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Gratis · elegí una vozEl sol se escondía detrás del mar, pintando el cielo de naranja y rosa. Sofía, con sus 25 años y el pelo aún salpicado de arena, caminaba de la mano de su papá, Antonio. Volvían de un día maravilloso en la playa, lleno de risas, castillos de arena y chapuzones en el agua salada.
"¡Ay, qué bien hemos estado!" suspiró Antonio, con una sonrisa que le iluminaba la cara. "Y ahora, ¿qué vamos a hacer para cenar? ¡Hoy juega la Selección Española!"
Sofía se tocó la barriga. "Uf, papá, estoy llenísima. Creo que hoy me vendría bien algo ligero, ligerísimo. ¡Casi transparente!"
Antonio se rascó la barbilla, pensativo. "Hmm, ya sé. Podríamos hacer una tortilla de patatas."
Sofía abrió los ojos como platos. "¿Una tortilla de patatas? ¿Ligero? ¿En serio, papá? ¡Eso es casi como comerse una piedra!"
Los dos soltaron una carcajada. La idea de una tortilla de patatas como cena "ligera" era ridícula, pero divertida. Antonio siempre tenía ideas curiosas, y a Sofía le encantaba reírse con él.
"Bueno, bueno," dijo Antonio, secándose una lágrima de risa. "Quizás no sea lo más ligero del mundo, pero es deliciosa y perfecta para ver el partido. ¡Además, tengo un truco secreto para hacerla súper especial!"
Sofía arqueó una ceja, curiosa. "¿Un truco secreto? Cuéntame, cuéntame..."
Antonio sonrió misteriosamente. "¡No puedo revelarlo! Es un secreto familiar. Pero te prometo que te va a encantar."
Cuando llegaron a casa, Antonio se puso manos a la obra. Sofía observaba atentamente mientras su papá pelaba las patatas con una velocidad sorprendente. Luego, las cortó en rodajas finas y las echó en una sartén con abundante aceite. El olor a patatas fritas llenó la cocina, haciendo que el estómago de Sofía empezara a rugir a pesar de que decía estar llena.
"¿Ves?" dijo Antonio, guiñándole un ojo. "Tu estómago ya está pidiendo tortilla de patatas a gritos."
Sofía no pudo evitar sonreír. Tenía razón. El olor era irresistible.
Mientras las patatas se freían lentamente, Antonio picó una cebolla grande. Sofía hizo una mueca. No le gustaba mucho la cebolla en la tortilla, pero sabía que a su papá le encantaba.
"¿Mucha cebolla, eh?" comentó Sofía con una sonrisa.
"¡Cuanta más cebolla, más rica!" respondió Antonio con entusiasmo.
Cuando las patatas estaban doradas y blanditas, Antonio las sacó de la sartén y las escurrió en un colador. Luego, batió seis huevos en un bol grande y añadió las patatas y la cebolla. Mezcló todo con cuidado y lo dejó reposar unos minutos.
"¡Aquí viene el truco secreto!" anunció Antonio, sacando un pequeño frasco de pimentón dulce.
Sofía lo miró con curiosidad. Nunca había visto a su papá poner pimentón en la tortilla de patatas.
Antonio espolvoreó una pizca de pimentón sobre la mezcla de patatas y huevos. "Esto le da un toque especial, un saborcito ahumado que la hace irresistible."
Luego, calentó un poco de aceite en la sartén y vertió la mezcla con cuidado. Dejó que se cocinara a fuego lento durante unos minutos, hasta que la tortilla empezó a cuajarse por los bordes.
"Ahora viene la parte más difícil," dijo Antonio, cogiendo un plato grande. "¡Hay que darle la vuelta a la tortilla!"
Con un movimiento rápido y hábil, Antonio volteó la tortilla en el plato. Sofía contuvo la respiración, temiendo que se rompiera. Pero Antonio era un experto en hacer tortillas de patatas, y la tortilla salió perfecta, dorada y redondita.
Volvió a echar la tortilla en la sartén y la cocinó por el otro lado durante unos minutos más. Cuando estuvo lista, la sacó de la sartén y la puso sobre un plato grande.
"¡Voilà!" exclamó Antonio, orgulloso de su obra maestra. "¡La tortilla de patatas más deliciosa del mundo!"
La tortilla olía de maravilla. Sofía no pudo resistirse y cortó un trozo. Lo probó y cerró los ojos, saboreando el sabor a patatas, cebolla, huevo y… ¿pimentón?
"¡Está increíble, papá!" exclamó Sofía. "¡El pimentón le da un toque fantástico! Tenías razón, es súper especial."
Antonio sonrió, satisfecho. "Te lo dije. Ahora, vamos a ver el partido. ¡España va a ganar!"
Pusieron el partido en la televisión y se sentaron en el sofá con la tortilla de patatas entre los dos. Sofía y Antonio comieron tortilla mientras animaban a la Selección Española. Aunque al principio Sofía decía que no tenía hambre, no tardó en comerse varios trozos. La tortilla de patatas de su papá era irresistible.
España metió un gol y los dos gritaron de alegría. Se abrazaron y siguieron comiendo tortilla, celebrando la victoria. Al final, la tortilla de patatas "ligera" había desaparecido por completo.
"¿Ves?" dijo Antonio, sonriendo. "Te dije que te iba a gustar."
Sofía le dio un abrazo a su papá. "Gracias, papá. Por la tortilla y por el día en la playa. ¡Ha sido perfecto!"
Y así, padre e hija terminaron un día perfecto, compartiendo una deliciosa tortilla de patatas y celebrando una victoria de la Selección Española. A veces, las cosas más sencillas son las que nos hacen más felices.
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