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Gratis · elegí una vozEn la Calle Olvidada, donde las casas se inclinaban como abuelas cansadas y las flores crecían al revés, vivían tres brujas. No eran brujas comunes, ¡no señor! Eran las Brujas Malvadas Extraordinarias, o BME, para abreviar. Estaba la Bruja Piruleta, cuyo sombrero era un enorme cono de helado derretido y que, en lugar de hechizos, lanzaba bolas de chicle pegajosas. Luego estaba la Bruja Risitas, que no podía evitar reírse, ni siquiera cuando intentaba ser malvada, y cuyos hechizos siempre salían un poco… equivocados. Y finalmente, estaba la Bruja Cascarrabias, que fruncía el ceño incluso cuando dormía, y que gruñía en lugar de hablar.
Un día, mientras las BME tomaban su té de ortiga (endulzado con salsa picante, por supuesto), la Bruja Piruleta escupió un trozo de chicle y exclamó: "¡Estoy aburrida! ¡Siempre hacemos las mismas maldades! ¡Convertir gatos en calcetines rayados, hacer que los árboles canten ópera… es tan… predecible!"
La Bruja Risitas, que estaba intentando convertir una mosca en un elefante (y solo había logrado una mosca con orejas grandes), soltó una carcajada. "¡Tienes razón, Piruleta! ¡Necesitamos algo… más!"
La Bruja Cascarrabias gruñó. "¿Más qué? ¿Más ruido? ¿Más desorden? ¡Ya tengo suficiente!"
"¡No, Cascarrabias!", dijo la Bruja Piruleta, "¡Más… extraordinario! Necesitamos una maldad tan grande, tan audaz, tan… deliciosa, que la Calle Olvidada nunca la olvide!"
Las tres brujas se quedaron en silencio, pensando. La Bruja Piruleta mordisqueó su cono de helado, la Bruja Risitas intentó (y falló) de nuevo con la mosca-elefante, y la Bruja Cascarrabias frunció aún más el ceño. De repente, la Bruja Risitas se iluminó. "¡Ya lo tengo! ¡Vamos a robar… el sol!"
La Bruja Piruleta se atragantó con su helado. "¡¿El sol?! ¡Estás loca, Risitas! ¡Es demasiado grande! ¡Demasiado brillante! ¡Demasiado… solar!"
"¡Precisamente!", dijo la Bruja Risitas, riendo a carcajadas. "¡Será la maldad más extraordinaria de todas! Imaginen la Calle Olvidada, sumida en la oscuridad eterna! ¡Las flores marchitas, los árboles callados, los gatos con calcetines normales!"
La Bruja Cascarrabias, sorprendentemente, asintió con la cabeza. "Tiene… potencial. Pero, ¿cómo vamos a hacerlo?"
Y así, las Brujas Malvadas Extraordinarias comenzaron a planear su maldad más ambiciosa. La Bruja Piruleta construyó una red gigante hecha de chicle, lo suficientemente pegajosa como para atrapar un planeta. La Bruja Risitas intentó (y falló de nuevo) en crear una poción para encoger el sol (terminó haciendo una poción que hacía crecer las zanahorias gigantes). Y la Bruja Cascarrabias, a regañadientes, aprendió a volar en una escoba nueva, hecha de ramas de sauce llorón.
Finalmente, llegó el día del gran robo. Las tres brujas, montadas en sus escobas (la Bruja Piruleta dejando un rastro de chicle pegajoso), volaron hacia el cielo. A medida que se acercaban al sol, el calor se hizo insoportable. La Bruja Piruleta sudaba helado derretido, la Bruja Risitas reía nerviosamente y la Bruja Cascarrabias gruñía aún más fuerte.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, la Bruja Piruleta lanzó su red de chicle. ¡Se pegó al sol! Pero… el sol era demasiado caliente. El chicle comenzó a derretirse y a gotear sobre las brujas.
"¡Está fallando!", gritó la Bruja Piruleta, pataleando chicle derretido.
La Bruja Risitas, a pesar del peligro, no pudo evitar reírse. "¡Parecemos palitos de helado gigantes!"
La Bruja Cascarrabias, harta de todo, gruñó. "¡Ya basta! ¡Esto es ridículo!"
Y entonces, algo extraordinario sucedió. La Bruja Cascarrabias, en un arrebato de frustración, lanzó un hechizo… ¡un hechizo que funcionó! El hechizo no encogió el sol, ni lo apagó. En cambio, hizo algo mucho más sorprendente: ¡hizo que el sol estornudara!
El sol estornudó un enorme rayo de luz que golpeó la red de chicle, derritiéndola por completo. Pero en lugar de caer, las brujas fueron impulsadas hacia la Calle Olvidada, aterrizando suavemente en un montón de flores al revés.
Cansadas, cubiertas de chicle y helado, y un poco avergonzadas, las Brujas Malvadas Extraordinarias regresaron a su casa. Se sentaron a tomar su té de ortiga (esta vez sin salsa picante) y guardaron silencio.
Finalmente, la Bruja Piruleta suspiró. "Bueno, eso fue… un fracaso."
La Bruja Risitas asintió con la cabeza, riendo suavemente. "Sí, pero fue un fracaso… extraordinario!"
La Bruja Cascarrabias, para sorpresa de todos, sonrió. Una pequeña, casi imperceptible sonrisa. "Al menos", gruñó, "ya no estamos aburridas."
Desde ese día, las Brujas Malvadas Extraordinarias siguieron haciendo maldades en la Calle Olvidada. Pero ya no intentaron robar el sol. En cambio, se conformaron con cosas más pequeñas, más divertidas y, sobre todo, más… extraordinarias. Y a veces, muy de vez en cuando, la Bruja Cascarrabias incluso volvía a sonreír. Un poquito.
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