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Gratis · elegí una vozRenata era una rana verde brillante, con ojos saltones y una voz... bueno, digamos que a Renata le encantaba oírse croar. Vivía en un charco pequeño pero acogedor, rodeado de juncos altos y flores silvestres. Era el charco perfecto, pensaba Renata, ¡y era solo para ella!
Un día soleado, mientras Renata se soleaba sobre una hoja de nenúfar, escuchó un suave llanto. Alzó la vista y vio a una pequeña oruga, llamada Camila, luchando por subir un junco alto. Camila, con sus colores apagados, no llamaba mucho la atención, pero estaba decidida a llegar a la cima.
"¿Qué haces, pequeña?", croó Renata con desdén. "Este es mi charco. ¡No quiero orugas aquí! Podrías arruinar mi agua."
Camila, asustada por la voz de Renata, casi se cae del junco. "Estoy intentando llegar a las flores de arriba", respondió con voz temblorosa. "Necesito comer para hacerme mariposa."
Renata soltó una carcajada. "¿Mariposa? ¡Bah! Las mariposas son tontas. No necesitas flores. Vete de mi charco."
Camila, con lágrimas en los ojos, siguió intentando escalar el junco. Renata, sintiéndose un poco culpable pero demasiado orgullosa para admitirlo, se dio la vuelta y fingió no verla.
Al día siguiente, el charco de Renata amaneció lleno de mosquitos. ¡Montones y montones de mosquitos zumbando a su alrededor! Renata intentó ahuyentarlos con sus patas, pero era inútil. Los mosquitos la picaban por todas partes, haciéndola sentir miserable.
"¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude!", croó Renata desesperada.
De repente, escuchó un suave aleteo. Levantó la vista y vio a una hermosa mariposa, con alas de colores vibrantes, revoloteando a su alrededor. Era Camila, la oruga de antes.
"¿Qué te pasa, Renata?", preguntó Camila con suavidad.
"¡Los mosquitos! ¡Me están picando sin parar!", exclamó Renata.
Camila sonrió. "Las mariposas comemos mosquitos", dijo. "Si me dejas acercarme, puedo ayudarte."
Renata, sintiéndose avergonzada por su comportamiento anterior, asintió con la cabeza. "Por favor, Camila, ayúdame."
Camila revoloteó alrededor del charco, atrapando mosquitos con su larga lengua. En poco tiempo, el charco estaba libre de mosquitos. Renata se sintió aliviada y agradecida.
"Gracias, Camila", dijo Renata. "Fui muy grosera contigo. Lo siento."
Camila se posó en una hoja de nenúfar junto a Renata. "Todos cometemos errores", dijo. "Lo importante es aprender de ellos. Además, ahora necesito un poco de agua para beber. Tu charco parece perfecto."
Renata sonrió. "Por supuesto, Camila. Este charco es para todos. Y a partir de ahora, me aseguraré de compartirlo con todos los que lo necesiten."
Desde ese día, Renata y Camila se hicieron buenas amigas. Renata aprendió que ser generosa y amable es mucho mejor que ser egoísta. Y Camila aprendió que incluso las ranas más gruñonas pueden cambiar. El charco de Renata se convirtió en un lugar de bienvenida para todos los animales del bosque, y Renata, la rana egoísta, se convirtió en Renata, la rana más amigable del mundo.
Un día, un grupo de renacuajos llegaron al charco, buscando un lugar seguro para crecer. Renata, recordando lo sola que se había sentido al principio, los recibió con los brazos abiertos (o más bien, con las patas abiertas). Les enseñó a nadar, a cazar mosquitos y a esconderse de los depredadores. Los renacuajos, felices y seguros, crecieron fuertes y sanos en el charco de Renata.
Renata se dio cuenta de que la verdadera felicidad no está en tener algo solo para ti, sino en compartirlo con los demás. Y aunque todavía le encantaba oírse croar, ahora lo hacía con una voz llena de alegría y amabilidad, invitando a todos a unirse a su feliz comunidad en el charco.
Un viejo sapo sabio, que había observado toda la historia, se acercó a Renata. "Renata", dijo el sapo con voz grave, "has aprendido una valiosa lección. El agua de un charco puede saciar la sed, pero la bondad puede llenar un corazón."
Renata sonrió. Sabía que el sapo tenía razón. Y mientras el sol se ponía sobre el charco, iluminando las flores silvestres y los juncos altos, Renata croó una canción de amistad y generosidad, que resonó por todo el bosque, invitando a todos a compartir la alegría de vivir en comunidad.
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