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Gratis · elegí una vozSapo y Sepo eran los mejores amigos del mundo. Les encantaba pasar tiempo juntos, especialmente jugando. Un día soleado, decidieron ir al río a jugar con su pelota roja y brillante. Sapo saltó de alegría. "¡Qué bien, Sepo! ¡Hoy vamos a divertirnos muchísimo!" Sepo asintió con entusiasmo, agarrando la pelota con sus pequeñas manos.
Llegaron al río y encontraron un lugar perfecto bajo la sombra de un gran sauce llorón. Sapo lanzó la pelota al aire y Sepo la atrapó con facilidad. ¡Eran un equipo increíble! De repente, escucharon unas voces alegres que se acercaban. Eran dos ranas, Renata y Rosalía, que también querían jugar.
"¡Hola! ¿Podemos jugar con ustedes?" preguntó Renata con una sonrisa. Rosalía asintió tímidamente, mirando la pelota roja con admiración. Sapo, siempre amable y generoso, respondió de inmediato: "¡Claro que sí! ¡Cuantos más, mejor!" Pero Sepo frunció el ceño. No le gustaba la idea de compartir su juego. Cruzó los brazos y dijo con voz gruñona: "¡No! ¡Las niñas no juegan con pelotas! ¡Este es un juego para niños!"
Renata y Rosalía se sintieron muy tristes. Bajaron la mirada y sus sonrisas desaparecieron. Sapo se sintió avergonzado por la actitud de su amigo. "Sepo, no seas así. Todos podemos jugar juntos. No importa si somos niños o niñas," le dijo Sapo suavemente. Sepo, sin embargo, estaba decidido. No quería que las ranas jugaran con ellos. Para alejarlas, tomó la pelota y la lanzó con fuerza, apuntando directamente a la cabeza de Rosalía.
Afortunadamente, Rosalía se agachó a tiempo y la pelota pasó silbando por encima de su cabeza. Pero el gesto de Sepo fue muy feo. Renata y Rosalía se pusieron a llorar. Sapo estaba furioso. "¡Sepo! ¡Eso no se hace! ¡Has lastimado sus sentimientos!" Sapo recogió la pelota y se acercó a las ranas. "Lo siento mucho, Renata, Rosalía. Sepo no quería hacer eso. ¿Quieren jugar con nosotros de todos modos?"
Renata y Rosalía se miraron entre sí. Todavía estaban un poco asustadas, pero la amabilidad de Sapo las convenció. Asintieron tímidamente. Sepo, al ver que Sapo iba a jugar con ellas de todos modos, se puso aún más furioso. Se cruzó de brazos y se sentó en el suelo, refunfuñando. "¡No voy a jugar con niñas! ¡Es aburrido!" Sapo suspiró. Sabía que sería difícil convencer a Sepo de que cambiara de opinión.
"Está bien, Sepo. Puedes sentarte ahí si quieres. Pero Renata, Rosalía y yo vamos a divertirnos mucho," dijo Sapo con una sonrisa. Y así, Sapo, Renata y Rosalía comenzaron a jugar. Lanzaban la pelota, corrían y reían a carcajadas. Se inventaron nuevos juegos y se divirtieron muchísimo. Sepo, sentado solo en el suelo, comenzó a sentirse un poco excluido. Observaba a sus amigos jugar y se dio cuenta de que se estaban perdiendo de algo muy divertido.
Después de un rato, la curiosidad pudo más que su terquedad. Se levantó lentamente y se acercó al grupo. "¿Puedo... puedo jugar también?" preguntó tímidamente. Renata y Rosalía se miraron sorprendidas. Sapo sonrió. "¡Claro que sí, Sepo! ¡Siempre eres bienvenido!" Sepo se unió al juego y, al principio, se sintió un poco incómodo. Pero pronto, la alegría del juego lo contagió y comenzó a reír y a correr con los demás.
Aprendió que jugar con niñas no era aburrido en absoluto. De hecho, era muy divertido. Renata y Rosalía eran muy buenas jugadoras y tenían muchas ideas nuevas. Al final del día, Sepo se disculpó con Renata y Rosalía por su comportamiento. "Lo siento mucho por haber sido tan grosero. No debí decir que las niñas no pueden jugar con pelotas. Todos podemos jugar juntos, sin importar si somos niños o niñas," dijo Sepo sinceramente.
Renata y Rosalía lo perdonaron de inmediato. Estaban felices de que Sepo hubiera aprendido su lección. Sapo sonrió. Sabía que Sepo era un buen amigo en el fondo. Desde ese día, Sapo y Sepo jugaron con Renata y Rosalía todos los días. Aprendieron a respetar las diferencias de los demás y a valorar la amistad por encima de todo. Y la pelota roja y brillante se convirtió en un símbolo de su amistad, un recordatorio de que jugar juntos es mucho más divertido que jugar solos, y que todos, sin importar su género, merecen la oportunidad de participar y disfrutar del juego.
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