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Gratis · elegí una vozBenito era un conejito curioso y algo despistado. Vivía en un agujero debajo de un enorme roble y pasaba sus días explorando el bosque. Un día, mientras buscaba moras silvestres, tropezó con algo brillante y metálico medio enterrado en la tierra. Era una tetera, vieja y llena de barro, pero con un aire misterioso que llamó la atención de Benito.
"¡Qué cosa más extraña!" pensó Benito. Decidió llevarla a su madriguera. Con sus pequeñas patas y un gran esfuerzo, arrastró la tetera hasta su hogar. Allí, con agua del riachuelo y una hoja grande como esponja, comenzó a limpiarla. Frotaba y frotaba, quitando la tierra y el musgo. De repente, ¡PUM! Un pequeño estallido de humo salió del pico de la tetera, seguido de una nube de chispas multicolores.
Benito, asustado, saltó hacia atrás. Del humo emergió un dragón diminuto, no más grande que su mano, con escamas de color esmeralda y ojos dorados. El dragón bostezó, estiró sus pequeñas alas y miró a Benito con una expresión algo aturdida.
"¡Ay, por las escamas de mi abuela! ¡Otra vez atrapado en una tetera!" exclamó el dragón con una vocecilla chillona. "Soy Draco, el Dragón Concededdor de Deseos, aunque debo admitir que últimamente estoy un poco...despistado. ¡Pero no importa! Me has liberado, así que te concederé tres deseos. ¡Piensa bien!"
Benito estaba boquiabierto. ¿Deseos? ¡Tres deseos! Nunca había imaginado algo así. Se rascó la cabeza con una pata, pensando intensamente.
"¡Ya sé!", exclamó finalmente. "¡Quiero un montón, pero un montón, pero un MONTÓN de fresas! ¡Las fresas son mi comida favorita!"
Draco chasqueó los dedos (bueno, sus pequeñas garras) y de repente, la madriguera de Benito se llenó hasta el techo de fresas rojas y jugosas. ¡Había fresas por todas partes! Benito, feliz, se lanzó sobre ellas y comenzó a comer sin parar.
"¡Gracias, Draco! ¡Son las fresas más deliciosas que he probado en mi vida!", dijo Benito, con la boca llena de fresas.
"De nada, pequeño conejo. Ahora, ¿cuál es tu segundo deseo?", preguntó Draco, observando a Benito devorar las fresas.
Benito pensó un poco más. Su madriguera era acogedora, pero a veces se sentía un poco apretado, especialmente cuando llovía mucho. "¡Deseo una casa! Una casa grande y cómoda, con un techo fuerte que me proteja de la lluvia!"
Draco volvió a chasquear sus garras, y esta vez, un suave temblor sacudió la madriguera. Cuando Benito salió, no podía creer lo que veía. En lugar de su pequeño agujero, se alzaba una preciosa casita de madera, con una puerta roja y ventanas con cortinas a cuadros. ¡Tenía incluso un pequeño jardín con flores!
"¡Oh, Draco, es preciosa! ¡Es justo lo que siempre he soñado!", exclamó Benito, dando saltitos de alegría. Entró corriendo en la casa y exploró cada habitación. Era perfecta.
"Me alegro de que te guste", dijo Draco, sonriendo. "Ahora, te queda un último deseo. ¡Piensa bien, Benito!"
Benito se sentó en el jardín, pensando profundamente. Tenía un montón de fresas y una casa maravillosa. ¿Qué más podía desear? De repente, pensó en su amiga Lila, una conejita muy simpática que vivía al otro lado del bosque. Lila siempre compartía sus zanahorias con él y lo acompañaba en sus aventuras.
"¡Ya lo tengo!", dijo Benito con entusiasmo. "¡Deseo un regalo para mi amiga Lila! ¡Algo que la haga muy feliz!"
Draco sonrió ampliamente. "Ese es un deseo muy generoso, Benito. Me gusta tu espíritu. Pero, ¿qué tipo de regalo quieres?"
Benito pensó un momento. A Lila le encantaban las flores. "¡Deseo un jardín lleno de flores hermosas para Lila! ¡Un jardín que tenga todas sus flores favoritas!"
Draco, con un último chasquido de garras, hizo aparecer un jardín maravilloso al lado de la casa de Lila. Estaba lleno de margaritas, tulipanes, rosas y todas las flores que a Lila le gustaban. Era el jardín más hermoso que jamás había visto.
"¡Listo!", dijo Draco. "Tus tres deseos han sido concedidos. Ahora, debo volver a mi mundo. ¡Adiós, Benito! Y recuerda, la generosidad es la verdadera magia."
Con una última nube de humo y chispas, Draco desapareció dentro de la tetera. Benito, feliz y agradecido, corrió a buscar a Lila. Cuando Lila vio el jardín lleno de flores, sus ojos se iluminaron de alegría. Abrazó a Benito con fuerza y le dio las gracias una y otra vez.
Benito y Lila pasaron muchos días felices juntos, disfrutando de las fresas, la casa nueva de Benito y el maravilloso jardín de Lila. Benito aprendió que la verdadera felicidad no está en tener muchas cosas, sino en compartir lo que tienes con tus amigos. Y aunque Draco era un dragón despistado, le había enseñado una lección muy valiosa.
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