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Tito era un caracol diferente. No le gustaba comer lechuga todo el día ni quedarse pegado a la misma hoja. Tito soñaba con ver el mundo. Observaba con envidia a las hormigas que iban y venían, cargando trocitos de hojas y semillas. "¡Ellas sí que viajan!", pensaba Tito.
Un día, Tito tomó una decisión. "¡Me voy de viaje!", anunció a su familia. Su mamá caracola se preocupó. "Pero Tito, ¡eres muy pequeño! ¿Y si te pierdes? ¿Y si te come un pájaro?". Tito, con su concha a cuestas, respondió con valentía: "¡Seré cuidadoso, mamá! Quiero ver el gran río, quiero ver las montañas altas, ¡quiero conocer el mundo!".
Así, Tito emprendió su aventura. Primero, se encontró con una mariquita llamada Lila. Lila estaba pintando un pétalo de rosa con puntitos dorados. "Hola, Lila", saludó Tito. "¿Adónde vas con tanta prisa?". Lila respondió: "Estoy preparando la rosa para la fiesta de las hadas. ¿No lo sabías? ¡Hoy es la gran noche!". Tito, emocionado, preguntó: "¿Puedo ir?". Lila sonrió: "¡Claro que sí! Pero tienes que ser muy silencioso, las hadas son tímidas".
Tito y Lila llegaron a la rosa. La rosa brillaba con luces de colores. Pequeñas hadas revoloteaban alrededor, vestidas con trajes de hojas y flores. Tito se maravilló. Nunca había visto algo tan hermoso. Una de las hadas, al ver a Tito, se acercó. "¿Quién eres tú, pequeño caracol?", preguntó con una voz suave como el viento. Tito, un poco nervioso, respondió: "Soy Tito, y estoy viajando por el mundo". La hada sonrió: "¡Qué aventura más maravillosa! Te daré un regalo para tu viaje". La hada tocó la concha de Tito con su varita mágica, y la concha comenzó a brillar con un suave resplandor.
Después de la fiesta de las hadas, Tito continuó su camino. Llegó a un campo lleno de margaritas. Allí, conoció a un saltamontes llamado Salto. Salto estaba practicando saltos acrobáticos. "¡Mira esto!", gritó Salto, dando un salto mortal hacia atrás. Tito, impresionado, aplaudió. "¡Eso es increíble!", exclamó. Salto le preguntó a Tito: "¿Adónde vas?". Tito respondió: "Estoy viajando por el mundo. Quiero ver el gran río y las montañas altas". Salto dijo: "¡Yo conozco el camino al río! Puedo llevarte. Pero tendrás que sujetarte fuerte!".
Salto le dio un gran salto, llevando a Tito en su espalda. Volaron sobre el campo de margaritas, sobre un huerto de manzanas, y finalmente, llegaron al gran río. El río era ancho y profundo, con agua cristalina. Tito nunca había visto tanta agua junta. "¡Es maravilloso!", gritó Tito, emocionado. Salto le dejó cerca de la orilla y le dijo: "¡Buena suerte en tu viaje, Tito! ¡Y no olvides visitar las montañas!".
Tito siguió la orilla del río. El camino era pedregoso y difícil, pero Tito no se rindió. Después de muchos días, comenzó a verlas a lo lejos: ¡las montañas! Eran altas y majestuosas, con picos nevados. Tito se sintió pequeño al verlas. Sabía que el camino sería difícil, pero estaba decidido a llegar a la cima.
Comenzó a escalar la montaña. La pendiente era empinada y la tierra resbaladiza. Tito se cansó mucho, pero siguió adelante. De repente, se encontró con una ardilla llamada Ada. Ada estaba recogiendo nueces. "Hola, pequeño caracol", saludó Ada. "¿Qué haces aquí arriba?". Tito respondió: "Estoy viajando por el mundo. Quiero llegar a la cima de la montaña". Ada sonrió: "¡Eso es muy ambicioso! La cima está muy lejos. Pero puedo ayudarte. Conozco un atajo secreto".
Ada guio a Tito por un sendero escondido. El sendero era estrecho y lleno de raíces, pero era mucho más fácil que la pendiente principal. Finalmente, llegaron a la cima de la montaña. Desde allí, Tito pudo ver todo el mundo. Vio el gran río, el campo de margaritas, el huerto de manzanas, ¡incluso podía ver su casa! Se sintió feliz y orgulloso. Había logrado su sueño. Había visto el mundo.
Después de disfrutar de la vista, Tito regresó a casa. Su familia lo recibió con alegría. Tito les contó todas sus aventuras. Les habló de Lila la mariquita, de Salto el saltamontes, de Ada la ardilla, y de la fiesta de las hadas. Su mamá caracola, aunque al principio estaba preocupada, se sintió orgullosa de su hijo. Tito aprendió que el mundo es grande y lleno de maravillas, y que con valentía y determinación, ¡todo es posible! Y aunque le encantaba viajar, también aprendió que no hay lugar como el hogar.
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