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Era un día soleado en la ciudad de Cali, y Julián, un niño de diez años, caminaba por la vereda con sus amigos. Mientras paseaban, se detuvieron frente a un semáforo. Julián miró atentamente los colores: rojo, amarillo y verde. Siempre le había intrigado el significado de esos colores, así que decidió preguntarle a su amiga Sofía.
- "¿Sofía, sabes por qué el semáforo tiene esos colores?" - le preguntó Julián, con sus ojos llenos de curiosidad.
- "Claro, Julián!" - respondió Sofía. - "El rojo significa detenerse, el amarillo avisar que hay que prepararse para detenerse y el verde es el momento de avanzar. Son señales que nos ayudan a estar seguros en la calle."
Julián quedó fascinadísimo. Decidió que quería aprender más sobre todas las señales de tránsito que habían en la ciudad. Entonces, un poco más adelante, notó un cartel que decía: "Bienvenido al Parque de la Seguridad Vial". Las letras brillaban y parecían invitarlo a entrar.
- "¡Vamos al parque!" - gritó Julián, y sus amigos lo siguieron emocionados.
Al llegar, se encontraron con una gran exposición de señales de tránsito en forma de juegos y actividades. Un simpático personaje disfrazado de señal de alto los saludó.
- "¡Hola, chicos! Soy Señalina. ¿Quieren aprender sobre las señales de tránsito?" - dijo la figura, moviendo las manos de un lado a otro.
- "¡Sí!" - respondieron todos en coro.
Señalina los llevó a una estación donde podían jugar a ser conductores. Todos tenían que seguir las señales mientras jugaban en un carrito a escala. Julián no podía contener su entusiasmo.

- "¡Esto es increíble!" - exclamó. - "¿Podemos hacer una carrera?"
- "¡Claro! Pero recuerden, lo más importante es respetar las señales, no ganar la carrera. La seguridad es la prioridad aquí" - explicó Señalina.
Julián y sus amigos realizaron la carrera, pero rápidamente se dieron cuenta de que no era tan fácil como pensaban. Debían detenerse en el rojo, acelerar en el verde y ser prudentes en cada giro. Julián se sintió como un verdadero piloto.
Después de la carrera, Señalina los reunió.
- "Ahora bien, ¿quién sabe qué hacer cuando vemos una señal de ceda el paso?" - preguntó Señalina.
Julián levantó la mano y contestó: - "¡Debemos mirar a ambos lados y dejar pasar a otros vehículos antes de continuar!"
- "¡Correcto!" - dijo Señalina, contenta. - "La educación vial nos enseña a ser conscientes y cuidar de nosotros mismos y de los demás."
De repente, una fuerte sirena sonó y un coche de policía apareció en el parque. Todos se asustaron un poco, pero Julián, curioso como siempre, se acercó mientras los otros se quedaban atrás. De pronto, se dio cuenta de que era el oficial Robles, quien tenía una misión especial.
- "Hola, chicos. Soy el oficial Robles. Estoy aquí para recordarles la importancia de las señales de tránsito no solo mientras jugamos, sino también en la vida real.

A veces, vemos situaciones inesperadas. ¿Alguien se anima a darme un ejemplo?" - preguntó el oficial.
Julián pensó un momento y dijo: - "¡Yo! Si vemos un accidente o algo peligroso en la calle, debemos llamar a la policía."
- "Exacto, Julián. Y siempre debemos asegurarnos de no cruzar la calle corriendo, ni distraernos con el celular. La seguridad es primordial en todo momento." - aseguró el oficial Robles, muy serio.
Los chicos asintieron con la cabeza, tomándose en serio el mensaje del policía. Al finalizar la actividad, Julián sentía que había aprendido mucho aquel día.
- "¿Podemos volver a jugar aquí?" - preguntó a Señalina.
- "Por supuesto, la seguridad vial siempre debe ser divertida y emocionante. Pero recuerden, la mejor manera de aprender es practicar lo que han aprendido en su vida diaria" - respondió Señalina.
Al regresar a casa, Julián entendió que su curiosidad lo había llevado a un mundo lleno de conocimiento. No solo había descubierto cosas sobre las señales de tránsito, sino que también aprendió a ser responsable.
Con sus amigos, se comprometió a convertir cada paseo en un momento de aprendizaje y diversión. Desde ese día, cada vez que veía una señal, sonreía, porque sabía que cuidarnos era algo que todos debíamos hacer y que, además, podía ser muy divertido. Así, Julián seguía explorando y aprendiendo sobre las maravillas de la seguridad vial, convirtiéndose en un verdadero embajador del cuidado en la ciudad.
Y así, con un corazón lleno de curiosidad y ganas de aprender, Julián vivió muchas aventuras más, siempre llevando consigo el mensaje de que la seguridad está en nuestras manos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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