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Gratis · elegí una vozEn un callejón oscuro, era de noche. La luna se escondía tras unas nubes grises y gordas, prometiendo lluvia. Un gato de ojos verdes, llamado Esmeralda por el brillo de su mirada, caminaba con cuidado, siguiendo a una mariposa nocturna de alas polvorientas. La mariposa revoloteaba cerca del suelo, como si invitara a Esmeralda a un juego secreto. El ambiente estaba húmedo y olía a tierra mojada. Parecía que iba a llover en cualquier momento, y Esmeralda sentía una gotita fría en la punta de su nariz.
De pronto, se escuchó un gruñido que hizo temblar el aire. Era un gruñido profundo y amenazante. Un perro grande, con dientes afilados como agujas y ojos rojos que brillaban en la oscuridad, apareció entre las sombras. Era un perro callejero, sucio y malhumorado, al que todos en el vecindario temían. Esmeralda se asustó muchísimo. Sus bigotes temblaron y su cola se erizó. Retrocedió lentamente, pero detrás había una pared de ladrillos viejos que le impedía escapar. Estaba atrapado.
La mariposa, asustada por el ruido, se alejó volando hacia la seguridad de la noche. Esmeralda se quedó solo, temblando de miedo, frente al perro amenazante. El perro ladró, mostrando sus afilados dientes. Esmeralda supo que tenía que hacer algo, ¡y rápido! Reunió todo su coraje y, con un salto ágil y sorprendente, logró subir a un tejado de lata oxidada que sobresalía de una casa cercana. El salto fue arriesgado, pero la desesperación le dio la fuerza necesaria.
El perro, frustrado por no poder alcanzarlo, ladró aún más fuerte, despertando a la gente del lugar. Se escucharon voces somnolientas y el ladrido enojado del perro resonó en el callejón. Esmeralda, ya en lo alto del tejado, jadeaba y se lamía una herida en la pata. El salto había sido doloroso, y sentía un ardor punzante. Miró hacia abajo y vio al perro que seguía ladrando furiosamente.
De repente, comenzó a llover. Primero unas pocas gotas tímidas, y luego un aguacero torrencial. La lluvia lavó el callejón, borrando las huellas del enfrentamiento. El perro, molesto por la lluvia, finalmente se cansó de ladrar y se refugió bajo un alero.
Esmeralda, empapado y con frío, se acurrucó en el tejado, buscando un poco de calor. La lluvia seguía cayendo con fuerza, haciendo un ruido fuerte al golpear la lata oxidada. Estaba solo, asustado y herido. Pensó en su hogar, en su cómoda cama y en el plato de leche caliente que le esperaba. Deseaba estar allí, a salvo y protegido.
De pronto, sintió un ligero cosquilleo en su cola. Miró hacia atrás y, para su sorpresa, vio a la mariposa nocturna que había estado siguiendo antes. La mariposa había regresado y se había posado sobre su cola, como si quisiera consolarlo. Esmeralda sintió una oleada de gratitud hacia la pequeña criatura. A pesar del peligro, la mariposa había regresado.
La mariposa permaneció allí, quieta y silenciosa, mientras la lluvia seguía cayendo. Esmeralda sintió que el miedo disminuía y era reemplazado por una sensación de calma. La compañía de la mariposa le daba consuelo y esperanza. Sabía que no estaba solo.
Finalmente, la lluvia comenzó a amainar. Las nubes se separaron y la luna asomó tímidamente, iluminando el callejón con una luz plateada. El perro, que había estado escondido bajo el alero, se alejó silenciosamente. La calle volvió a quedar en silencio, solo interrumpido por el suave goteo de la lluvia que caía de los tejados.
Esmeralda, sintiéndose más seguro, bajó del tejado con cuidado. La mariposa lo siguió, revoloteando a su alrededor. Juntos, caminaron por el callejón oscuro, buscando el camino a casa. Esmeralda sabía que nunca olvidaría la noche en que conoció al perro feroz y a la mariposa nocturna que le enseñó el valor de la amistad y la valentía.
Al llegar a su casa, Esmeralda entró sigilosamente por la ventana. Su dueña, una anciana amable y cariñosa, dormía plácidamente en su sillón. Esmeralda se acurrucó a sus pies, sintiéndose seguro y amado. La mariposa nocturna se posó en la ventana, observando a Esmeralda dormir. Luego, con un aleteo silencioso, se despidió y voló hacia la noche, prometiendo regresar algún día. Esmeralda soñó con mariposas brillantes y tejados de lata, sabiendo que incluso en la oscuridad, siempre hay esperanza y amistad.
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