Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozLuna era una niña muy curiosa. Le encantaba explorar cada rincón de su casa y siempre estaba buscando tesoros escondidos. Un día, mientras buscaba sus crayones perdidos debajo de su cama, ¡encontró algo mucho más emocionante! Era un zapato. Pero no era un zapato cualquiera. Este zapato era dorado, brillante y ¡tenía una estrellita que parpadeaba en el talón! La estrellita parecía guiñarle un ojo.
—¿De quién será este zapato tan especial? —se preguntó Luna en voz alta, examinando el zapato con sus grandes ojos marrones. Lo giró y lo miró por todos lados. Era pequeño, justo de su talla, pero mucho más deslumbrante que cualquiera de sus zapatillas.
De pronto, ¡el zapato habló! Sí, ¡habló! Luna casi se cae de la sorpresa.
—Soy un zapato mágico —dijo el zapato con una voz suave y melodiosa, como el sonido de campanitas—. Y puedo llevarte a donde tú quieras. A cualquier lugar que imagines.
Luna abrió los ojos aún más grandes. ¡No podía creer lo que estaba escuchando! Un zapato que habla y que puede llevarla a cualquier parte. Esto era mucho mejor que encontrar sus crayones.
—¿A donde yo quiera? —preguntó Luna, con la voz temblorosa de emoción.
—Sí —respondió el zapato, con una pequeña risita que hizo que la estrellita parpadeara más rápido—. Solo tienes que decir las palabras mágicas: “¡Zapato, zapato, llévame a otro lado!” Y ¡zaz!, te encontrarás en el lugar de tus sueños.
Luna respiró hondo para calmar sus nervios y se puso el zapato dorado. Le quedaba perfecto. Luego, cerró los ojos, pensó en el lugar más increíble que podía imaginar y dijo con voz clara:
—¡Zapato, zapato, llévame a otro lado!
En un segundo, ¡zaz! Un destello de luz dorada envolvió a Luna. Cuando abrió los ojos, ¡no podía creer lo que veía! Ya no estaba en su habitación. Estaba en un bosque. Pero no era un bosque normal y corriente. Este bosque estaba lleno de árboles de colores: rojos brillantes, rosados suaves, azules cielo y verdes esmeralda. Era como si alguien hubiera pintado el bosque con un arcoíris. Los pajaritos cantaban melodías graciosas y alegres, como si estuvieran contando chistes. El aire olía a flores dulces y a algodón de azúcar.
Luna caminó entre los árboles de colores, maravillada con cada detalle. Vio mariposas con alas de cristal y ardillas con colas de arcoíris. De repente, se encontró con un conejito blanco con un chaleco a cuadros.
—Hola —dijo el conejo, inclinándose con una pequeña reverencia—. Bienvenida al Bosque de los Colores. ¿Quieres jugar a saltar?
Luna sonrió. Le encantaba saltar.
—¡Sí, quiero! —respondió Luna, emocionada.
El conejito la guio hasta un claro donde había charquitos de colores. Pero estos charquitos no eran como los charquitos normales. Estos no mojaban. Cuando saltabas sobre ellos, hacían “¡plop!” y salían burbujas de todos los colores del arcoíris.
Luna y el conejito jugaron a saltar charquitos de colores durante un buen rato. Se reían y se perseguían entre los árboles de colores. Luna nunca se había divertido tanto. Pero después de un rato, empezó a sentir un poco de nostalgia de su casa y de su mamá.
—Conejo, gracias por jugar conmigo —dijo Luna—. Pero creo que quiero volver a casa.
El conejito le dio un fuerte abrazo y le dijo:
—Vuelve cuando quieras. El Bosque de los Colores siempre estará aquí para ti.
Luna se despidió del conejito y pensó en su habitación, en su cama y en su mamá. Luego, miró al zapato dorado y dijo:
—Zapato mágico, quiero volver a casa.
El zapato brilló con más intensidad que antes, y en un parpadeo, Luna apareció de nuevo en su cuarto. Todo estaba igual que antes. Sus crayones estaban tirados en el suelo, su cama estaba desordenada y sus juguetes estaban esparcidos por todas partes. Miró el zapato para agradecerle por la maravillosa aventura, pero el zapato ya no estaba. ¡Había desaparecido! Solo quedó una pequeña estrellita brillante en el suelo, justo donde había estado el zapato.
Luna recogió la estrellita y la guardó en su bolsillo. Sabía que esa estrellita era un recuerdo del zapato mágico y de su increíble aventura en el Bosque de los Colores. Luna sonrió.
—Tal vez el zapato vuelva cuando quiera vivir otra aventura —pensó Luna, llena de ilusión. Y mientras tanto, tenía la estrellita para recordarle que la magia existe y que las aventuras pueden estar a la vuelta de la esquina, ¡o debajo de la cama!
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