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Gratis · elegí una vozCaracolito era un caracol pequeño, con una concha brillante como una canica de esmeralda. Un día, mientras seguía el rastro brillante del rocío matutino, se distrajo persiguiendo una mariposa azul. Cuando finalmente levantó la vista, ¡oh, no! ¡Estaba perdido! El gran jardín parecía inmenso y desconocido. Las hojas eran montañas verdes, y las flores, torres gigantescas. El miedo le recorrió el cuerpo como un escalofrío.
"¡Ay, ay, ay!" gimió Caracolito, dejando un rastro plateado en una hoja de lechuga. "¿Dónde estoy? ¿Cómo volveré a casa?"
De repente, escuchó una risita. "¿Estás perdido, amiguito?"
Caracolito se asustó y se escondió dentro de su concha. "¿Quién anda ahí?", preguntó con voz temblorosa.
"¡Soy Mariquita!", respondió una voz alegre. "¡Mariquita Bailarina, para servirte!" Un momento después, una mariquita roja con puntos negros brillantes aterrizó en la hoja frente a él. Tenía una sonrisa tan grande que casi parecía que iba a volar por los aires.
Caracolito asomó la cabeza tímidamente. "Soy Caracolito. Y sí, estoy muy perdido."
Mariquita Bailarina ladeó la cabeza. "¡No te preocupes! ¡Conozco este jardín como la palma de mi… bueno, de mi patita! Te ayudaré a encontrar el camino a casa."
Caracolito se sintió aliviado. "¿De verdad? ¡Oh, muchas gracias!"
"¡Por supuesto!", exclamó Mariquita Bailarina. "Pero antes, ¿por qué no compartimos una hoja de lechuga? ¡Tengo mucha hambre después de tanto bailar!"
Así que Caracolito y Mariquita Bailarina comieron juntos una hoja de lechuga crujiente. Mariquita Bailarina le contó a Caracolito sobre sus aventuras bailando con las abejas y jugando al escondite con las orugas. Caracolito, a su vez, le contó sobre su familia y su hogar, un acogedor rincón bajo un gran rosal.
Después de comer, Mariquita Bailarina extendió sus alas. "¡Bien, Caracolito! ¡Vamos a encontrar tu camino a casa! Súbete a mi espalda, será más rápido."
Caracolito dudó un momento. Nunca antes había volado. Pero confiaba en Mariquita Bailarina, así que se subió con cuidado a su espalda. "¡Listo!", dijo Caracolito.
Mariquita Bailarina se elevó en el aire. Caracolito se aferró con fuerza, sintiendo el viento en su cara. ¡Era increíble! Vio el jardín desde una perspectiva completamente nueva. Las hojas de lechuga parecían pequeñas alfombras verdes, y las flores, diminutas copas de colores.
"¿Ves algo familiar?", preguntó Mariquita Bailarina, volando sobre un grupo de margaritas.
Caracolito miró a su alrededor. "No, todavía no… ¡Espera! ¡Creo que veo el rosal! ¡Está allá!"
Mariquita Bailarina voló en la dirección que Caracolito le indicó. Y allí estaba, imponente y familiar, el gran rosal con sus rosas rojas y fragantes.
"¡Sí, sí, ahí está! ¡Esa es mi casa!", gritó Caracolito, emocionado.
Mariquita Bailarina aterrizó suavemente cerca de la base del rosal. Caracolito se bajó de su espalda, sintiéndose agradecido y feliz.
"¡Muchas gracias, Mariquita Bailarina! ¡No sé qué habría hecho sin ti!", dijo Caracolito.
"¡De nada, Caracolito!", respondió Mariquita Bailarina. "¡Siempre es un placer ayudar a un amigo! Pero ahora, debo irme. Tengo que bailar con las luciérnagas antes de que se ponga el sol."
"¡Adiós, Mariquita Bailarina!", dijo Caracolito. "¡Espero verte pronto!"
Mariquita Bailarina agitó sus alas y desapareció en el cielo. Caracolito se arrastró hasta su hogar bajo el rosal. Su familia lo estaba esperando, preocupada. Su mamá caracol lo abrazó con fuerza.
"¡Caracolito! ¿Dónde estabas? ¡Estábamos muy preocupados!", dijo su mamá.
Caracolito les contó a todos sobre su aventura, sobre cómo se había perdido y cómo Mariquita Bailarina lo había ayudado a encontrar el camino a casa. Su familia estaba muy agradecida con Mariquita Bailarina.
Desde ese día, Caracolito y Mariquita Bailarina se hicieron muy buenos amigos. Se reunían a menudo para comer hojas de lechuga y explorar el jardín juntos. Caracolito nunca olvidó la amabilidad de Mariquita Bailarina, y Mariquita Bailarina siempre recordaba la valentía de Caracolito. Y así, el caracol perdido y la mariquita bailarina vivieron felices para siempre, compartiendo aventuras y amistad en el hermoso jardín. Caracolito aprendió a prestar más atención y Mariquita Bailarina aprendió que ayudar a los demás trae mucha alegría.
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