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Gratis · elegí una voz– ¡Claro que sí! – saltó Cornel. – Creo que el señor Nelu está trabajando. Nunca se enteraría. Además, no creo que le importen seis manzanas, cuando tiene un árbol tan lleno.
– ¡Esperen un momento! – les dijo Andi. – Aunque el señor Nelu no lo descubriera, Dios ya lo sabe. Y sería robar. Yo no quiero robar.
– Tienes razón – dijo Sanda. – Dios no quiere que robemos.
– Así es – dijeron Suzana, Lois y Cornel juntos.
– ¡Vamos a jugar a la pelota! – propuso Andi y salió corriendo hacia el campo de juego, seguido por Sanda, Suzana, Lois y Cornel.
– ¡De acuerdo! – dijo Gabi, saltando de la cerca y corriendo tras sus amigos.
El sol brillaba con fuerza aquel día, pintando el cielo de un azul intenso. El aire olía a hierba recién cortada y a flores silvestres. Andi, Sanda, Suzana, Lois, Cornel y Gabi eran los mejores amigos del mundo. Siempre encontraban la manera de divertirse juntos, ya fuera jugando a las escondidas en el bosque, construyendo castillos de arena en la orilla del río o inventando historias fantásticas bajo la sombra del gran roble en el parque.
Pero aquel día, la tentación había llamado a su puerta. El huerto del señor Nelu, con sus árboles cargados de manzanas rojas y jugosas, era una visión irresistible. Cornel, impulsado por su deseo de saborear una de esas delicias prohibidas, había propuesto la idea de tomar algunas manzanas sin permiso. Andi, con su corazón noble y su conciencia clara, había sido el primero en oponerse, recordándoles que robar, aunque fuera algo pequeño, estaba mal.
Después de la breve discusión, el grupo decidió dejar atrás la tentación y disfrutar de un juego de pelota. Andi lanzó la pelota al aire y Sanda corrió para atraparla. Suzana y Lois se rieron mientras intentaban quitarle la pelota a Sanda. Cornel, aunque al principio estaba un poco decepcionado por no poder probar las manzanas, pronto se unió a la diversión. Gabi, el más pequeño del grupo, corría detrás de todos, intentando alcanzar la pelota con sus pequeñas manos.
Mientras jugaban, Andi no podía dejar de pensar en las palabras que había dicho. Sabía que era importante ser honesto y hacer lo correcto, incluso cuando nadie más estaba mirando. Recordó las palabras de su abuela: "La honestidad es el mejor tesoro que puedes tener". Esas palabras siempre resonaban en su mente, guiándolo en cada decisión que tomaba.
De repente, la pelota rodó hacia el huerto del señor Nelu. Andi, Sanda y Cornel se acercaron a la cerca para buscarla. Allí, al pie del árbol de manzanas, vieron una canasta llena de manzanas maduras. El señor Nelu, con una sonrisa amable, se acercó a ellos.
– ¡Hola, niños! – dijo el señor Nelu. – Estaba recogiendo manzanas para hacer tarta. ¿Les gustaría probar una?
Los niños se miraron sorprendidos. No podían creer lo generoso que era el señor Nelu. Andi, sintiendo un poco de vergüenza por haber pensado en robar sus manzanas, se acercó al señor Nelu.
– Señor Nelu, queríamos pedirle disculpas – dijo Andi. – Antes estábamos pensando en tomar algunas manzanas sin permiso. Sabemos que estuvo mal.
El señor Nelu sonrió y le puso una mano en el hombro a Andi.
– Aprecio su honestidad, Andi – dijo el señor Nelu. – Todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos. Y recuerden, siempre es mejor pedir permiso que tomar algo sin él.
El señor Nelu les ofreció a cada uno una manzana. Las manzanas eran jugosas y deliciosas, mucho mejores de lo que habían imaginado. Los niños agradecieron al señor Nelu y prometieron nunca más volver a pensar en robar nada.
Regresaron al campo de juego con las manzanas en las manos. Ahora, mientras jugaban, sentían una alegría diferente. Ya no era solo la alegría de jugar juntos, sino también la alegría de saber que habían hecho lo correcto. La honestidad y el respeto eran mucho más dulces que cualquier manzana robada.
Al final del día, mientras se despedían, Andi les recordó a sus amigos:
– Recuerden, chicos, Dios siempre está mirando. Y es importante ser honestos, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos.
Todos asintieron con la cabeza, sabiendo que habían aprendido una valiosa lección aquel día. La lección de que la honestidad y la integridad son los pilares de una vida feliz y llena de significado.
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