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Gratis · elegí una vozTito era un niño muy curioso al que le encantaba visitar a su tío Pablo. El tío Pablo no era un tío normal; era un inventor de cosas… ¡raras! Su casa siempre estaba llena de chismes que hacían ruidos extraños y luces parpadeantes. Pero lo que más le gustaba a Tito era la cama del tío Pablo. No era una cama cualquiera. Era una cama gigante, hecha de muelles brillantes y con un dosel adornado con pompones de colores.
Un día, Tito llegó a casa de su tío y lo encontró trabajando en algo que parecía un gran control remoto. "¡Tío Pablo! ¿Qué estás haciendo?" preguntó Tito, saltando alrededor.
"¡Tito! ¡Qué alegría verte!" respondió el tío Pablo, con una sonrisa. "Estoy perfeccionando el control remoto de mi cama mágica. ¡Ahora puede hacer aún más cosas!"
Tito, con los ojos muy abiertos, corrió hacia la cama. "¿Más cosas? ¿Qué más puede hacer? Ya salta muy alto y hace cosquillas con sus muelles."
El tío Pablo se rascó la cabeza. "Bueno, ahora… ahora puede… ¡viajar!"
Tito se quedó boquiabierto. "¿Viajar? ¿A dónde?"
"A donde quieras, Tito. ¡A donde quieras! Pero aún no la he probado del todo. ¿Te gustaría ser mi primer pasajero?"
Tito, sin pensarlo dos veces, saltó a la cama. "¡Sí! ¡Sí! ¡Llévame a la luna!"
El tío Pablo sonrió y pulsó un botón del control remoto. La cama empezó a vibrar. Luego, con un fuerte ¡BUM!, se elevó en el aire. Tito soltó una carcajada. ¡Estaban volando!
Pero algo salió mal. En lugar de subir al cielo, la cama empezó a girar sin control. Los pompones del dosel se enredaron alrededor de Tito y el control remoto salió volando de la mano del tío Pablo.
"¡Tío Pablo! ¡No puedo parar!" gritó Tito, mientras la cama daba vueltas y vueltas.
El tío Pablo corrió detrás de la cama, intentando alcanzar el control remoto. Pero era inútil. La cama era demasiado rápida. De repente, la cama salió disparada por la ventana, dejando un agujero con forma de cama.
Tito, asustado pero emocionado, se aferró a los muelles. La cama volaba por la ciudad, pasando por encima de edificios y árboles. La gente en la calle los señalaba y gritaba sorprendida. Algunos incluso aplaudían.
"¡Tenemos que parar esta cosa!" gritó Tito. Pero ¿cómo?
Entonces, Tito tuvo una idea. Recordó que la cama siempre se calmaba cuando le hacían cosquillas a uno de sus muelles especiales, un muelle color arcoíris que se escondía debajo del colchón. Con mucho cuidado, Tito se estiró y buscó el muelle arcoíris. Lo encontró y lo apretó.
¡Funcionó! La cama dejó de girar y empezó a descender lentamente. Aterrizaron suavemente en el parque, justo en medio de un grupo de personas que estaban haciendo un picnic. Todos los miraron con asombro.
Un señor con un sombrero les preguntó: "¿De dónde salieron ustedes?"
Tito y el tío Pablo se miraron y se echaron a reír. "De una cama mágica", respondió Tito.
La gente empezó a aplaudir. Les pareció muy divertido. Un niño pequeño le ofreció a Tito un trozo de pastel.
El tío Pablo, recuperado del susto, cogió el control remoto que había caído en un arbusto. "Creo que necesito hacer algunos ajustes a esta cama", dijo.
Después de disculparse con la gente del parque, el tío Pablo y Tito volvieron a casa con la cama mágica. El tío Pablo prometió que la próxima vez, la probarían en un lugar más seguro.
Esa noche, Tito durmió en la cama mágica, pero esta vez, no se movió ni un centímetro. Soñó con viajes a la luna y con el muelle arcoíris que lo había salvado. Y aunque la cama era un poco rara, Tito sabía que era la cama más divertida del mundo. El tío Pablo también aprendió una lección importante: ¡siempre hay que probar los inventos antes de invitar a los sobrinos! Y lo más importante, Tito aprendió que incluso las cosas raras pueden ser maravillosas, siempre y cuando tengas un buen sentido del humor y un muelle arcoíris a mano. La próxima vez, Tito sugirió ir a Marte, pero sólo después de que el tío Pablo revisara los frenos y el sistema de navegación de la cama mágica. Pensó que quizás unas cuerdas de seguridad tampoco estarían de más. Después de todo, era una cama voladora, y nunca se sabe qué podría pasar en el espacio exterior. Quién sabe, ¡tal vez encontrarían alienígenas que también querrían probar la cama mágica! Eso sí que sería raro, pero Tito estaba seguro de que sería una aventura increíble.
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