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Gratis · elegí una vozÉrase una vez, en una laguna rodeada de juncos altos y flores silvestres de colores, vivía una pata llamada Mamá Pata con sus cinco patitos: Pipí, Pompo, Popi, Pupu y Patito. A Pipí le encantaba nadar, a Pompo le gustaba comer algas, Popi siempre cantaba canciones, Pupu coleccionaba piedritas brillantes y Patito… bueno, Patito era un poco tímido y le gustaba observar.
Un día, Mamá Pata anunció: “¡Hoy iremos al Bosque Encantado! He oído que allí crecen las bayas más deliciosas del mundo”. Los patitos chillaron de alegría. ¡Nunca habían ido al Bosque Encantado!
Pero, al poco tiempo, el cielo se cubrió de nubes grises y gordas. ¡Empezó a llover! Las gotas caían como canicas sobre el agua de la laguna. Mamá Pata frunció el ceño. “¡Qué desastre! No podemos ir al Bosque Encantado con esta lluvia”.
Los patitos se sintieron muy tristes. Pipí dejó de chapotear, Pompo dejó de comer algas, Popi dejó de cantar. Pupu, incluso, dejó caer una piedrita brillante que acababa de encontrar.
Patito, que siempre observaba todo, recordó algo. “¡Mamá! ¡El Abuelo Pato nos regaló botas y paraguas a cada uno!”. Mamá Pata se sorprendió. ¡Era verdad! El Abuelo Pato, un pato muy sabio y previsor, les había regalado botas de goma de colores brillantes y pequeños paraguas a juego, justo antes de emigrar al sur. Los regalos estaban guardados en un viejo baúl en el cobertizo.
Corrieron al cobertizo y abrieron el baúl. ¡Allí estaban! Las botas eran de todos los colores imaginables: rojas, amarillas, azules, verdes y naranjas. Los paraguas eran igual de coloridos, con dibujos de flores, estrellas y hasta pequeños patitos.
Cada patito eligió sus botas y su paraguas. Pipí eligió las botas azules y el paraguas con estrellas, Pompo eligió las botas verdes y el paraguas con flores, Popi eligió las botas amarillas y el paraguas con notas musicales, Pupu eligió las botas rojas y el paraguas con piedritas brillantes, y Patito, con un poco de timidez, eligió las botas naranjas y el paraguas con pequeños patitos.
Mamá Pata también se puso sus botas de goma favoritas, unas botas moradas con lunares blancos, y sacó su gran paraguas a rayas. “¡Muy bien, patitos valientes! ¡Si estamos bien equipados, la lluvia no nos detendrá! ¡Vamos al Bosque Encantado!”.
Así, los patitos con botas y paraguas salieron de la laguna. La lluvia seguía cayendo, pero a ellos no les importaba. Sus botas chapoteaban alegremente en los charcos, y sus paraguas los protegían de la lluvia. Cantaban y reían mientras caminaban hacia el Bosque Encantado.
El camino al bosque era un poco resbaladizo, pero los patitos se ayudaban unos a otros. Pipí, el nadador, ayudaba a Pompo, el comilón, a no resbalar. Popi, el cantante, animaba a Pupu, el coleccionista, con sus canciones. Y Patito, que antes era tímido, se sentía valiente con sus botas naranjas y su paraguas de patitos, y ofrecía su ayuda a quien la necesitara. Mamá Pata, orgullosa de sus pequeños, los guiaba con su gran paraguas a rayas.
Cuando llegaron al Bosque Encantado, ¡era aún más hermoso de lo que habían imaginado! Los árboles estaban cubiertos de hojas verdes brillantes, y las flores silvestres brillaban con la lluvia. Y, lo más importante, ¡había bayas deliciosas por todas partes! Bayas rojas, bayas azules, bayas moradas… ¡de todos los colores y sabores!
Los patitos se pusieron a comer bayas con entusiasmo. Pipí probó las bayas azules y dijo que sabían a cielo. Pompo probó las bayas verdes y dijo que sabían a algas dulces. Popi probó las bayas rojas y cantó una canción de alegría. Pupu probó las bayas moradas y las guardó en su bolsillo para coleccionarlas. Y Patito, con una gran sonrisa, probó todas las bayas y dijo que todas eran deliciosas.
Mamá Pata los observaba con cariño. Estaba muy orgullosa de sus patitos valientes, que no se habían dejado vencer por la lluvia. Habían aprendido que, con la actitud correcta y el equipo adecuado, ¡cualquier aventura es posible!
Después de comer muchas bayas y jugar en el Bosque Encantado, los patitos regresaron a la laguna, cansados pero felices. Se quitaron las botas y los paraguas, y los guardaron en el baúl, listos para la próxima aventura.
A la noche, mientras dormían acurrucados junto a Mamá Pata, soñaron con botas de colores, paraguas brillantes y el delicioso sabor de las bayas del Bosque Encantado. Y soñaron, sobre todo, con la valentía que habían descubierto en sí mismos aquel día lluvioso.
Desde entonces, los patitos nunca más temieron la lluvia. Sabían que, con sus botas y paraguas, ¡podían enfrentarse a cualquier clima y vivir las aventuras más emocionantes! Y Patito, el patito tímido, se convirtió en el más valiente de todos.
Fin.
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