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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un barrio lleno de colores, dos niños muy traviesos llamados Ana y Juan. ¡Eran famosos por sus travesuras! No le hacían caso a nadie, ni siquiera a sus padres. Si les decían: "¡No griten!", ellos gritaban aún más fuerte. Si les pedían: "¡No corran en la casa!", corrían a toda velocidad, chocando con muebles y riendo a carcajadas. Y, ¡ay!, las peleas… ¡Peleaban todos los días y a cada rato! Por un juguete, por un dulce, ¡hasta por quién se sentaba en el sillón primero! Ya sus padres no podían más. Estaban agotados de repetir las mismas cosas una y otra vez, sin ningún resultado.
Un día, a los padres de Ana y Juan se les ocurrió una idea brillante. ¡Una idea mágica! Decidieron construir una cápsula muy especial. No era una cápsula espacial para viajar a la luna, ¡no! Era una cápsula mágica, llena de diversión y juegos, diseñada para enseñarles una valiosa lección a sus hijos. Con mucho cariño y esfuerzo, construyeron la cápsula en el jardín. La pintaron de colores brillantes, le pusieron luces parpadeantes y la llenaron de juguetes, libros y juegos de mesa. ¡Era un lugar maravilloso!
Luego, invitaron a todos los niños del barrio a probar la cápsula mágica. Los niños, curiosos y emocionados, entraban sin problema a la cápsula. Adentro, se escuchaban sus risas, sus gritos de alegría y el alboroto de los juegos. ¡Se lo estaban pasando de maravilla! Los padres de Ana y Juan observaban desde la ventana, esperando el momento adecuado.
Finalmente, llegó el turno de Ana y Juan. Corrieron hacia la cápsula, ansiosos por unirse a la diversión. Pero, ¡oh, sorpresa! Cuando intentaron entrar, la puerta de la cápsula se cerró de golpe, ¡impidiéndoles el paso! Ana y Juan se quedaron mirando la cápsula, con los ojos llenos de lágrimas. Estaban muy tristes y confundidos.
"¿Por qué no podemos entrar?", preguntaron a sus padres, con la voz temblorosa. Su mamá, con una voz suave pero firme, les respondió: "La cápsula mágica solo deja entrar a niños bien portados, niños que saben escuchar, que son amables y que respetan a los demás. Y ustedes, mis queridos hijos, aún no lo son."
Las palabras de su mamá resonaron en los corazones de Ana y Juan. Se quedaron callados, pensando en todo lo que habían hecho mal. Recordaron las veces que habían gritado, las veces que habían corrido dentro de la casa, las innumerables peleas que habían tenido. Se dieron cuenta de que su mamá tenía razón. No eran niños bien portados.
Se sentaron en el césped, con la cabeza gacha, sintiéndose muy avergonzados. De repente, Juan levantó la vista y miró a Ana. "Tenemos que cambiar", dijo con determinación. Ana asintió con la cabeza. "Tienes razón, Juan. Tenemos que ser mejores niños."
Así, Ana y Juan tomaron una decisión importante. Decidieron cambiar de actitud y ser mejores niños a partir de ese momento. Prometieron escuchar a sus padres, no gritar, no correr dentro de la casa y, sobre todo, dejar de pelear. Querían demostrarle a la cápsula mágica, y a sus padres, que podían ser niños buenos.
Al día siguiente, Ana y Juan se despertaron con una nueva actitud. Ayudaron a su mamá a preparar el desayuno, escucharon atentamente las indicaciones de su papá y jugaron juntos sin pelear. ¡Era un milagro! Sus padres estaban asombrados y muy orgullosos de ellos.
Cuando llegó la hora de ir a jugar a la cápsula mágica, Ana y Juan se acercaron con un poco de miedo. ¿Los dejaría entrar esta vez? Se tomaron de la mano y respiraron hondo. Al acercarse a la cápsula, ¡la puerta se abrió de par en par! Ana y Juan gritaron de alegría y corrieron adentro.
¡La cápsula mágica los recibió con los brazos abiertos! Se unieron a los demás niños, riendo, jugando y divirtiéndose sin parar. Desde ese día, Ana y Juan fueron niños buenos todo el tiempo. Aprendieron la importancia de escuchar, de ser amables y de respetar a los demás. Y, por supuesto, ¡disfrutaron de mucha diversión en la cápsula mágica! Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. La cápsula mágica les enseñó que la buena conducta es la llave para la felicidad y la diversión.
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