Cuento corto para niños

La Lámpara Voladora y el Valle de la Luna

Una luciérnaga bondadosa ayuda a una golondrina herida y la guía al Valle de la Luna. En su camino de regreso, un murciélago malvado la captura y la obliga a iluminar sus fechorías, pero la luciérnaga usa su astucia y la ayuda de las golondrinas para escapar y recuperar su libertad.

A partir de: LA LÁMPARA VOLADORA La luciérnaga volaba sobre un rosal florido, cuando distinguió a una golondrina clavada en las espinas. In­mediatamente bajó sobre ella y le dijo: -¿Qué puedo hacer por ti, hermana? -Alúmbrame, por favor, para que desprenda mis alas de las espinas. -Te alumbraré aunque sea toda la noche. Y allí se quedó derramando su luz a raudales. La golondrina pronto desclavó sus alas y trató de volar al cielo abierto. La luciérnaga siguió tras ella, ardiendo como una chispa. -Te agradezco con toda el alma y no olvidaré este favor en mi vida -dijo entonces la golondrina. -No tienes por qué hacerlo. Dime dónde quieres viajar y yo alumbraré tu camino, hasta que brille el sol y ya no precises de mi humilde fulgor. -Mis hermanas han volado hacia el Norte y acam­paron en el Valle de la Luna. -Vamos entonces, sin pérdida de tiempo -dijo la luciérnaga y se posó en la cabeza de la golondrina, como un lunar de oro. Volaron así y al amanecer llegaron a un hermoso valle cuajado de aromas. -Aquí están mis hermanas -dijo la golondrina ale­gremente. Las demás batieron las alas, en señal de bienvenida. -Vengan todas, que quiero presentarles a mi salva­dora -dijo la recién llegada. Inmediatamente se reunió el congreso de golondri­nas en el mismo árbol, el cual se tiñó de negro y blanco. Allí nuestra amiga dio cuenta de cómo había sido salva­da por la luciérnaga. Entonces todas agacharon la cabe­za en acción de gracias. Pero la pequeña dijo que había cumplido simplemente su deber y se vino de vuelta. Cuando ya llegaba a su pueblo natal, la vio un mur­ciélago y la atajó en pleno vuelo. -¿De dónde vienes tan cansada? -le preguntó. He volado toda la noche, acompañando a una go­londrina extraviada que quería alcanzar a sus herma­nas. -¿Prestas tu luz a quienes no ven en las noches? -Así es. -¡Pero qué buena idea! Yo estoy perdiendo la vista de puro viejo. Y en adelante me servirás para encontrar a las víctimas que me dan su sangre. -No daré mi luz para tal cosa. -Pues lo harás por la fuerza -dijo el murciélago y la atrapó con los dientes. Desde entonces el vampiro volaba todas las noches echando llamaradas por la boca como un verdadero demonio. Y la luciérnaga se veía obligada a iluminar su cadena de delitos. Ella misma estaba manchada de sangre y se sentía culpable. Una noche pensó en usar de la astucia para librarse de él y le dijo: -Yo sé de un lugar donde todos los animales tienen la sangre dulce como la miel. -¡Sangre tan dulce como la miel!... Dime dónde queda ese lugar porque ya estoy cansado de la mala sangre que aquí chupo de los cerdos y caballos. -Te llevaré, pero deja de aprisionarme en tu boca, que ya me asfixias, y permite que me pose en tu frente, como lo hice con la golondrina. El vampiro accedió y de inmediato iniciaron el via­je. Volaron toda la noche y, cuando comenzaba a clarear, descendieron al Valle de la Luna. -¡Qué bello lugar! -comentó el vampiro-. Se me hace agua la boca, pensando en la sangre que voy a chupar... -Lo harás a la noche. Ahora acércate a ese árbol grande, donde duermen las golondrinas. -¿Para qué? -Tengo que darles un encargo. El murciélago se acercó sin la menor sospecha. Y la luciérnaga entonces gritó: -¡Socorro! ¡Sálvenme de este bandido que me tiene cautiva!... -¡Cállate o te trago entera! -dijo el murciélago y otra vez la atrapó con los dientes. Pero las golondrinas habían reconocido a su bien­hechora y se lanzaron furiosas sobre el vampiro. -¡Ha sonado tu hora, diablo volador!... Y a picotazos le hicieron abrir la boca. De allí salió la luciérnaga, como un lucero que salta del cuerpo de la noche. -Yo soy ahora quien debo agradecerles -dijo la pobrecilla, derramando lágrimas de luz. -No tienes por qué. Sólo hemos pagado nuestra deuda -contestaron las golondrinas. El murciélago voló a ocultarse en una cueva. Y la luciérnaga, libre, cruzó el cielo como si fuera la estrellita más pequeña del amanecer.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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La luciérnaga volaba sobre un rosal florido, cuando distinguió a una golondrina clavada en las espinas. Inmediatamente bajó sobre ella y le dijo:

-¿Qué puedo hacer por ti, hermana?

