreció a una hormiga diminuta. "Aquí tienes, Pequeñita. Este trozo es perfecto para ti." Luego, tomó un trozo más grande y se lo dio a Azucena. "Y tú, Azucena, puedes llevar este trozo más grande."
Las hormigas empezaron a entender. Dividieron la sandía en partes de diferentes tamaños, asegurándose de que cada hormiga tuviera un trozo adecuado. Algunas hormigas obtuvieron un dieciseisavo, otras un treintaidosavo, ¡e incluso algunas solo un sesentaicuatroavo! Pero todas estaban felices de tener algo de sandía.
Cuando terminaron de dividir la sandía, Hortensia se sintió muy orgullosa. No solo habían compartido la deliciosa fruta, sino que también habían aprendido algo importante sobre las fracciones. Habían descubierto que las fracciones pueden ser iguales o desiguales, y que siempre hay una manera de compartir, incluso cuando las cosas parecen difíciles.
Esa noche, de vuelta en el hormiguero, Hortensia contó su aventura a la Reina Hormiga. La Reina sonrió. "Hortensia", dijo, "has demostrado ser una hormiga muy inteligente y generosa. Has aprendido la lección más importante de todas: que compartir, ya sea comida o conocimiento, siempre es la mejor opción."
Hortensia sonrió y se durmió, soñando con sandías y fracciones, y con todas las cosas maravillosas que podía aprender y compartir con sus amigas. Al día siguiente, Hortensia y sus amigas encontraron un pastel de fresa. Hortensia, esta vez, ya sabia como dividirlo.
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