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Gratis · elegí una vozLola estaba muy emocionada. ¡Hoy era el día! Iba a la playa con su familia. Desde la ventana del coche, veía el mar azul acercarse cada vez más. ¡Qué alegría! Llevaba su traje de baño nuevo, con florecitas de colores, y en su mochila, su balde rojo y su pala amarilla. No podía esperar para empezar a jugar.
Cuando llegaron a la playa, Lola saltó del coche antes de que su mamá pudiera siquiera abrir la puerta. Corrió hacia la arena suave y cálida. ¡Era perfecta! Su papá y su mamá la siguieron, cargados con la sombrilla, la nevera y las toallas.
"¡Vamos a buscar el lugar perfecto!" exclamó Lola, con los ojos brillantes de entusiasmo.
Encontraron un lugar cerca del agua, pero no demasiado cerca para que las olas no les mojaran las toallas. El papá clavó la sombrilla en la arena y la mamá extendió las toallas. Lola, mientras tanto, ya estaba explorando el terreno. Con su balde y su pala, se sentía como una verdadera constructora.
"¡Voy a construir el castillo más grande del mundo!" anunció Lola a su familia.
Empezó llenando el balde con arena húmeda y volteándolo con cuidado para formar torres. Luego, con la pala, alisó las paredes y cavó un foso alrededor del castillo. Su papá la ayudó a recoger conchas marinas para decorar las torres y su mamá le dio ideas para hacer banderas con algas marinas.
El castillo crecía y crecía. Tenía torres altas y bajas, murallas fuertes y un foso profundo. Lola se imaginaba que era un castillo de verdad, con princesas y dragones y caballeros valientes. Le puso un nombre: "Castillo Sol y Mar".
Después de un buen rato construyendo el castillo, Lola sintió calor. El sol brillaba con fuerza y la arena quemaba un poquito los pies. "¡Tengo calor!" dijo Lola.
"¿Qué te parece si vamos a nadar un rato?" sugirió su mamá.
Lola asintió con entusiasmo. Se puso su flotador, que tenía forma de patito amarillo, y corrió hacia el agua. El agua estaba fresquita y deliciosa. Se metió poco a poco, sintiendo las olas acariciarle los pies. Su papá la cogió de la mano y la llevó más adentro.
"¡Mira, papá! ¡Estoy nadando!" gritó Lola, moviendo los brazos y las piernas con fuerza.
Nadó un buen rato con su papá, jugando con las olas y riendo a carcajadas. Su mamá los observaba desde la orilla, sonriendo al verlos disfrutar. Lola se sentía feliz y libre en el agua. El mar era tan grande y misterioso, lleno de secretos y maravillas.
Después de nadar, Lola sintió hambre. Su mamá sacó de la nevera un bocadillo de jamón y queso y un zumo de naranja. Lola se sentó en la toalla y comió con apetito. El bocadillo sabía delicioso después de tanto jugar en la arena y en el agua.
Mientras comía, Lola observó a otros niños jugando en la playa. Vio a un grupo de niños jugando al voleibol, a una niña construyendo un castillo de arena más pequeño que el suyo y a un niño buscando conchas marinas. Todos parecían estar pasándolo muy bien.
Cuando terminó de comer, Lola sintió un poco de sueño. Se acurrucó en la toalla junto a su mamá y cerró los ojos. El sol calentaba su piel y el sonido de las olas la arrullaba. Se quedó dormida en un instante, soñando con castillos de arena, patitos amarillos y un mar infinito.
Cuando despertó, el sol ya no estaba tan alto en el cielo. El papá estaba recogiendo las cosas y la mamá le estaba poniendo crema solar. La tarde estaba llegando a su fin.
"¿Nos vamos ya?" preguntó Lola, con un poco de tristeza en la voz.
"Sí, cariño, pero volveremos pronto" le respondió su mamá, dándole un beso en la frente.
Lola miró por última vez su castillo de arena. Sabía que las olas lo destruirían durante la noche, pero no le importaba. Lo había construido con amor y alegría, y eso era lo que importaba. Se despidió del "Castillo Sol y Mar" con una sonrisa.
De camino a casa, Lola se quedó dormida en el coche. Soñaba con la playa, con el sol, con el mar y con su castillo de arena mágico. Sabía que siempre recordaría este día especial con su familia. La playa era un lugar maravilloso, lleno de diversión y aventuras. Y Lola, con su balde, su pala y su flotador de patito, estaba lista para volver a explorarla muy pronto.
Al día siguiente, Lola dibujó un cuadro de su castillo de arena. Lo pintó con colores brillantes y alegres. Lo colgó en su habitación para recordarle siempre el día que construyó el "Castillo Sol y Mar". Y cada vez que lo miraba, sonreía y se sentía feliz de nuevo.
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