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En un reino muy, muy lejano, donde los árboles susurraban secretos al viento y los ríos cantaban melodías alegres, vivían cinco princesas. No eran princesas ordinarias, ¡no señor! Cada una poseía una cualidad especial y, sobre todo, ¡amaban el color rojo! Por eso, las llamaban las Cinco Princesas Escarlatas.
Estaba Alba, la mayor, con un cabello rojo como el amanecer y una risa que contagiaba alegría a todo el reino. Ella era experta en plantar rosas rojas, las más hermosas que jamás se hubieran visto.
Luego venía Coral, con ojos rojo rubí y una voz tan dulce como la miel. Coral tejía bufandas rojas con lana suave para todos los animales del bosque.
Seguía Carmesí, cuyo vestido era siempre de un rojo intenso como el fuego. Carmesí era la más aventurera de todas y le encantaba explorar los bosques prohibidos en busca de bayas rojas y brillantes.
Después estaba Cereza, con mejillas rojo carmín y una habilidad increíble para contar historias. Sus cuentos, siempre llenos de dragones y caballeros con armaduras rojas, mantenían a todos los niños del reino embelesados.
Y, finalmente, la más pequeña, Escarlata, con un lazo rojo en su cabello y una imaginación desbordante. Escarlata era la mejor amiga de todos los animales y hablaba su idioma.
Un día, un mensajero llegó al castillo con noticias preocupantes. Un dragón, ¡un Dragón de Algodón de Azúcar!, había llegado al reino y estaba robando todos los dulces. Pero no era un dragón malvado, solo muy, muy goloso. Su aliento, en lugar de fuego, exhalaba nubes de algodón de azúcar, ¡pero aún así era un problema!
Las Cinco Princesas Escarlatas se reunieron para idear un plan. Alba sugirió plantar un campo de rosas rojas gigantes para distraer al dragón. Coral propuso tejer una bufanda roja gigante para abrigarlo. Carmesí quería encontrar las bayas rojas más ácidas para que el dragón dejara de comer dulces. Cereza pensó en contarle una historia tan emocionante que lo hiciera olvidar el algodón de azúcar. Y Escarlata… Escarlata tenía una idea diferente.
"Creo que deberíamos hablar con él", dijo Escarlata con su vocecita. "Tal vez solo está triste y necesita un amigo".
Las princesas, aunque un poco escépticas, decidieron seguir el plan de Escarlata. Juntas, se dirigieron a la cueva donde se escondía el Dragón de Algodón de Azúcar. La cueva estaba llena de envoltorios de dulces y el aire olía dulcemente a algodón de azúcar quemado.
Allí estaba él, un dragón grande y rosado, con escamas hechas de azúcar y ojos tristes. Tenía algodón de azúcar pegado en sus garras y su aliento dejaba un rastro pegajoso por todas partes.
Escarlata se acercó al dragón con valentía. "Hola", dijo suavemente. "Somos las Cinco Princesas Escarlatas. Sabemos que estás comiendo todos los dulces del reino, pero queremos saber por qué".
El dragón suspiró, y una nube de algodón de azúcar con sabor a fresa llenó la cueva. "Estoy solo", dijo con voz ronca. "Nadie quiere jugar conmigo porque siempre estoy pegajoso".
Las princesas se miraron con comprensión. Alba ofreció al dragón una de sus rosas rojas gigantes. Coral le colocó una pequeña bufanda roja alrededor del cuello. Carmesí le dio una baya roja ácida (que el dragón escupió inmediatamente, pero agradeció el gesto). Cereza comenzó a contarle una historia de un caballero valiente que se hizo amigo de un dragón. Y Escarlata… Escarlata le ofreció su amistad.
"No importa que estés pegajoso", dijo Escarlata. "Podemos jugar juntos. Podemos volar por el reino y hacer amigos. Podemos incluso compartir los dulces, ¡pero con moderación!".
El Dragón de Algodón de Azúcar sonrió, una sonrisa enorme que reveló dientes hechos de caramelo. Aceptó la amistad de las princesas y prometió dejar de robar todos los dulces. A partir de ese día, el Dragón de Algodón de Azúcar se convirtió en el mejor amigo de las Cinco Princesas Escarlatas. Juntos, exploraron el reino, ayudaron a los necesitados y, de vez en cuando, compartían un poco de algodón de azúcar (siempre cepillándose los dientes después, ¡por supuesto!). Y así, el reino vivió feliz para siempre, gracias a la valentía, la bondad y el amor por el rojo de las Cinco Princesas Escarlatas.
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