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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un huerto soleado lleno de tomates regordetes y zanahorias presumidas, una cebolla llamada Celes. Celes no era una cebolla cualquiera. Ella guardaba un secreto: era la responsable de las lágrimas que brotaban de los ojos de la gente cuando la cortaban. Pero Celes no lo hacía a propósito. ¡Ella detestaba hacer llorar a la gente!
Un día, mientras escuchaba a escondidas una conversación entre una zanahoria y un pepino, se enteró de que todos los vegetales del huerto pensaban que ella era malvada. "¡Miren a Celes!", dijo la zanahoria con un tono burlón. "Siempre haciendo llorar a la gente. ¡Qué cruel!". El pepino asintió con la cabeza. "Es verdad. No entiendo por qué sigue viviendo aquí. ¡Deberíamos echarla!".
Celes sintió que su corazón vegetal se partía en dos. ¿De verdad pensaban eso de ella? Con lágrimas (¡irónicamente!) rodando por sus capas exteriores, Celes decidió que tenía que hacer algo. No podía seguir viviendo sabiendo que era considerada una villana.
Así que, una noche, cuando la luna brillaba con fuerza sobre el huerto, Celes se escapó. Rodó y rodó hasta llegar al borde del bosque. Tenía miedo, pero estaba decidida a encontrar una manera de dejar de hacer llorar a la gente.
En el bosque, Celes se encontró con una sabia lechuza llamada Olivia. Olivia era conocida por su conocimiento de las plantas y sus propiedades. "¿Qué te trae por aquí, pequeña cebolla?", preguntó Olivia con su voz suave y profunda.
Celes, con la voz temblorosa, le contó su historia a Olivia. Le explicó cómo se sentía al ser considerada malvada y cómo deseaba encontrar una manera de evitar que la gente llorara al cortarla. Olivia escuchó atentamente, con sus grandes ojos amarillos parpadeando lentamente.
Después de que Celes terminara su relato, Olivia dijo: "Entiendo tu dolor, Celes. El secreto de las lágrimas está en un pequeño compuesto químico que se libera cuando te cortan. Es una reacción natural, no es algo que hagas a propósito".
"Pero… ¿hay algo que pueda hacer?", preguntó Celes con esperanza.
Olivia pensó por un momento. "He oído hablar de una flor mágica que crece en la cima de la Montaña Nebulosa. Se dice que tiene propiedades calmantes. Si pudieras encontrar esa flor y absorber su esencia, tal vez podrías reducir la cantidad de compuesto químico que produces".
Celes se llenó de esperanza. "¡Iré a la Montaña Nebulosa!", exclamó. "¡Encontraré esa flor y dejaré de hacer llorar a la gente!".
Olivia le dio a Celes un mapa y le deseó buena suerte. El viaje a la Montaña Nebulosa fue largo y difícil. Celes tuvo que sortear ríos caudalosos, escalar montañas empinadas y evitar a los conejos hambrientos. Pero no se rindió. Estaba decidida a cambiar su destino.
Finalmente, después de muchos días de viaje, Celes llegó a la cima de la Montaña Nebulosa. Allí, en medio de la niebla, encontró la flor mágica. Era una flor pequeña y delicada, con pétalos de un color azul brillante.
Celes se acercó a la flor y respiró profundamente su aroma. Sintió una energía calmante que la recorría por dentro. Absorbió la esencia de la flor con todas sus fuerzas. Después de un rato, se sintió diferente. Se sentía más ligera, más tranquila y más segura de sí misma.
Con la esencia de la flor mágica en su interior, Celes regresó al huerto. Al llegar, se encontró con la zanahoria y el pepino. Ambos la miraron con sorpresa.
"¿Qué haces aquí?", preguntó la zanahoria con desconfianza.
"He venido a demostrarles que no soy malvada", respondió Celes con valentía. "He encontrado una manera de reducir la cantidad de compuesto químico que produce las lágrimas".
La zanahoria y el pepino no le creyeron. "¡Eso es imposible!", dijo el pepino.
"Pruébenme", dijo Celes. "Córteme y verán".
Con cierta vacilación, la zanahoria tomó un cuchillo y cortó a Celes por la mitad. Para sorpresa de todos, ¡nadie lloró! Unas pocas lágrimas tímidas aparecieron, pero nada comparado con el llanto torrencial que Celes solía provocar.
La zanahoria y el pepino se quedaron boquiabiertos. ¡Celes lo había logrado! Había encontrado una manera de evitar que la gente llorara al cortarla.
Desde ese día, Celes se convirtió en una heroína en el huerto. Todos la admiraban por su valentía y su determinación. Y aunque todavía producía algunas lágrimas, la gente ya no la temía. Sabían que Celes, la cebolla llorona, solo quería ser amada y aceptada. Y al final, lo logró. Aprendió que incluso las cebollas, con todo y sus lágrimas, pueden encontrar la manera de hacer del mundo un lugar mejor, un picadito a la vez.
Celes continuó viviendo en el huerto, enseñando a otras cebollas jóvenes sobre la flor mágica y el secreto de las lágrimas. Y cada vez que alguien la cortaba, aunque unas pocas lágrimas aparecieran, recordaban la historia de Celes, la cebolla que convirtió las lágrimas de tristeza en lágrimas de… ¡buen sabor!
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