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Gratis · elegí una vozEn un jardín lleno de flores danzantes bajo el sol, vivía una mariposa llamada Melodía. Melodía era una mariposa pequeña, con alas de colores vibrantes como el arcoíris después de una lluvia de verano. Pero hoy, Melodía no estaba feliz. ¡Tenía mucha hambre! Su barriguita rugía como un pequeño león.
"¡Oh, cielos!", exclamó Melodía, revoloteando de una flor a otra. "No encuentro ni una gota de néctar. ¿Dónde se habrá metido todo?"
Normalmente, el jardín rebosaba de néctar dulce y delicioso, suficiente para alimentar a todas las mariposas, abejas y colibríes. Pero hoy, las flores parecían secas y vacías. Melodía estaba desesperada. Si no encontraba comida pronto, ¡no tendría energía para volar!
Decidió pedir ayuda. Voló hasta una abeja anciana llamada Berta, que siempre tenía respuestas para todo. Berta estaba sentada sobre un girasol gigante, peinando sus antenas con una patita.
"¡Berta, Berta!", llamó Melodía, agitada. "¡No encuentro nada de néctar en el jardín! ¿Sabes qué ha pasado?"
Berta suspiró profundamente. "Oh, Melodía", dijo con voz cansada. "El viento travieso ha soplado muy fuerte esta noche y se ha llevado todo el néctar a un lugar lejano. Dicen que lo ha escondido en el Valle de las Rosas Azules."
El Valle de las Rosas Azules! Melodía había oído hablar de ese lugar, pero nunca se había atrevido a ir. Era un valle muy lejano, lleno de peligros y criaturas extrañas. Pero, ¿qué otra opción tenía? Si quería comer, tendría que ser valiente y emprender la aventura.
"¡Gracias, Berta!", dijo Melodía con determinación. "¡Voy a ir al Valle de las Rosas Azules a buscar el néctar!"
Berta sonrió. "¡Ten cuidado, pequeña! Y no te olvides de llevar un poco para mí."
Melodía se despidió de Berta y emprendió su viaje. Voló y voló durante mucho tiempo, pasando por bosques oscuros, ríos caudalosos y montañas altísimas. En el camino, se encontró con muchos animales diferentes. Primero, se topó con un gusano llamado Guillermo, que estaba arrastrándose por una hoja.
"¡Hola, Guillermo!", saludó Melodía. "¿Sabes cómo llegar al Valle de las Rosas Azules?"
Guillermo levantó la cabeza y la miró con sus pequeños ojos. "El Valle de las Rosas Azules está muy lejos", dijo con voz lenta. "Pero si sigues el río hasta el final, llegarás a una cascada. Detrás de la cascada hay un túnel que te lleva directamente al valle."
"¡Muchas gracias, Guillermo!", exclamó Melodía, agradecida. Siguió las instrucciones de Guillermo y pronto llegó a la cascada. Era enorme y ruidosa, pero Melodía no tuvo miedo. Voló detrás de la cascada y encontró el túnel secreto.
El túnel era oscuro y húmedo, pero Melodía siguió adelante con valentía. Después de un rato, vio una luz brillante al final del túnel. Salió del túnel y se quedó maravillada. ¡Estaba en el Valle de las Rosas Azules!
El valle era aún más hermoso de lo que había imaginado. Estaba lleno de rosas azules brillantes, que brillaban como estrellas en la noche. Y lo más importante, ¡estaban llenas de néctar dulce y delicioso!
Melodía bebió néctar hasta que su barriguita estuvo llena. Estaba tan feliz que empezó a bailar y cantar. Mientras bailaba, vio a otra mariposa, una mariposa anciana con alas desgastadas. La mariposa anciana estaba sentada sobre una rosa azul, mirando el valle con tristeza.
"¡Hola!", saludó Melodía. "¿Por qué estás tan triste? Este lugar es maravilloso."
La mariposa anciana suspiró. "Sí, es hermoso", dijo. "Pero pronto el invierno llegará y las rosas azules morirán. Y cuando mueran, el néctar desaparecerá y todas las mariposas del valle tendrán hambre."
Melodía se dio cuenta de que la mariposa anciana tenía razón. El néctar no duraría para siempre. Tenía que encontrar una manera de ayudar. Pensó y pensó hasta que tuvo una idea.
"¡Ya sé!", exclamó. "Llevaré algunas semillas de rosas azules de vuelta a mi jardín. Las plantaré y crecerán nuevas rosas azules. ¡Así siempre tendremos néctar!"
La mariposa anciana sonrió. "¡Qué gran idea!", dijo. "Te ayudaré a recoger las semillas."
Melodía y la mariposa anciana recogieron muchas semillas de rosas azules. Luego, Melodía se despidió de la mariposa anciana y emprendió su viaje de regreso a casa. Llevó las semillas con mucho cuidado, asegurándose de que no se cayeran.
Cuando llegó a su jardín, plantó las semillas en un lugar soleado. Las regó todos los días y esperó pacientemente. Después de un tiempo, las semillas empezaron a brotar. Y pronto, todo el jardín se llenó de rosas azules.
Las rosas azules eran aún más hermosas que las del valle. Y estaban llenas de néctar dulce y delicioso. Melodía compartió el néctar con todas las mariposas, abejas y colibríes del jardín. Y todos vivieron felices para siempre.
¡Y Berta también recibió su parte de néctar!
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