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PÁGINA 1. FÓRMULA DE COMIENZO
NARRADOR: Érase una vez un niño que se llamaba Mauro y tenía unas botas amarillas.
ACTUACIÓN DEL PERSONAJE PRINCIPAL: - ¡Hola! Mi nombre es Mauro y les voy a contar una pequeña historia.
PÁGINA 2. ARGUMENTO
NARRADOR: Le encanta dar paseos, saltar en los charcos de agua, e incluso, duerme con sus botas puestas.
ACTUACIÓN DEL PERSONAJE PRINCIPAL: - ¡Yupi Yupi! Qué bien lo paso con mis botas amarillas.
PÁGINA 3. ARGUMENTO
NARRADOR: Un día, Mauro se dio cuenta de que sus pies habían crecido y ya no cabían en sus botas. Se puso muy triste porque ya no vivirían grandes aventuras juntos.
ACTUACIÓN DEL PERSONAJE PRINCIPAL: - ¡Qué triste me acabo de poner, mis botas favoritas ya no me sirven!
PÁGINA 4. ARGUMENTO
NARRADOR: De repente, se le ocurrió una idea fantástica, podría darle otro uso a sus botas y así podría verlas siempre que quisiera.
ACTUACIÓN DEL PERSONAJE PRINCIPAL: - ¡Acabo de tener una idea, es una idea estupendísima!
PÁGINA 5. DESENLACE
NARRADOR: Llenó las botas de tierra, plantó una semilla y la regó con agua. Cuando pasaron unos días nació una bonita flor en la bota amarilla.
ACTUACIÓN DEL PERSONAJE: - ¡Esta es la flor más bonita del mundo mundial!
PÁGINA 6. COLETILLA FINAL
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
La historia completa de Mauro y sus botas amarillas es un poco más larga, porque Mauro tenía una imaginación enorme. No solo le gustaba saltar en charcos, ¡le encantaba imaginar que sus botas eran naves espaciales! Cuando se las ponía, cerraba los ojos y se transportaba a planetas lejanos llenos de criaturas amigables y paisajes de colores imposibles. En el planeta Risueño, las montañas eran de helado de fresa y los ríos de limonada burbujeante. En el planeta Peludito, todos los árboles tenían hojas de algodón de azúcar y los animales eran tan suaves que parecían nubes con patas.
Una vez, mientras exploraba el jardín con sus botas, Mauro descubrió un pequeño caracol perdido. El caracol parecía muy triste, así que Mauro lo recogió con cuidado y lo llevó a su casa. Le preparó un pequeño hogar en una caja de zapatos con hojas frescas y un trocito de lechuga. El caracol, al que Mauro llamó Speedy (aunque era un poco irónico), se sintió mucho mejor y se convirtió en su nuevo amigo. Juntos, Mauro y Speedy vivieron muchas aventuras en el jardín, explorando cada rincón y descubriendo los secretos que se escondían bajo las hojas.
Pero la aventura más grande de todas comenzó cuando Mauro notó que sus botas ya no le quedaban. Al principio, se sintió devastado. ¡Sus botas eran su pasaporte a la imaginación, su llave a la aventura! Pero luego, como ya hemos leído, tuvo una idea brillante. Decidió que sus botas no debían quedarse guardadas en un armario, olvidadas y tristes. ¡Debían seguir viviendo aventuras, aunque de una manera diferente!
Así que, con la ayuda de su mamá, Mauro llenó las botas de tierra fértil. Luego, eligió la semilla más pequeña y prometedora que encontró en un sobre de semillas de flores silvestres. La plantó con mucho cuidado en la tierra suave y la regó con agua fresca. Cada día, Mauro esperaba ansiosamente, preguntándose qué tipo de flor nacería en sus botas amarillas.
Pasaron los días, y nada. Mauro empezaba a perder la esperanza. Tal vez su idea no era tan buena después de todo. Tal vez sus botas debían simplemente guardarse en un armario, para siempre.
Pero una mañana, al despertar, Mauro corrió hacia el jardín y… ¡allí estaba! Un pequeño brote verde asomaba tímidamente de la tierra. Mauro no podía creerlo. ¡Su idea había funcionado! Con el paso de los días, el brote creció y se convirtió en una hermosa flor silvestre de color azul brillante. Era la flor más bonita que Mauro había visto en su vida. La flor parecía sonreírle desde sus botas amarillas, como diciéndole: "¡Gracias por darnos una nueva aventura!"
Desde ese día, las botas amarillas de Mauro se convirtieron en un hogar para la flor azul. Mauro la cuidaba con mucho cariño, regándola con agua y protegiéndola del sol. Y cada vez que veía la flor, recordaba todas las aventuras que había vivido con sus botas, y sabía que, aunque sus pies ya no cupieran en ellas, su imaginación seguiría volando alto, siempre lista para una nueva aventura.
Speedy el caracol también adoraba la flor. A menudo, se deslizaba por el borde de la bota amarilla, dejando un rastro brillante mientras observaba la flor con admiración. La flor y Speedy se convirtieron en grandes amigos, y juntos vivieron muchas aventuras en el jardín, bajo la atenta mirada de Mauro y sus botas amarillas convertidas en maceta.
Y así, las botas amarillas de Mauro continuaron viviendo aventuras, no en los pies de Mauro, sino como un hogar para una flor preciosa y un recordatorio de que incluso las cosas que creemos que hemos perdido pueden encontrar una nueva vida y seguir llenándonos de alegría.
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