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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un planeta muy, muy lejano llamado Estrellita Fugaz, tres pequeños astronautas. Se llamaban Luna, Sol y Estrella. ¡Tenían solo tres añitos! Vivían en una brillante nave espacial llamada "La Sonrisa Cósmica". Era una nave muy especial, llena de botones brillantes, ventanas redondas para ver las estrellas y muchísimos juguetes espaciales.
Luna amaba los bloques de construcción espaciales. Sol adoraba los cohetes de juguete que hacían "¡Fiuuuuuum!" y Estrella era fanática de los peluches alienígenas. A pesar de que les encantaba jugar, a veces olvidaban algo muy importante: ¡mantener La Sonrisa Cósmica ordenada!
Un día, la Capitana Galaxia, una astronauta muy sabia con un casco brillante y una sonrisa aún más brillante, visitó La Sonrisa Cósmica. Venía a revisar que todo estuviera en orden para la próxima misión: ¡recolectar polvo de estrellas para hacer pastelitos cósmicos!
La Capitana Galaxia entró a la nave y… ¡Oh, no! Los bloques de Luna estaban esparcidos por todo el piso. Los cohetes de Sol estaban amontonados debajo de las ventanas. Y los peluches alienígenas de Estrella estaban… bueno, ¡estaban por todas partes! Parecía que un tornado de juguetes espaciales había pasado por allí.
La Capitana Galaxia sonrió, pero su sonrisa era un poco diferente. No era la sonrisa brillante de siempre. Era una sonrisa que decía: "Tenemos que hablar".
"Pequeños astronautas," dijo la Capitana Galaxia con voz suave, "La Sonrisa Cósmica es una nave muy importante. Necesitamos que esté ordenada para poder encontrar todo lo que necesitamos para nuestras misiones. ¿Sabían que cada uno de ustedes tiene una responsabilidad?"
Luna, Sol y Estrella se miraron con caritas preocupadas. No sabían qué era una "responsabilidad".
La Capitana Galaxia explicó: "Una responsabilidad es algo que tienes que hacer para ayudar a que todo funcione bien. Por ejemplo, Luna, tu responsabilidad es guardar tus bloques después de jugar. Sol, tu responsabilidad es recoger tus cohetes. Y Estrella, tu responsabilidad es poner a tus peluches alienígenas en su caja."
Los pequeños astronautas entendieron. Era como cuando tenían que lavarse las manos antes de comer pastelitos cósmicos. ¡Era algo importante que tenían que hacer!
La Capitana Galaxia les dio un plan. Luna tendría la tarea de recoger todos los bloques y ponerlos en su contenedor espacial. Sol se encargaría de organizar todos los cohetes en el estante de cohetes. Y Estrella reuniría a todos sus peluches alienígenas y los acomodaría en su gran caja de juguetes.
"Pero, Capitana Galaxia," dijo Luna con una vocecita, "¡es mucho trabajo!".
"Lo sé," respondió la Capitana Galaxia, "Pero si trabajan juntos, ¡será más rápido y divertido! Además, cuando terminen, ¡tendremos tiempo para leer un cuento espacial juntos!"
A Luna, Sol y Estrella les encantó la idea de un cuento espacial. Así que se pusieron manos a la obra. Luna recogió los bloques, uno por uno, y los puso en su contenedor. Sol recogió los cohetes y los organizó en el estante. Estrella reunió a sus peluches alienígenas, dándoles a cada uno un pequeño abrazo antes de meterlos en la caja.
Al principio, fue un poco difícil. Los bloques se caían, los cohetes rodaban por el suelo y los peluches alienígenas parecían querer esconderse. Pero los pequeños astronautas no se rindieron. Trabajaron juntos, ayudándose mutuamente y riendo mientras ordenaban.
Después de un rato, ¡La Sonrisa Cósmica empezó a verse mucho mejor! El piso estaba despejado, los cohetes estaban en su lugar y los peluches alienígenas estaban cómodamente acomodados en su caja. ¡La nave estaba reluciente!
La Capitana Galaxia regresó y sonrió con su sonrisa más brillante. "¡Excelente trabajo, pequeños astronautas!" dijo. "¡Han demostrado que son muy responsables! Ahora, como recompensa, ¡vamos a leer ese cuento espacial!"
Se sentaron juntos en la alfombra de la nave y la Capitana Galaxia les leyó un cuento sobre una valiente astronauta que salvó un planeta de un asteroide gigante. Luna, Sol y Estrella escucharon con atención, imaginando que ellos también eran astronautas valientes y responsables.
Desde ese día, Luna, Sol y Estrella siempre recordaron la importancia de sus responsabilidades. Sabían que mantener La Sonrisa Cósmica ordenada no solo hacía que la nave se viera mejor, sino que también les ayudaba a trabajar juntos y a ser mejores astronautas. Y así, los pequeños astronautas siguieron explorando el universo, recolectando polvo de estrellas para pastelitos cósmicos y, lo más importante, ¡siempre manteniendo La Sonrisa Cósmica ordenada!
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