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Tito era un niño al que no le gustaba la fruta. ¡Nada! Prefería las galletas y los caramelos. Su mamá, Doña Elena, siempre intentaba que comiera aunque fuera un pedacito de manzana, pero Tito hacía una mueca y gritaba: "¡No me gusta, mamá! ¡Es aburrida!".
Un día soleado, Doña Elena decidió preparar una ensalada de fruta muy especial. No era una ensalada cualquiera, ¡era una ensalada mágica! Bueno, ella esperaba que lo fuera. Colocó sobre la mesa una cesta llena de frutas coloridas: fresas rojas y brillantes, plátanos amarillos y sonrientes, uvas verdes y jugosas, kiwis con sus diminutas semillas negras, y una sandía enorme con rayas verdes y oscuras.
"Tito, hoy vamos a hacer algo divertido", dijo Doña Elena con una sonrisa misteriosa. Tito, intrigado, se acercó a la mesa. "¿Divertido? ¿Más divertido que jugar videojuegos?", preguntó con escepticismo.
"Mucho más divertido", respondió Doña Elena. "Vamos a crear una ensalada mágica que te dará superpoderes".
Tito abrió los ojos como platos. "¿Superpoderes? ¿De verdad? ¿Como volar?", preguntó emocionado.
"Bueno, quizás no volar", dijo Doña Elena riendo. "Pero te dará la fuerza de un león, la agilidad de un mono y la inteligencia de un búho. ¡Todo gracias a la fruta!".
Doña Elena le dio a Tito un cuchillo de plástico y le mostró cómo cortar las fresas en trozos pequeños. Tito, con mucho cuidado, cortó las fresas. ¡Eran tan rojas y jugosas! Luego, peló un plátano y lo cortó en rodajas. Le gustó cómo se sentía el plátano suave en sus manos.
"Ahora, las uvas", dijo Doña Elena. "Estas son como pequeñas bolitas de alegría". Tito cortó las uvas por la mitad. Algunas explotaron ligeramente, liberando un chorrito de jugo dulce. ¡Le encantó!
El kiwi fue un poco más difícil de cortar, pero con la ayuda de su mamá, Tito logró hacerlo. Las semillas negras le parecieron pequeñas estrellas brillantes. Finalmente, llegó el turno de la sandía. Doña Elena cortó un trozo grande y Tito, con una cuchara, sacó bolitas rojas y dulces. Era como encontrar tesoros escondidos.
Mientras cortaban la fruta, Doña Elena le contaba a Tito historias sobre cada una de ellas. Le habló de cómo las fresas crecían en la granja del Señor Pérez, cómo los plátanos viajaban desde tierras lejanas, cómo las uvas se convertían en vino, cómo los kiwis eran originarios de China y cómo la sandía refrescaba en los días calurosos.
Cuando terminaron de cortar toda la fruta, la mezclaron en un bol grande. Doña Elena añadió un poco de zumo de naranja y un chorrito de miel. La ensalada olía deliciosa. Era una explosión de colores y aromas.
"¡Lista la ensalada mágica!", exclamó Doña Elena. "Ahora, cierra los ojos, pide un deseo y come un bocado".
Tito cerró los ojos con fuerza, pensó en tener la fuerza de un león para jugar al fútbol y comió un bocado de la ensalada. ¡Estaba deliciosa! Dulce, jugosa, refrescante. Nunca había probado nada igual.
Comió otro bocado, y otro, y otro. No podía parar. La ensalada era mucho mejor que las galletas y los caramelos. Sintió una energía nueva recorriendo su cuerpo. Empezó a correr por la cocina, saltando y riendo.
"¡Mamá, tengo la fuerza de un león!", gritó Tito. "¡Y la agilidad de un mono! ¡Y creo que estoy entendiendo las matemáticas mejor!".
Doña Elena sonrió. Sabía que la ensalada no tenía poderes mágicos de verdad, pero ver a Tito disfrutar de la fruta y sentirlo lleno de energía era la verdadera magia.
Desde ese día, Tito empezó a comer fruta todos los días. Le gustaba la ensalada mágica, pero también le gustaban las manzanas, las peras, las naranjas y el melón. Descubrió que la fruta era deliciosa y que le daba la energía que necesitaba para jugar, estudiar y ser feliz.
Un día, Tito le preguntó a su mamá: "Mamá, ¿la ensalada mágica de verdad me dio superpoderes?".
Doña Elena sonrió y le respondió: "Tito, la fruta tiene el poder de hacerte sentir bien, fuerte y feliz. Ese es el verdadero superpoder".
Tito abrazó a su mamá y le dio un beso. Sabía que tenía razón. La fruta era deliciosa y le hacía sentir genial. Y aunque no pudiera volar, ¡se sentía como si pudiera!
Y así, Tito, el niño que no le gustaba la fruta, se convirtió en el campeón de la ensalada mágica, un niño sano, fuerte y feliz, gracias a la aventura frutal que cambió su vida.
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