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Sofía despertó. No estaba en su cama. No estaba en su habitación. ¡Estaba rodeada de cráteres y polvo gris! Se sentó, frotándose los ojos. ¿Dónde estaba? Miró hacia arriba y vio algo familiar: ¡la Tierra! ¡Estaba en la Luna!
"¡Oh, no! ¡Cómo llegué aquí?", se preguntó Sofía en voz alta. Recordaba haberse dormido abrazando a su oso de peluche, Tito. Tito no estaba con ella ahora. Tenía un vestido de dormir rosa con lunares y zapatillas con forma de conejito. Miró a su alrededor, esperando ver a alguien, pero solo había rocas y silencio. Un silencio lunar, pensó, muy diferente al silencio de su habitación, interrumpido por el ronroneo de su gato, Misi.
Sofía se levantó y comenzó a caminar. La Luna era muy extraña. Saltaba un poco con cada paso, como si estuviera en un trampolín gigante. "¡Tengo que volver a casa!", se dijo. "Mamá estará preocupada, y Tito me extrañará".
Después de caminar un rato, vio algo brillante a lo lejos. Era una pequeña nave espacial, ¡de color rosa chicle! Se acercó con cautela. La nave tenía una puerta abierta, y dentro, un panel lleno de botones y luces parpadeantes.
"¡Hola! ¿Hay alguien ahí?", gritó Sofía. No hubo respuesta. Dudó un momento, luego entró en la nave. Los botones parecían muy complicados, pero uno llamó su atención. Era un botón grande, rojo y brillante con una etiqueta que decía: "¡A Casa!".
"¡Este debe ser!", pensó Sofía. Cerró los ojos, respiró hondo y presionó el botón. La nave espacial tembló y comenzó a vibrar. Las luces parpadearon más rápido, y un ruido fuerte llenó la cabina. Sofía se asustó, pero mantuvo el botón presionado.
De repente, la nave espacial despegó. Se elevó por encima de la superficie lunar, dejando una nube de polvo gris atrás. Sofía miró por la ventana y vio la Tierra haciéndose más grande. Estaba emocionada, ¡estaba volviendo a casa!
El viaje fue corto y movido. Sofía se aferró a su asiento con fuerza. Finalmente, la nave espacial aterrizó con un golpe suave. La puerta se abrió, y Sofía salió corriendo. Se encontró en un lugar muy extraño. Era un parque lleno de árboles altos y flores de colores brillantes. Nunca había visto un parque así.
"¡Este no es mi barrio!", exclamó Sofía. Empezó a caminar, buscando algo familiar. De repente, escuchó una voz suave. "¿Estás perdida, pequeña?"
Sofía se giró y vio a una anciana sentada en un banco. La anciana tenía el pelo blanco y una sonrisa amable. "Sí, señora. Estaba en la Luna, ¡y luego esta nave espacial me trajo aquí!", dijo Sofía.
La anciana sonrió. "¿La Luna, dices? ¡Qué aventura! Este es el Parque de los Deseos. Está un poco lejos de tu casa, pero puedo ayudarte a volver".
La anciana sacó un pequeño silbato de su bolsillo y sopló. Un momento después, un taxi volador rosa aterrizó frente a ellas. "Este te llevará a casa sana y salva", dijo la anciana.
Sofía subió al taxi volador. El taxista era un conejo azul con un sombrero de copa. "¿A dónde, señorita?", preguntó el conejo.
"A la calle de las Estrellas, número 7", respondió Sofía.
El taxi volador despegó y se dirigió hacia el cielo. En poco tiempo, Sofía vio su casa. Se bajó del taxi y corrió hacia la puerta. La abrió de golpe y gritó: "¡Mamá! ¡Ya estoy aquí!"
Su mamá corrió a abrazarla. "¡Sofía! ¡Estaba tan preocupada! ¿Dónde estabas?"
"¡Estaba en la Luna!", dijo Sofía, "y luego en el Parque de los Deseos, ¡y luego un taxi volador me trajo a casa!"
Su mamá sonrió y la abrazó con fuerza. "Ya, ya. Lo importante es que estás aquí".
Sofía corrió a su habitación y encontró a Tito, su oso de peluche, esperándola en la cama. Lo abrazó con fuerza. "¡Te extrañé mucho, Tito!", le susurró.
Esa noche, Sofía se durmió en su propia cama, con Tito a su lado. Soñó con la Luna, la nave espacial rosa, el Parque de los Deseos y el conejo azul con sombrero de copa. Sabía que había tenido una aventura increíble, pero estaba muy feliz de estar de vuelta en casa. Y aunque la Luna era un lugar fascinante, no había lugar como su propia camita.
Al día siguiente, Sofía buscó en su libro de astronomía un capítulo sobre el Parque de los Deseos, pero no lo encontró. Tampoco encontró nada sobre taxis voladores rosas conducidos por conejos azules. Tal vez todo había sido un sueño, pensó. Pero cuando miró por la ventana, vio un pequeño brillo rosa en el cielo nocturno. ¡Era la Luna, y Sofía le guiñó un ojo! Quizás la aventura no había terminado después de todo.
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