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Gratis · elegí una vozEn un pastizal verde y jugoso, vivía una tortuga llamada Tula. Tula no era una tortuga cualquiera. Era una tortuga ¡glotona! Le encantaba el pasto, y no solo un poquito, ¡sino todo el pasto que podía encontrar! Se pasaba el día entero masticando y masticando, sin dejar nada para los demás animales.
Los conejos saltaban tristes, porque sus barrigas gruñían de hambre. Las mariposas revoloteaban desesperadas, buscando en vano flores con néctar. Incluso las vacas, normalmente tranquilas, miraban a Tula con ojos resentidos. Tula simplemente seguía comiendo, sin importarle nada ni nadie.
Un día, el Puma, un felino grande y fuerte, pero generalmente pacífico, se cansó. Vio a los pequeños venados flacos y desnutridos, y sintió una punzada de lástima. Se acercó a Tula, que estaba engullendo una mata de pasto especialmente deliciosa, y le dijo con voz firme: "¡Tula! ¡Ya basta! Estás acaparando todo el pasto. ¡No dejas nada para los demás!"
Tula dejó de masticar, sorprendida. Nunca nadie se había atrevido a hablarle así. Infló su pecho (bueno, lo más que pudo) y exclamó: "¡Este pasto es mío! ¡Lo encontré primero! ¡Y me lo voy a comer todo!"
El Puma suspiró. Intentó razonar con ella. "Tula, el pastizal es para todos. Si sigues comiendo así, no quedará nada para nadie. Los animales se irán y este lugar hermoso se volverá un desierto."
Pero Tula no escuchaba. Estaba demasiado ocupada pensando en lo sabroso que era el pasto. "¡No me importa!" gritó. "¡Quiero todo el pasto para mí!"
El Puma, frustrado, finalmente dijo: "¡Basta! No te dejaré comer más pasto hasta que aprendas a compartir." Y con una agilidad sorprendente, el Puma se colocó frente a Tula, impidiéndole el paso al pastizal.
Tula se enfureció. ¡Nunca la habían desafiado así! Empezó a gritar y patalear (bueno, patalear con sus pequeñas patitas de tortuga). "¡Eres un abusón! ¡Un tirano! ¡Déjame comer!"
Pero el Puma se mantuvo firme. Los demás animales observaban la escena en silencio, con la esperanza de que Tula por fin entendiera. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. El Colibrí, siempre optimista, revoloteaba alrededor de Tula, intentando animarla. "¡Vamos, Tula!" piaba. "¡Comparte un poquito! ¡No seas así!" Y el Tigre, que siempre había sido un poco solitario y rebelde, miraba al Puma con desaprobación. Pensaba que el Puma se estaba excediendo en su autoridad.
Pasaron los días, y Tula seguía sin comer pasto. Estaba cada vez más flaca y malhumorada. Los demás animales, aunque aliviados de tener pasto para comer, se sentían un poco culpables al ver a Tula tan triste. El Colibrí y el Tigre seguían siendo sus únicos apoyos.
Un día, Tula vio a un grupo de conejitos jugando. Estaban intentando compartir una pequeña flor de diente de león, pero no se ponían de acuerdo sobre quién podía comerla primero. Tula, normalmente indiferente a los problemas de los demás, sintió una punzada de empatía. Se acercó a los conejitos y les dijo: "¿Por qué no la parten en pedacitos y la comparten entre todos?"
Los conejitos la miraron sorprendidos. Nunca esperaron que Tula les diera un consejo así. Hicieron lo que ella les dijo, y pronto estaban todos comiendo felices la flor de diente de león.
Tula sintió una extraña sensación en su interior. Era agradable ver a los demás felices. Entonces, entendió. No necesitaba todo el pasto para ser feliz. La felicidad también se encontraba en compartir.
Se acercó al Puma y le dijo con voz suave: "Puma, tenías razón. Fui egoísta. Quiero aprender a compartir el pasto con los demás."
El Puma sonrió. Estaba muy orgulloso de Tula. Le dijo: "Tula, todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos. Estoy seguro de que serás una gran compañera para todos nosotros."
Desde ese día, Tula dejó de ser la tortuga glotona. Aprendió a compartir el pasto con los demás animales. Incluso plantó nuevas semillas para que el pastizal fuera aún más abundante. El Colibrí y el Tigre, muy contentos con el cambio, se hicieron amigos cercanos de Tula. Y todos vivieron felices para siempre en el pastizal, compartiendo el pasto y disfrutando de la compañía de los demás.
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