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Había una vez en la calurosa ciudad de Chiclayo, un niño de corazón aventurero llamado Mateo. Mateo siempre estaba acompañado por su fiel amigo Chocolate, un perrito de color marrón oscuro, brillante como el dulce que le daba su nombre. Aquella mañana, el sol brillaba con una intensidad especial porque era el día del gran viaje: irían a visitar a la abuela Elena en Tambogrande.
Mateo preparó su mochila con agua, unas galletas y el juguete favorito de Chocolate. —¡Es hora de irnos, Chocolate! —exclamó el niño, y el perrito respondió con un ladrido lleno de entusiasmo. El viaje no sería corto, pero Mateo sabía que cada kilómetro valdría la pena por los abrazos de su abuela y sus famosos mangos dulces.
La primera parte del viaje comenzó en un auto de color plata. Mientras salían de Chiclayo, Mateo pegaba su nariz a la ventana observando cómo los edificios de la ciudad se transformaban en extensos campos verdes y luego en el desierto dorado del norte. El conductor, un señor muy amable llamado Don Ricardo, les contaba historias sobre los algarrobos que crecían al borde del camino. —Para llegar a Tambogrande, primero debemos llegar a Piura —explicó Don Ricardo con una sonrisa. Chocolate, cómodamente sentado a los pies de Mateo, dormitaba mientras el suave ronroneo del motor lo arrullaba.

Al llegar a la bulliciosa ciudad de Piura, el calor era aún más fuerte. Don Ricardo los dejó en un terminal lleno de gente y colores. Mateo se sintió un poco confundido ante tanto movimiento, pero Chocolate se mantuvo firme a su lado. Fue entonces cuando conocieron a la señora Rosa, una vendedora de chifles que vestía una falda muy colorida. —¡Hola, pequeño! ¿A dónde te diriges con ese perrito tan guapo? —preguntó ella. Mateo le explicó su destino. Rosa, con mucha ternura, los llevó de la mano hasta la zona de las combis. —Sube a esta, hijo. Te dejará justo en la entrada de Tambogrande. ¡Y no olvides cuidar mucho a Chocolate!
La combi era un vehículo blanco y pequeño, lleno de personas que cargaban sacos de limones y risas. Mateo y Chocolate se acomodaron en un rincón. Durante el trayecto, una niña que viajaba al lado de ellos compartió un poco de su agua con Chocolate, quien agradeció moviendo la cola frenéticamente. El camino era saltarín, lleno de curvas y baches, pero a Mateo le encantaba sentir la brisa caliente en su rostro. A través de la ventana, el paisaje cambió de nuevo: ahora miles de árboles de mango rodeaban la carretera, anunciando que estaban cerca.
Finalmente, la combi se detuvo en una plaza llena de vida. ¡Ya estaban en Tambogrande! Pero la casa de la abuela Elena quedaba un poco más lejos, en una zona de huertos. —¿Cómo llegaremos ahora? —se preguntó Mateo en voz alta. Casi de inmediato, un sonido rítmico y alegre se acercó: era una mototaxi de color amarillo brillante, decorada con flecos de colores. El conductor, un joven llamado Lucho, se detuvo frente a ellos. —¡Suban, aventureros! Yo conozco bien el camino a la huerta de la señora Elena —dijo Lucho con confianza.

El viaje en mototaxi fue la parte favorita de Mateo. El vehículo zigzagueaba por senderos de tierra, esquivando algunas gallinas que cruzaban el camino. Chocolate sacaba la cabeza por el costado, dejando que sus orejas volaran con el viento. El aire olía a tierra mojada y a fruta fresca. Lucho les contaba que Tambogrande era la tierra del oro verde, refiriéndose a los deliciosos mangos que crecían por todas partes.
Al final de un camino flanqueado por inmensos árboles de mango, vieron una pequeña casita blanca con techo de tejas rojas. En el porche, una mujer de cabello canoso y delantal floreado agitaba los brazos con alegría. —¡Abuela! —gritó Mateo bajando de la mototaxi. Chocolate corrió delante de él, ladrando de felicidad. La abuela Elena los recibió con un abrazo gigante que olía a canela y amor.
Esa tarde, mientras comían mangos dulces bajo la sombra de un árbol, Mateo le contó a su abuela sobre todas las personas que los habían ayudado: Don Ricardo, la señora Rosa y el joven Lucho. Comprendió que, aunque el viaje fue largo y utilizó muchos transportes, la amabilidad de la gente hizo que el camino fuera seguro y divertido. Mateo y Chocolate se quedaron dormidos esa noche en una hamaca, soñando con su próxima gran aventura por los caminos del Perú.
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Preguntas de comprensión
¿A qué ciudad se dirigían Mateo y Chocolate para visitar a la abuela Elena?
¿Cuáles fueron los tres medios de transporte que utilizaron los protagonistas para llegar a su destino final?
¿Por qué crees que Mateo se sintió confundido al llegar al terminal de Piura y qué factor lo ayudó a sentirse más seguro?
¿Qué pistas en el paisaje le indicaron a Mateo que ya estaban muy cerca de Tambogrande antes de que la combi se detuviera?
¿Qué opinas sobre la actitud de los adultos que Mateo conoció en el camino? ¿Crees que el viaje hubiera sido igual de fácil sin su ayuda?
¿Consideras que Mateo fue un dueño responsable con su perro Chocolate durante la travesía? Justifica tu respuesta con ejemplos del texto.
Si Chocolate pudiera hablar, ¿qué crees que le diría a Mateo al momento de subir a la mototaxi amarilla de Lucho?
Imagina que Mateo decide escribirle una carta a su mamá contándole su aventura. ¿Qué momento del viaje describiría como el más emocionante?
En la frase 'el suave ronroneo del motor lo arrullaba', ¿qué significa la palabra 'arrullaba' considerando que Chocolate se quedó dormido?
El conductor Lucho menciona que Tambogrande es la tierra del 'oro verde'. Según el contexto de la historia, ¿a qué fruta se refiere con esta expresión?
La Gran Aventura de Mateo y Chocolate
1. ¿Quién es Chocolate?
Chocolate es el fiel perrito de Mateo, de color marrón brillante.
2. ¿A quién van a visitar Mateo y su perrito?
El gran viaje es para visitar a la abuela Elena en Tambogrande.
3. ¿De qué color es la mototaxi de Lucho?
La mototaxi que los lleva a la huerta es de color amarillo brillante.
4. ¿Qué fruta rica crece en Tambogrande?
Tambogrande es famoso por sus deliciosos mangos, que la abuela Elena comparte.
5. ¿Cómo se sintió Mateo al final del viaje?
Mateo estaba muy feliz por los abrazos de su abuela y por su gran aventura.
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