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Gratis · elegí una vozEn el Valle de los Números, vivía una niña llamada Lila a la que le encantaban los dulces, pero aún más, le encantaba jugar. Un día, mientras exploraba el bosque mágico que bordeaba su casa, tropezó con un claro lleno de árboles de caramelo. ¡Pero no eran caramelos normales! Eran Dulces Saltarines, caramelos de goma que brincaban y reían.
En el centro del claro, Lila vio a un gnomo diminuto con un sombrero puntiagudo y una barba tan larga que casi tocaba el suelo. El gnomo se llamaba Don Multiplicón, y era el guardián de los Dulces Saltarines.
"¡Hola, Lila!" dijo Don Multiplicón, con una voz chillona. "He estado esperando por ti. Los Dulces Saltarines están en problemas. Una bruja malvada, la Bruja Divididora, ha lanzado un hechizo sobre ellos. Si no resolvemos sus acertijos multiplicativos y divisivos, ¡dejarán de saltar y se convertirán en simples caramelos pegajosos!"
Lila se preocupó mucho. No quería que los Dulces Saltarines perdieran su alegría. "¡Yo te ayudaré, Don Multiplicón!" exclamó con valentía.
"¡Excelente!" dijo Don Multiplicón, frotándose las manos. "Aquí está el primer acertijo: Hay tres árboles de caramelos. Cada árbol tiene cinco Dulces Saltarines rojos. ¿Cuántos Dulces Saltarines rojos hay en total?"
Lila pensó por un momento. "¡Tres árboles por cinco dulces cada uno… eso es 3 multiplicado por 5, que es igual a 15! ¡Hay 15 Dulces Saltarines rojos!"
Un dulce rojo dio un salto gigante y gritó: "¡Gracias, Lila! ¡Me siento mucho mejor!"
Don Multiplicón sonrió. "¡Muy bien! Aquí viene el siguiente: Tenemos dos grupos de Dulces Saltarines verdes. Cada grupo tiene cuatro dulces. ¿Cuántos dulces verdes hay en total?"
"Dos grupos por cuatro dulces cada uno… 2 multiplicado por 4 es igual a 8. ¡Hay 8 Dulces Saltarines verdes!" respondió Lila con confianza.
Los dulces verdes brincaron de alegría. Pero la Bruja Divididora no se rendiría tan fácilmente. De repente, una ráfaga de viento helado sopló a través del claro.
"¡Ja, ja, ja!" resonó la voz de la Bruja Divididora. "Ahora probemos tu habilidad para dividir. Aquí está mi acertijo: Tenemos 12 Dulces Saltarines amarillos. Si los dividimos en 3 grupos iguales, ¿cuántos dulces habrá en cada grupo?"
Lila se concentró. "Dividir 12 entre 3… eso significa repartir 12 dulces en 3 grupos. 12 dividido por 3 es igual a 4. ¡Habrá 4 Dulces Saltarines amarillos en cada grupo!"
Los dulces amarillos se separaron en tres grupos, cada uno con cuatro dulces, y comenzaron a saltar al unísono. La Bruja Divididora gruñó de frustración.
"¡No te saldrás con la tuya!" gritó la bruja. "Aquí tienes otro: Hay 20 Dulces Saltarines azules. Si los dividimos en 5 grupos iguales, ¿cuántos dulces habrá en cada grupo?"
Lila respiró hondo. "20 dividido por 5… ¡es igual a 4! ¡Habrá 4 Dulces Saltarines azules en cada grupo!"
Los dulces azules se dividieron en cinco grupos, cada uno con cuatro dulces. La Bruja Divididora estaba furiosa. Su magia se debilitaba con cada respuesta correcta.
"¡Uno más!" exclamó Don Multiplicón. "Este es el acertijo final: Tenemos 25 Dulces Saltarines morados. Si los dividimos en 5 grupos iguales, ¿cuántos dulces habrá en cada grupo?"
Lila cerró los ojos y pensó. "25 dividido por 5… ¡es igual a 5! ¡Habrá 5 Dulces Saltarines morados en cada grupo!"
Los dulces morados se separaron en cinco grupos, cada uno con cinco dulces. Con la última respuesta correcta, la magia de la Bruja Divididora se desvaneció por completo. Un remolino de humo púrpura desapareció en el aire, dejando tras de sí solo un sombrero puntiagudo caído en el suelo.
Los Dulces Saltarines saltaron y rieron con aún más alegría que antes. Don Multiplicón abrazó a Lila. "¡Lo hiciste, Lila! ¡Salvaste a los Dulces Saltarines! ¡Eres una campeona de la multiplicación y la división!"
Lila sonrió. Había aprendido mucho sobre matemáticas y había hecho muchos amigos nuevos. Don Multiplicón le regaló una bolsa llena de Dulces Saltarines para llevar a casa. Lila regresó a su casa, sabiendo que las matemáticas podían ser divertidas y que incluso los problemas más difíciles se pueden resolver con un poco de pensamiento y valentía. Desde ese día, Lila nunca olvidó su aventura en el Valle de los Números y siempre recordaba la importancia de multiplicar la alegría y dividir los problemas.
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