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Gratis · elegí una vozEn mi familia somos cuatro personas: mamá, papá, Lucas y yo. Yo me llamo Manuel y soy el mayor. Ya tengo siete años, ¡casi ocho!, y mi hermano Lucas solo tiene cuatro.
Mi hermano Lucas no es como todos los otros niños. Ya tiene cuatro años, pero todavía no ha aprendido a hablar y no se puede jugar mucho con él. Mamá y papá me explicaron que eso es porque Lucas tiene autismo.
Tener autismo significa que hay algunas cosas que te cuestan mucho aprenderlas, como cuando algo te resulta muy difícil y no sabes cómo hacerlo. Por eso, Lucas, que ya tiene cuatro años y tiene autismo, todavía no sabe hablar. Y por eso tampoco puede venir a mi cole. Lucas necesita a una profesora que le enseña más despacio, lo que para él es más difícil.
Cuando yo les pregunté a mamá y a papá por qué Lucas tenía autismo, ellos me explicaron que había nacido así. Entonces yo quise saber más cosas y les hice muchas preguntas.
Mamá y papá me contaron que cada niño es diferente. ¿Hay niños altos? ¡Sí! ¿Hay niños gorditos? ¡También! ¿Hay niños con gafas? ¡Claro que sí! ¿Hay niños rubios? ¡Un montón! También me dijeron que cada niño sabía hacer bien algunas cosas: tocar el violín, pintar, leer…
Aunque haya otras que les salga un poco peor. Hay niños que no saben atarse los cordones, o que no saben dar volteretas, o que no saben colorear. Y a Lucas también le pasa eso. Todavía no sabe hablar. Pero sabe hacer puzzles muy difíciles, ¡de muchísimas piezas! Es el rey de los puzzles.
Algunas veces Lucas se enfada y llora mucho, y a mí no me gusta que haga eso porque no entiendo qué es lo que quiere. Mamá y papá me explicaron que hace eso porque todavía no sabe decir lo que le pasa de otro modo.
Por eso, como Lucas todavía no sabe hablar y no entiende bien las cosas, todos le hablamos muy despacio y con pocas palabras para que pueda entendernos bien. Además, hemos puesto muchas fotos y dibujos en la pared de nuestra habitación.
Hay fotos de nuestro coche, del sillón del salón, del cuarto de baño… Así es como le explicamos a Lucas qué vamos a hacer cada día y qué toca hacer en cada momento. Por ejemplo, una foto de la bañera significa que es hora del baño. Una foto de la mesa con un plato significa que es hora de comer.
A mí me gustaría poder jugar a más cosas con Lucas, pero casi nunca nos gustan los mismos juguetes. A mí me gusta jugar al fútbol y al escondite. Y a Lucas le gusta jugar con las pompas y las canicas. Pero sin embargo, ¡hay muchas cosas que sí podemos hacer juntos!
Comer palomitas porque a los dos nos encanta ver películas de vídeo, y nadar en la piscina. A Lucas le encanta chapotear y salpicar agua. Yo le hago cosquillas en la barriga y él se ríe mucho. Su risa es mi sonido favorito del mundo.
Un día, fui a la escuela y la maestra nos pidió que dibujáramos a nuestra familia. Yo dibujé a mamá, a papá, a Lucas y a mí. Cuando terminé, le mostré mi dibujo a mi mejor amigo, Pablo.
Pablo me preguntó por qué Lucas no hablaba en el dibujo. Le expliqué que Lucas tiene autismo y que le cuesta hablar. Pablo frunció el ceño y me dijo: "¿Eso es malo?".
"No", le dije. "Es solo que Lucas es diferente. Todos somos diferentes en algo, ¿verdad? A ti se te da genial dibujar, pero a mí se me da mejor el fútbol. A Lucas se le dan genial los puzzles, ¡muchísimo mejor que a mí!".
Pablo sonrió. "Tienes razón", dijo. "Todos somos buenos en algo distinto".
Esa tarde, invité a Pablo a mi casa para que conociera a Lucas. Al principio, Pablo estaba un poco nervioso, pero pronto se dio cuenta de que Lucas era un niño muy divertido. Jugaron juntos con las canicas y las pompas, y Pablo incluso intentó ayudar a Lucas con un puzzle. Aunque Lucas no hablaba mucho, Pablo pudo ver que estaba feliz de tener compañía.
Después de que Pablo se fue, le pregunté a Lucas si le había gustado jugar con Pablo. Lucas me miró y sonrió. Luego, señaló una foto de Pablo en la pared. Eso fue su manera de decir que sí.
Esa noche, antes de acostarme, le di un abrazo a Lucas. "Eres el mejor hermano del mundo, Lucas", le dije. "Y aunque seas diferente, te quiero muchísimo".
Lucas me abrazó fuerte y me dio un beso en la mejilla. No dijo nada, pero supe que él también me quería. Lucas es mi hermano y tiene autismo, y yo le quiero muchísimo. Y ahora, también tiene un nuevo amigo que entiende que ser diferente no significa ser peor, ¡solo significa ser único!
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