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Gratis · elegí una vozÉrase una vez, en un bosque verde y juguetón, tres cerditos hermanos: Pipo, Pepe y Paco. Pipo era el más pequeño y le encantaba jugar; Pepe era mediano y prefería dormir la siesta; y Paco, el mayor, era muy trabajador y siempre pensaba en el futuro. Un día, su mamá cerdita les dijo: "Hijitos míos, ya sois grandes. Es hora de que construyáis vuestras propias casas."
Pipo, Pepe y Paco se despidieron de su mamá con un abrazo y partieron hacia el bosque. Pipo, con mucha prisa por volver a jugar, decidió construir su casa de paja. ¡Era tan fácil y rápido! En un abrir y cerrar de ojos, su casita estaba lista. Pepe, un poco más lento, pensó que la madera sería una buena opción. Era más resistente que la paja, pero aún no requería demasiado esfuerzo. Construyó su casa de madera en una tarde, y luego se echó una larga siesta bajo un árbol. Paco, el más prudente, sabía que debían protegerse del lobo feroz que vivía en el bosque. Así que, con paciencia y dedicación, comenzó a construir su casa de ladrillo. Trabajó día tras día, colocando cada ladrillo con cuidado.
Mientras tanto, el lobo feroz, que en realidad se llamaba Lorenzo y estaba un poco constipado, andaba merodeando por el bosque. Lorenzo no era malvado de corazón, pero tenía mucha hambre y un resfriado que le hacía sonar la nariz muy fuerte. Vio la casa de paja de Pipo y pensó: "¡Qué fácil será derribar esta casita! ¡Y qué rico estará ese cerdito!" Se acercó a la casa y, con una voz ronca por el resfriado, dijo: "¡Cerdito, cerdito, ábreme la puerta!" Pipo, asustado, gritó: "¡No, no te abriré!" Lorenzo, tosiendo un poco, sopló y sopló con todas sus fuerzas. La casita de paja se vino abajo en un instante, y Pipo corrió a refugiarse en la casa de madera de Pepe.
Lorenzo, con la nariz roja y goteando, siguió a Pipo hasta la casa de Pepe. "¡Cerditos, cerditos, ábranme la puerta!", gritó con su voz ronca. Pepe, despertando de su siesta, y Pipo, temblando de miedo, respondieron al unísono: "¡No, no te abriremos!" Lorenzo, aunque constipado, era un lobo fuerte. Sopló y sopló con aún más fuerza que antes. La casa de madera tembló, crujió, y finalmente, se derrumbó. Pipo y Pepe, aterrorizados, corrieron a la casa de ladrillo de Paco.
Paco, al ver llegar a sus hermanos corriendo, los hizo entrar rápidamente y cerró la puerta con llave. Lorenzo, cada vez más resfriado y hambriento, llegó frente a la casa de ladrillo. "¡Cerditos, cerditos, ábranme la puerta!", gritó con su voz más ronca que nunca. Paco, con valentía, respondió: "¡No, lobo, no te abriremos! ¡Esta casa es fuerte y no podrás derribarla!" Lorenzo sopló y sopló, pero la casa de ladrillo ni siquiera se inmutó. Sopló una y otra vez, cada vez con menos fuerza, hasta que se quedó sin aliento y con la nariz aún más roja. Estaba tan constipado que casi no podía respirar.
Cansado y frustrado, Lorenzo tuvo una idea. Vio una chimenea en el techo de la casa y pensó: "¡Entraré por la chimenea!" Comenzó a escalar el techo, tosiendo y estornudando a cada paso. Dentro de la casa, Paco, que había estado observando al lobo, tuvo una idea brillante. Encendió el fuego en la chimenea y puso una olla grande con agua a hervir.
Lorenzo, al descender por la chimenea, sintió el calor del fuego y el vapor del agua hirviendo. ¡Ay! Dio un grito ahogado y cayó directamente dentro de la olla con agua caliente. El agua no estaba hirviendo lo suficiente para lastimarlo gravemente, pero sí lo suficiente para darle un buen susto y aliviar su congestión nasal. Lorenzo salió de la olla tosiendo y estornudando, pero esta vez, ¡con menos mocos!
Asustado y escaldado, Lorenzo salió corriendo de la casa y se fue del bosque, prometiendo no molestar nunca más a los cerditos. Pipo, Pepe y Paco aprendieron una valiosa lección: que es importante ser trabajador y previsor, y que juntos pueden superar cualquier obstáculo. Además, Paco le preparó a Lorenzo una sopa caliente con miel y limón para su resfriado. Lorenzo, agradecido, se disculpó por su comportamiento y se hicieron amigos. Y así, los tres cerditos y el lobo constipado vivieron felices para siempre en el bosque.
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