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Gratis · elegí una vozHace muchísimo tiempo, en un pueblito donde las casas parecían caramelos y los árboles daban frutas de todos los colores, vivía una cocinera llamada Rosita. Rosita trabajaba en la pastelería "Dulce Sueño", famosa por sus pasteles tan deliciosos que hacían sonreír hasta a las nubes grises.
Hoy era un día muy importante. Rosita estaba preparando la torta de bodas más grande y hermosa que jamás hubiera hecho. Era para el casamiento de la Princesa Lila y el Príncipe Arcoíris, ¡un evento que todo el reino esperaba con ansias! La torta debía tener siete pisos, cada uno con un sabor diferente: fresa, chocolate, vainilla, limón, naranja, piña y hasta un piso secreto de algodón de azúcar.
Rosita puso manos a la obra. Primero, mezcló la harina con el azúcar, los huevos de gallinas que ponían huevos azules y la leche de vacas que daban leche con sabor a fresa. Todo iba perfecto. Luego, vertió la mezcla en la batidora gigante, una máquina reluciente y muy, muy grande, llamada "Batidora Maravilla". Esta batidora era tan antigua que se decía que tenía magia.
Pero, ¡oh no! De repente, la Batidora Maravilla empezó a hacer un ruido extraño. "¡Clanc, clanc, clanc!", hacía, y las aspas se detuvieron. Rosita intentó encenderla de nuevo, pero nada. La batidora estaba atascada.
"¡Ay, no! ¿Qué voy a hacer? La torta de bodas no estará lista a tiempo", se lamentó Rosita, con lágrimas en los ojos. Llamó al dueño de la pastelería, Don Eusebio, un señor bonachón con un bigote blanco y una barriga redonda como un pastelillo.
"¡Don Eusebio, la Batidora Maravilla se ha atascado!", exclamó Rosita, angustiada.
Don Eusebio llegó corriendo a la pastelería, con su caja de herramientas llena de llaves y destornilladores. "No te preocupes, Rosita. Yo la arreglo", dijo, con una sonrisa tranquilizadora. Se puso sus gafas de aumento y empezó a examinar la batidora.
"Hmm, parece que algo se ha atascado en el mecanismo", murmuró Don Eusebio. Se inclinó aún más cerca de la batidora, metiendo la cabeza dentro para ver mejor. "Solo necesito quitar esta pequeña tuerca...", dijo, mientras intentaba alcanzarla con una llave.
Pero, de repente, ¡zas! La Batidora Maravilla, como si tuviera vida propia, dio un tirón y... ¡se tragó a Don Eusebio entero! Rosita se quedó boquiabierta, sin poder creer lo que veía. ¡La batidora se había comido a Don Eusebio!
"¡Don Eusebio! ¡Don Eusebio!", gritó Rosita, golpeando la batidora con su delantal. Pero Don Eusebio no respondía. Solo se escuchaba un leve ronquido proveniente del interior de la máquina.
Rosita estaba desesperada. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a sacar a Don Eusebio de la batidora? Y, lo más importante, ¿quién iba a arreglar la torta de bodas?
De repente, Rosita tuvo una idea. Recordó que su abuela, la famosa cocinera Doña Clotilde, siempre decía que las máquinas eran como los animales: si les hablas con cariño, te obedecen.
Así que Rosita se acercó a la Batidora Maravilla y le dijo con voz suave: "Por favor, Batidora Maravilla, libera a Don Eusebio. Necesitamos terminar la torta de bodas para la Princesa Lila y el Príncipe Arcoíris. Si lo dejas salir, te prometo que te daré un buen baño de aceite y te limpiaré todas tus piezas".
La Batidora Maravilla permaneció en silencio por un momento. Luego, lentamente, empezó a girar. Primero despacio, luego más rápido, hasta que, ¡plop!, Don Eusebio salió disparado de la batidora, cubierto de masa y con el bigote lleno de harina.
Don Eusebio tosió y escupió un poco de masa. "¡Uf! Eso estuvo cerca", dijo, sacudiéndose la harina de la ropa. "Gracias, Rosita. Creo que necesito unas vacaciones después de esto".
Rosita abrazó a Don Eusebio con fuerza. "¡Qué alivio! Pensé que te había perdido para siempre", dijo, con lágrimas de alegría en los ojos.
Después de limpiarse y tomarse un buen vaso de limonada, Don Eusebio revisó la Batidora Maravilla y descubrió que una pequeña fresa se había atascado en el mecanismo. La retiró y la batidora volvió a funcionar como nueva.
Juntos, Rosita y Don Eusebio terminaron la torta de bodas a tiempo. Era aún más hermosa de lo que habían imaginado. La Princesa Lila y el Príncipe Arcoíris quedaron encantados y dijeron que era la torta más deliciosa que jamás habían probado.
Y así, la pastelería "Dulce Sueño" siguió siendo famosa por sus pasteles mágicos y por la historia de la Batidora Tragona y el valiente Don Eusebio, que aprendió que incluso las máquinas más grandes pueden ser un poco caprichosas. Y Rosita, bueno, Rosita siempre le hablaba con cariño a la Batidora Maravilla, por si acaso. Desde entonces, la Batidora Maravilla nunca más volvió a comerse a nadie, aunque a veces seguía haciendo ruidos extraños, pero Rosita sabía que solo estaba pidiendo un poco de atención. Y Don Eusebio, cada vez que veía la batidora, se aseguraba de mantener una distancia prudente. Fin.
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