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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un prado verde y lleno de flores silvestres, una hormiguita llamada Lila. Lila era muy curiosa y le encantaba explorar. Un día, mientras recolectaba migas de galleta que un niño había dejado caer, se aventuró demasiado lejos del hormiguero. Siguió una línea de migas deliciosas que la llevaron a través de un bosque de tallos de hierba altos como árboles. Estaba tan concentrada en su festín que no se dio cuenta de lo lejos que se había alejado.
Cuando finalmente terminó de comer, Lila levantó la cabeza y miró a su alrededor. ¡Oh, no! Ya no reconocía nada. Los tallos de hierba parecían todos iguales, y el sol ya no estaba donde lo recordaba. Se había perdido.
"¡Ay, ay, ay! ¿Cómo voy a volver a casa?", exclamó Lila, con la voz temblorosa. Estaba sola, y el prado, que antes le parecía tan divertido, ahora le daba miedo.
Empezó a caminar en una dirección al azar, esperando encontrar algún punto de referencia familiar. Pero cuanto más caminaba, más confundida se sentía. El sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, y el prado se llenaba de sombras largas y misteriosas.
De repente, Lila vio algo brillante y amarillo a lo lejos. Era un girasol gigante, mucho más alto que cualquier otra flor que hubiera visto antes. "¡Quizás él pueda ayudarme!", pensó Lila, y corrió hacia el girasol con todas sus fuerzas.
Cuando llegó al girasol, jadeando por el esfuerzo, levantó la vista hacia su enorme cara amarilla. "¡Hola, señor Girasol!", gritó Lila. "Me he perdido y no sé cómo volver a casa. ¿Podría ayudarme, por favor?"
El girasol, que se llamaba Sol, bajó suavemente su cabeza hacia Lila. "Hola, pequeña hormiga", dijo Sol con una voz cálida y resonante. "Claro que te ayudaré. ¿Dónde está tu hormiguero?"
Lila explicó que su hormiguero estaba cerca de un gran árbol de manzanas y que siempre había un pequeño riachuelo cerca. Sol escuchó atentamente y luego sonrió. "Ah, ya sé dónde está tu hormiguero. Está al oeste de aquí, cerca del bosque de setas. Puedo guiarte."
Sol le explicó a Lila que durante el día siempre mira hacia el sol, y que sabe dónde está cada punto cardinal. Le dijo que siguiera su tallo, que apuntaría siempre hacia el oeste. Lila estaba muy agradecida.
"¡Muchas gracias, señor Sol!", exclamó Lila. "¡Es usted muy amable!"
Lila comenzó a caminar siguiendo el tallo del girasol. Era un camino largo, pero Sol la animaba constantemente, contándole historias divertidas sobre los pájaros y las mariposas que visitaban su flor. Mientras caminaban, Lila se dio cuenta de que el miedo que sentía antes había desaparecido, reemplazado por una sensación de aventura y amistad.
Finalmente, después de caminar un buen rato, Lila vio algo familiar a lo lejos. ¡Era el árbol de manzanas! Y allí, cerca del árbol, estaba el pequeño riachuelo. "¡Lo veo, lo veo! ¡Es mi casa!", gritó Lila, llena de alegría.
Corrió hacia el hormiguero, dejando atrás al girasol. Cuando llegó a la entrada, sus hermanas y hermanos la recibieron con abrazos y besos. Estaban muy preocupados por ella, pero ahora estaban felices de tenerla de vuelta en casa.
Lila les contó a todos sobre su aventura y sobre el amable girasol que la había ayudado a encontrar el camino de regreso. Las otras hormigas estaban muy impresionadas por la valentía de Lila y por la generosidad del girasol.
Al día siguiente, Lila volvió a visitar a Sol. Le llevó una pequeña miga de galleta como agradecimiento. "Gracias de nuevo, señor Sol", dijo Lila. "Nunca olvidaré su amabilidad."
Sol sonrió y le dijo a Lila que siempre estaría ahí para ayudarla si alguna vez se volvía a perder. Le enseñó a observar el sol y las estrellas para orientarse, y le contó secretos del prado que solo él conocía.
Desde ese día, Lila y Sol se hicieron muy buenos amigos. Lila aprendió mucho del girasol, y Sol disfrutaba de la compañía de la pequeña hormiga. Y así, Lila la hormiguita, nunca más se perdió en el prado, y siempre recordó la importancia de la amistad y la valentía.
Lila siempre recordaba que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay alguien dispuesto a ayudar, como el amable girasol Sol. Y aprendió que, a veces, perderse puede llevar a encontrar nuevos amigos y vivir grandes aventuras.
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