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Gratis · elegí una vozUn día soleado, mientras las mariposas danzaban entre las flores, un niño llamado Mateo sacó su reluciente bicicleta roja del garaje. Mateo amaba su bicicleta más que a nada en el mundo. Tenía una canasta en la parte delantera donde a veces ponía sus juguetes favoritos y un timbre que sonaba como la risa de un duende. Hoy, Mateo planeaba explorar el parque que quedaba al final de su calle, un lugar lleno de árboles altos y senderos escondidos.
Justo cuando Mateo estaba por salir de su casa, escuchó un ruido muy extraño que venía de detrás de unos arbustos frondosos que crecían cerca de la cerca. Era un gemido suave, como un pequeño sollozo. Mateo frenó su bicicleta y se quedó mirando los arbustos, con el corazón latiéndole con curiosidad. ¿Qué podría ser? ¿Un gatito perdido? ¿Un pájaro herido?
Dejando su bicicleta apoyada contra la cerca, Mateo se acercó con cautela a los arbustos. Con cuidado, apartó algunas ramas y miró hacia adentro. ¡Allí estaba! Un pequeño perrito, acurrucado en el suelo, con una patita delantera hinchada. El perrito temblaba y lo miraba con ojos grandes y tristes.
"¡Oh, pobrecito!" exclamó Mateo, sintiendo una punzada de pena. El perrito era pequeño, de pelaje marrón claro y orejas caídas. Parecía asustado y adolorido. Mateo se agachó lentamente y le habló con voz suave: "Hola, pequeño. No te haré daño. ¿Qué te pasó?"
El perrito gimió suavemente y movió la cola un poquito. Mateo entendió que el perrito necesitaba ayuda. Con cuidado, extendió su mano y acarició suavemente la cabeza del perrito. El perrito cerró los ojos y pareció relajarse un poco.
"Voy a ayudarte," le dijo Mateo al perrito. "Pero necesito llevarte a casa para que mi mamá te revise."
Mateo pensó por un momento cómo iba a llevar al perrito a casa. No podía simplemente subirlo a la canasta de su bicicleta, ya que podría lastimarlo aún más. Entonces, tuvo una idea. Desató su chaqueta de la cintura y la extendió con cuidado en la canasta de la bicicleta, creando una cama suave y cómoda.
Con mucho cuidado, levantó al perrito y lo colocó en la canasta. El perrito gimió un poco, pero luego se acomodó en la chaqueta, como si supiera que Mateo lo estaba ayudando. Mateo empujó su bicicleta lentamente hacia su casa, asegurándose de que el perrito estuviera cómodo y seguro.
Cuando llegaron a casa, Mateo llamó a su mamá. "¡Mamá, mamá! ¡Encontré un perrito herido!"
La mamá de Mateo, una mujer amable con una sonrisa cálida, salió corriendo de la casa. Al ver al perrito en la canasta de la bicicleta, se arrodilló y lo examinó con cuidado.
"Oh, Mateo, eres un niño muy bueno," dijo su mamá. "Parece que se ha lastimado la pata. Vamos a llevarlo adentro y limpiarle la herida."
Juntos, Mateo y su mamá llevaron al perrito adentro de la casa y lo acomodaron en una toalla suave en el suelo de la cocina. La mamá de Mateo limpió la herida del perrito con agua tibia y le puso un vendaje suave.
"Creo que necesita un veterinario," dijo la mamá de Mateo. "Pero mientras tanto, le daremos comida y agua para que se sienta mejor."
Mateo y su mamá le dieron al perrito un plato de agua fresca y un poco de comida suave. El perrito comió y bebió con entusiasmo, mostrando lo hambriento y sediento que estaba. Después de comer, se acurrucó en la toalla y cerró los ojos.
"Parece que está muy cansado," dijo Mateo. "Deberíamos dejarlo descansar."
Mateo y su mamá dejaron al perrito dormir. Mateo se quedó cerca, vigilándolo y asegurándose de que estuviera cómodo. Se sentía feliz de haber encontrado al perrito y de poder ayudarlo.
Al día siguiente, la mamá de Mateo llevó al perrito al veterinario. El veterinario examinó al perrito y dijo que tenía una torcedura en la pata. Le puso una férula y le recetó algunos medicamentos para el dolor.
"Tendrá que descansar mucho," dijo el veterinario. "Pero con cuidado y paciencia, se recuperará completamente."
Mateo y su mamá cuidaron del perrito durante las siguientes semanas. Le dieron sus medicamentos, lo alimentaron, lo bañaron y lo llevaron a pasear suavemente por el jardín. El perrito, al que Mateo llamó "Estrella" porque tenía una pequeña mancha blanca en forma de estrella en el pecho, se recuperó rápidamente.
Estrella se convirtió en parte de la familia. Jugaba con Mateo en el jardín, lo acompañaba en sus paseos en bicicleta (en una canasta más grande y cómoda, por supuesto) y dormía a los pies de su cama. Mateo aprendió mucho sobre la responsabilidad y el amor al cuidar de Estrella.
Un día, mientras Mateo y Estrella jugaban en el parque, Mateo recordó el día en que encontró a Estrella detrás de los arbustos. Sonrió al pensar en cómo un simple paseo en bicicleta lo había llevado a una nueva aventura y a un nuevo mejor amigo. Y supo que, a partir de ese día, su vida sería mucho más feliz y completa gracias a Estrella, el perrito que encontró detrás del arbusto.
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