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Gratis · elegí una vozLeo era un león hambriento, ¡pero no de carne! A Leo le encantaban las frutas, las más jugosas y coloridas que pudiera encontrar. Vivía en la sabana, donde el sol brillaba con fuerza y los árboles de mango se mecían perezosamente. Pero últimamente, la sabana parecía vacía. No había mangos gordos y amarillos, ni sandías rayadas, ni siquiera unas simples bananas. ¡Pobre Leo! Su barriga gruñía como un trueno lejano.
Un día, mientras caminaba tristemente por la sabana, escuchó un sonido extraño. Era como… ¡¿una risita?! Leo siguió el sonido hasta llegar a un gran árbol de baobab. Allí, vio algo increíble: ¡frutas que saltaban! Eran pequeñas, redondas y de colores brillantes: rojas como cerezas, amarillas como limones y verdes como limas. ¡Nunca había visto frutas así!
"¡Hola!", dijo Leo tímidamente. Las frutas dejaron de saltar y se volvieron para mirarlo con sus pequeños ojos brillantes.
"¡Hola!", respondieron todas a la vez. "Somos las Frutas Saltarinas. ¿Eres el león hambriento?"
Leo asintió con la cabeza. "Sí, soy yo. ¿Saben dónde puedo encontrar frutas deliciosas?"
"¡Claro que sí!", dijo la fruta roja más grande. "Pero no es tan fácil como parece. Las frutas más deliciosas están escondidas en el Valle de los Ecos. Para llegar allí, tienes que superar tres pruebas."
Leo, a pesar de su hambre, sintió un poco de miedo. "¿Tres pruebas? ¿Qué tipo de pruebas?"
"La primera prueba es cruzar el Río de las Cosquillas", explicó la fruta amarilla. "El agua te hará cosquillas y no debes reírte, ¡o te caerás!"
"La segunda prueba es escalar la Montaña de los Ronquidos", intervino la fruta verde. "La montaña está llena de animales dormilones que roncan muy fuerte. ¡No debes despertarlos!"
"Y la tercera prueba es responder a la pregunta del Búho Sabio", finalizó la fruta roja. "Si respondes correctamente, te dejará pasar. Si no… ¡tendrás que volver a empezar!"
Leo respiró hondo. Estaba muy hambriento, y la idea de frutas deliciosas lo motivaba. "¡Estoy listo!", exclamó.
La primera prueba era el Río de las Cosquillas. Leo entró al agua con cuidado. ¡Oh, Dios mío! El agua era increíblemente cosquillosa. Leo sintió cosquillas en los pies, en las piernas, ¡en todo el cuerpo! Intentó no reírse, pero era muy difícil. Se mordió el labio, cerró los ojos y pensó en frutas jugosas. ¡Finalmente, logró cruzar el río sin reírse! Las Frutas Saltarinas lo animaron con entusiasmo.
La segunda prueba era la Montaña de los Ronquidos. Leo comenzó a escalar con mucho cuidado, tratando de no hacer ruido. Los animales dormían profundamente, algunos roncando como motores de avión, otros como gatitos adorables. Leo pisaba con suavidad, evitando las ramas crujientes y las piedras sueltas. ¡Por fin, llegó a la cima sin despertar a nadie! Las Frutas Saltarinas aplaudieron.
La tercera y última prueba era la pregunta del Búho Sabio. El Búho Sabio era un búho viejo y arrugado que vivía en una cueva oscura. "¿Por qué es importante compartir?", preguntó el búho con voz grave.
Leo pensó por un momento. "Compartir es importante porque hace que todos sean más felices. Si compartimos nuestras cosas, nuestros conocimientos y nuestro amor, el mundo se vuelve un lugar mejor para todos", respondió.
El Búho Sabio sonrió. "¡Respuesta correcta! Puedes pasar."
Leo y las Frutas Saltarinas entraron al Valle de los Ecos. ¡Era un paraíso de frutas! Había mangos jugosos, sandías rayadas, bananas doradas y muchas otras frutas que Leo nunca había visto. ¡Estaba tan feliz que casi llora!
Leo comió hasta que su barriga estuvo llena. Luego, recordó a los otros animales de la sabana que también tenían hambre. "Frutas Saltarinas", dijo Leo, "¿podemos llevar algunas frutas a mis amigos?"
"¡Por supuesto!", respondieron las Frutas Saltarinas. "Compartir es lo mejor que podemos hacer."
Leo y las Frutas Saltarinas recogieron muchas frutas y las llevaron a los otros animales de la sabana. Todos estaban muy agradecidos y felices. Leo aprendió que la amistad y compartir son tan importantes como tener una barriga llena.
Desde ese día, Leo el León siempre compartió sus frutas con los demás animales. Y las Frutas Saltarinas siguieron saltando y trayendo alegría a todos en la sabana. Y Leo, el león hambriento, se convirtió en Leo, el león feliz y generoso.
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