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Había una vez un niño llamado José, cuya posesión más preciada era su bicicleta de color rojo reluciente. José no solía viajar solo; siempre lo acompañaba Gemini, un pequeño robot de color azul brillante con ojos que cambiaban de color según sus emociones. Gemini era muy inteligente, pero como venía de un planeta lejano, todavía estaba aprendiendo las palabras que los humanos usaban para describir sus acciones cotidianas.
Una mañana de sábado, cuando el sol apenas comenzaba a calentar las calles, José se puso su casco y ajustó los tornillos de su bici. —¡Hoy será un gran día para explorar, Gemini! —exclamó con entusiasmo. Gemini emitió un pitido alegre y subió a su propia bicicleta miniatura, diseñada especialmente para robots. Juntos, salieron de casa y comenzaron a pedalear por el sendero que llevaba hacia el gran parque de la ciudad.
Después de unos minutos de pedaleo constante, llegaron a la cima de una pequeña colina desde donde se podía ver todo el valle. El viento soplaba suavemente y las flores silvestres bailaban al ritmo de la brisa. José detuvo su bicicleta y respiró hondo. Gemini lo miró con curiosidad.
—Gemini, mira a nuestro alrededor —dijo José—. En este momento, nosotros **estar** en el lugar más bonito del mundo. Bueno, en realidad se dice: 'Nosotros **estamos** aquí'. El verbo es **estar**. Lo usamos para decir dónde nos encontramos o cómo nos sentimos.
Gemini procesó la información y sus ojos se volvieron verdes. —Entendido, José. Nosotros **estamos** felices y **estamos** en la colina —repitió el robot con su voz metálica pero dulce. José asintió con orgullo; su amigo aprendía rápido.

Siguieron su camino, descendiendo la colina con cuidado. El ejercicio les había abierto el apetito. José sabía que había un lugar perfecto para descansar: un enorme roble que daba una sombra fresca y acogedora. Al llegar, José extendió una manta de cuadros sobre la hierba y sacó de su mochila dos manzanas rojas y unos sándwiches de queso.
—Ahora, Gemini, vamos a realizar una de mis actividades favoritas —dijo José mientras le daba un mordisco a su sándwich—. Vamos a **comer**. **Comer** es la acción de ingerir alimentos para tener energía y seguir pedaleando.
Gemini, aunque no necesitaba comida humana, tenía un compartimento especial que simulaba el proceso para integrarse mejor. Tomó la manzana y, con un pequeño mecanismo, la procesó mientras decía: —Yo veo que tú disfrutas **comer**. Si no podemos **comer**, no tendremos fuerza para la bicicleta. ¡Es un verbo delicioso!
Tras el banquete y un breve descanso, el calor del mediodía comenzó a sentirse con más fuerza. José sugirió ir hacia el Lago de Cristal, que se encontraba al final del sendero boscoso. Al llegar, el agua se veía tan transparente que se podían ver las piedras de colores en el fondo. José no lo pensó dos veces; se quitó los zapatos, se puso su bañador y se acercó a la orilla.
—¡Mira esto, Gemini! —gritó José antes de lanzarse al agua con un gran chapuzón. Al salir a la superficie, comenzó a mover sus brazos y piernas rítmicamente—. ¡Esto es **nadar**! **Nadar** es moverse a través del agua usando el cuerpo. ¡Es refrescante!

Gemini se quedó en la orilla, analizando los movimientos de José. —¡Oh! **Nadar** parece como volar, pero dentro del agua —comentó el robot mientras grababa la escena. José invitó a Gemini a meter sus pies metálicos resistentes al agua, y ambos pasaron la tarde disfrutando del frescor del lago.
Cuando el sol empezó a teñir el cielo de tonos anaranjados y violetas, supieron que era hora de volver. Emprendieron el regreso a casa, pedaleando con calma y repasando lo aprendido.
—Hoy fue un día increíble —dijo José mientras guardaba su bici en el garaje—. Aprendimos tres cosas importantes.
Gemini asintió con entusiasmo: —Sí, José. Aprendí que es bueno **estar** con amigos, que es vital **comer** para estar sanos y que es muy divertido **nadar** en un día caluroso.
José sonrió y le dio una palmadita al robot. Aquella noche, mientras descansaban, ambos soñaron con las nuevas palabras y aventuras que el mañana les traería, sabiendo que no hay mejor manera de aprender que viviendo cada momento al máximo.
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