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Gratis · elegí una vozÉrase una vez, en un estanque rodeado de altos juncos y flores silvestres de colores vibrantes, tres patitos que, a diferencia de sus hermanos y hermanas, no eran del todo blancos y esponjosos. Uno era un poco grisáceo, otro tenía algunas plumas marrones desordenadas, y el tercero… bueno, el tercero tenía una pluma que siempre se levantaba de forma graciosa, como un pequeño penacho. Sus nombres eran Gris, Brownie y Penacho, respectivamente.
Los otros patitos, con sus plumas impecables, no siempre eran amables. A menudo se burlaban de ellos. "¡Mira a Gris, el patito ceniza!" gritaban. "¡Y Brownie, con esas plumas sucias!" se reían. Y Penacho, bueno, Penacho simplemente recibía miradas de desaprobación por su pluma rebelde.
Un día, mientras los tres patitos "feos" se alejaban de un juego de persecución en el que nadie quería jugar con ellos, llegaron a la parte más alejada del estanque. Allí, entre las hojas de nenúfares, vieron algo increíble: ¡un brillo misterioso que emanaba del agua!
"¿Qué es eso?" preguntó Gris, tímidamente.
Brownie, siempre el más aventurero, se acercó cautelosamente. "No lo sé, pero parece… mágico".
Penacho, con su pluma ondeando emocionadamente, añadió: "¡Tenemos que investigar!"
Así que, juntos, los tres patitos se aventuraron hacia el brillo. A medida que se acercaban, se dieron cuenta de que el brillo provenía de un pequeño remolino en el agua. Dentro del remolino, flotaban pequeñas partículas brillantes, como polvo de estrellas.
De repente, una voz suave resonó a su alrededor. "Bienvenidos, pequeños patitos. Soy la Guardiana del Estanque Brillante".
Los tres patitos se sobresaltaron. No podían ver a nadie.
"¿Quién eres? ¿Dónde estás?" preguntó Brownie, mirando a su alrededor.
"Estoy en todas partes y en ninguna," respondió la voz. "He visto cómo os tratan los otros patitos. He visto vuestra tristeza. Y he visto vuestra bondad".
"¿Bondad?" preguntó Gris, sorprendido.
"Sí," dijo la Guardiana. "A pesar de que os han hecho sentir diferentes, siempre habéis sido amables los unos con los otros, y con todos los demás seres vivos del estanque. Esa es una cualidad muy especial".
La Guardiana les explicó que el Estanque Brillante era un lugar mágico, lleno de energía positiva. Les dijo que si deseaban algo con el corazón, el estanque podría concedérselo, pero solo si su deseo era puro y desinteresado.
Los tres patitos se miraron. ¿Qué debían desear?
Gris pensó en desear tener plumas blancas y brillantes, como los otros patitos. Brownie pensó en desear ser más rápido y fuerte, para poder ganar todos los juegos. Penacho pensó en desear que su pluma se quedara quieta y no llamara tanto la atención.
Pero entonces, Gris tuvo una idea. "Guardiana," dijo, "no queremos desear nada para nosotros mismos. Deseamos que todos los patitos del estanque puedan ver la belleza en las diferencias de los demás".
Brownie y Penacho asintieron con entusiasmo. ¡Eso era! ¡Eso era lo que realmente querían!
La Guardiana del Estanque Brillante se sintió conmovida por su noble deseo. "Vuestro deseo es puro y hermoso," dijo. "Será concedido".
En ese instante, una ola de luz cálida envolvió a los tres patitos. No cambiaron físicamente, pero algo sí cambió. De repente, sintieron una confianza y una alegría que nunca antes habían experimentado.
Corrieron de vuelta hacia los otros patitos. Al principio, los otros patitos se burlaron de ellos como siempre. Pero esta vez, Gris, Brownie y Penacho no se dejaron afectar. Sonrieron y les invitaron a jugar.
Para su sorpresa, algunos de los otros patitos aceptaron. Y mientras jugaban, se dieron cuenta de algo: Gris era muy bueno encontrando lugares para esconderse, gracias a su color grisáceo. Brownie era increíblemente resistente y nunca se rendía. Y Penacho, con su pluma ondeando al viento, era un líder nato que animaba a todos.
Poco a poco, los otros patitos comenzaron a ver la belleza en las diferencias de Gris, Brownie y Penacho. Se dieron cuenta de que lo que los hacía "feos" era en realidad lo que los hacía especiales.
Y así, los tres patitos (no tan) feos se convirtieron en los patitos más queridos del estanque. Aprendieron que la verdadera belleza reside en el interior, y que las diferencias son lo que nos hacen únicos y valiosos. Y el Estanque Brillante siguió brillando, recordándoles a todos que la bondad y la aceptación son las cualidades más importantes de todas.
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