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Gratis · elegí una vozLili, con sus coletas saltarinas, y Leo, con su gorra de explorador, estaban listos. ¡Hoy era el día! Iban a la Feria de las Maravillas. Sus ojos brillaban más que las luces de colores que ya podían ver a lo lejos.
"¡Mira, Leo! ¡Un globo gigante!", exclamó Lili, tirando de la mano de su hermano. Leo, siempre un poco más cauteloso, seguía a Lili con una sonrisa tímida.
La feria era un mundo de olores deliciosos: palomitas de maíz dulces, algodón de azúcar rosa y churros recién hechos. ¡Qué tentación! Su papá les había dado a cada uno un puñado de monedas para gastar. La primera parada, por supuesto, fue el puesto de palomitas.
"¡Quiero uno grande, por favor!", dijo Lili, señalando el bote más grande. Leo, en cambio, eligió uno pequeño, porque sabía que Lili siempre compartía con él. Y así fue. Después de unas cuantas palomitas, Lili le ofreció su bote a Leo. "¡Toma, Leo! ¡Están muy ricas!"
Con sus manos pegajosas, se adentraron más en la feria. Vieron un carrusel que giraba con caballos de colores, una caseta de tiro al blanco con patitos de goma y un puesto donde pintaban caras. ¡Todo era tan emocionante!
"¡Vamos al carrusel!", propuso Lili, y Leo asintió con entusiasmo. Subieron a dos caballos, uno rojo brillante y otro azul cielo. La música empezó a sonar y el carrusel comenzó a girar lentamente al principio, y luego cada vez más rápido. Lili gritaba de alegría mientras Leo reía con nerviosismo, agarrándose fuerte a las riendas de su caballo.
Después del carrusel, vieron un payaso que hacía pompas de jabón gigantes. Las pompas eran tan grandes que podían ver sus propios reflejos dentro. Intentaron atraparlas, pero explotaban al tocarlas, dejando un rastro de agua jabonosa en sus manos.
"¡Mira, Leo! ¡Un puesto de juegos!", gritó Lili, señalando un puesto donde se podían lanzar aros a unos botellas. Leo, aunque no era muy bueno en los juegos, aceptó probar. Lili lanzó tres aros, pero ninguno acertó en las botellas. Leo, con más paciencia, apuntó cuidadosamente y ¡bingo! Uno de sus aros cayó justo sobre una botella.
"¡Ganaste, Leo! ¡Ganaste!", exclamó Lili, saltando de alegría. El encargado del puesto le dio a Leo un pequeño peluche de un oso panda. Leo, orgulloso de su premio, se lo entregó a Lili. "Es para ti, Lili. Tú querías ganar."
Lili abrazó a Leo con fuerza. "¡Gracias, Leo! ¡Eres el mejor hermano del mundo!"
Siguieron caminando hasta que llegaron a un puesto de algodón de azúcar. Lili quería uno rosa, y Leo uno azul. Con sus algodones de azúcar en las manos, se sentaron en un banco para descansar. El algodón de azúcar era tan dulce que les hacía cosquillas en la nariz.
De repente, Leo se dio cuenta de que había perdido su gorra de explorador. Estaba muy triste. "¡Mi gorra, Lili! ¡La he perdido!", dijo con lágrimas en los ojos.
Lili, siempre ingeniosa, le dijo: "No te preocupes, Leo. ¡La encontraremos! Vamos a buscarla juntos."
Empezaron a buscar la gorra por todos lados. Preguntaron al payaso de las pompas, al encargado del carrusel y a la señora del algodón de azúcar. Pero nadie había visto la gorra de Leo.
Justo cuando estaban a punto de darse por vencidos, vieron a un niño pequeño jugando con algo en el suelo. ¡Era la gorra de Leo!
"¡Esa es mi gorra!", exclamó Leo, corriendo hacia el niño. El niño, al ver a Leo, le devolvió la gorra con una sonrisa.
Leo, aliviado, se puso la gorra de nuevo. "¡Gracias! ¡Muchas gracias!", le dijo al niño.
Con la gorra de Leo a salvo, y con el sol empezando a ponerse, decidieron que era hora de volver a casa. Estaban cansados, pero muy felices. La Feria de las Maravillas había sido una aventura inolvidable.
De camino a casa, Lili le preguntó a Leo: "¿Qué fue lo que más te gustó de la feria, Leo?"
Leo pensó por un momento y respondió: "Me gustó estar contigo, Lili. Y también me gustó ganar el oso panda para ti."
Lili sonrió. "A mí también me gustó estar contigo, Leo. ¡Y me encantó tu gorra de explorador!"
Al llegar a casa, abrazaron a su papá y le contaron todas sus aventuras en la Feria de las Maravillas. Sabían que siempre recordarían ese día lleno de risas, colores y momentos especiales juntos.
Esa noche, Lili y Leo soñaron con la Feria de las Maravillas, con los caballos de colores, las pompas de jabón gigantes y, sobre todo, con la alegría de estar juntos.
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