-Alúmbrame, por favor, para que desprenda mis alas de las espinas.

-Te alumbraré aunque sea toda la noche.

Y allí se quedó derramando su luz a raudales.

La golondrina pronto desclavó sus alas y trató de volar al cielo abierto. La luciérnaga siguió tras ella, ardiendo como una chispa.

-Te agradezco con toda el alma y no olvidaré este favor en mi vida -dijo entonces la golondrina.

-No tienes por qué hacerlo. Dime dónde quieres viajar y yo alumbraré tu camino, hasta que brille el sol y ya no precises de mi humilde fulgor.

-Mis hermanas han volado hacia el Norte y acamparon en el Valle de la Luna.

-Vamos entonces, sin pérdida de tiempo -dijo la luciérnaga y se posó en la cabeza de la golondrina, como un lunar de oro.

Volaron así y al amanecer llegaron a un hermoso valle cuajado de aromas.

-Aquí están mis hermanas -dijo la golondrina alegremente.

Las demás batieron las alas, en señal de bienvenida.

-Vengan todas, que quiero presentarles a mi salvadora -dijo la recién llegada.

Inmediatamente se reunió el congreso de golondrinas en el mismo árbol, el cual se tiñó de negro y blanco. Allí nuestra amiga dio cuenta de cómo había sido salvada por la luciérnaga. Entonces todas agacharon la cabeza en acción de gracias. Pero la pequeña dijo que había cumplido simplemente su deber y se vino de vuelta.

Cuando ya llegaba a su pueblo natal, la vio un murciélago y la atajó en pleno vuelo.

-¿De dónde vienes tan cansada? -le preguntó.

-He volado toda la noche, acompañando a una golondrina extraviada que quería alcanzar a sus hermanas.

-¿Prestas tu luz a quienes no ven en las noches?

-Así es.

-¡Pero qué buena idea! Yo estoy perdiendo la vista de puro viejo. Y en adelante me servirás para encontrar a las víctimas que me dan su sangre.

-No daré mi luz para tal cosa.

-Pues lo harás por la fuerza -dijo el murciélago y la atrapó con los dientes.

Desde entonces el vampiro volaba todas las noches echando llamaradas por la boca como un verdadero demonio. Y la luciérnaga se veía obligada a iluminar su cadena de delitos. Ella misma estaba manchada de sangre y se sentía culpable.

Una noche pensó en usar de la astucia para librarse de él y le dijo:

-Yo sé de un lugar donde todos los animales tienen la sangre dulce como la miel.

-¡Sangre tan dulce como la miel!... Dime dónde queda ese lugar porque ya estoy cansado de la mala sangre que aquí chupo de los cerdos y caballos.

-Te llevaré, pero deja de aprisionarme en tu boca, que ya me asfixias, y permite que me pose en tu frente, como lo hice con la golondrina.

El vampiro accedió y de inmediato iniciaron el viaje. Volaron toda la noche y, cuando comenzaba a clarear, descendieron al Valle de la Luna.

-¡Qué bello lugar! -comentó el vampiro-. Se me hace agua la boca, pensando en la sangre que voy a chupar...

-Lo harás a la noche. Ahora acércate a ese árbol grande, donde duermen las golondrinas.

-¿Para qué?

-Tengo que darles un encargo.

El murciélago se acercó sin la menor sospecha. Y la luciérnaga entonces gritó:

-¡Socorro! ¡Sálvenme de este bandido que me tiene cautiva!...

-¡Cállate o te trago entera! -dijo el murciélago y otra vez la atrapó con los dientes.

Pero las golondrinas habían reconocido a su bienhechora y se lanzaron furiosas sobre el vampiro.

-¡Ha sonado tu hora, diablo volador!...

Y a picotazos le hicieron abrir la boca. De allí salió la luciérnaga, como un lucero que salta del cuerpo de la noche.

-Yo soy ahora quien debo agradecerles -dijo la pobrecilla, derramando lágrimas de luz.

-No tienes por qué. Sólo hemos pagado nuestra deuda -contestaron las golondrinas.

El murciélago voló a ocultarse en una cueva. Y la luciérnaga, libre, cruzó el cielo como si fuera la estrellita más pequeña del amanecer.

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Publicado el 14/04/2026

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