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Gratis · elegí una vozLupita, una niña con coletas color sol y un vestido lleno de margaritas, estaba jugando en el Bosque Encantado con sus mejores amigos: Tomás, el ardilla saltarina; Sofía, la mariposa de alas brillantes; y Mateo, el caracol curioso. El bosque era un lugar mágico, lleno de árboles gigantes que susurraban secretos al viento, flores que cantaban melodías suaves y arroyos cristalinos donde nadaban peces de colores.
Ese día, estaban jugando a las escondidas. Lupita cerró los ojos, contó hasta cien, ¡uno, dos, tres…! y luego gritó: "¡Allá voy!" Empezó a buscar a sus amigos detrás de los árboles, entre las rocas cubiertas de musgo y debajo de las enormes hojas de los helechos. No encontró a Tomás, ni a Sofía, ni a Mateo. Los llamó a gritos: "¡Tomás! ¡Sofía! ¡Mateo! ¿Dónde estáis?" Su voz resonó en el bosque, pero solo obtuvo el silencio como respuesta.
Lupita se sintió un poco preocupada. ¿Se habrían perdido? ¿Les habría pasado algo? Caminó un poco más, llamándolos con más fuerza: "¡Tomás! ¡Sofía! ¡Mateo! ¡Por favor, responded!" El sol brillaba con fuerza y el aire era cálido. Lupita se sentó a la sombra de un gran árbol, sintiéndose cansada. El suave zumbido de las abejas y el murmullo del arroyo la arrullaron. Sin darse cuenta, cerró los ojos y se quedó dormida.
Mientras Lupita dormía, Tomás, Sofía y Mateo, después de esconderse muy bien y ver que Lupita no los encontraba, decidieron cambiar de juego. Pensaron que Lupita se había cansado de buscar y que estaría esperando en el claro del bosque, donde siempre se reunían para merendar. Así que, sin despertarla, se dirigieron al claro.
En el claro, encontraron una enorme pila de hojas secas. A Tomás, con su espíritu aventurero, se le ocurrió una idea genial: ¡hacer un tobogán de hojas! Sofía, con sus alas brillantes, voló hasta la cima de la pila y empezó a organizarlas. Mateo, con su paso lento pero constante, se encargó de apilar más hojas desde el suelo. Entre los tres, construyeron un tobogán de hojas espectacular.
Cuando terminaron, empezaron a jugar. Tomás se lanzó primero, gritando de alegría mientras se deslizaba por las hojas. Sofía lo siguió, dejando un rastro de polvo de hadas a su paso. Mateo, con un poco de ayuda de sus amigos, también se atrevió a lanzarse, aunque a él le costó un poco más. Se reían a carcajadas, disfrutando del juego y del sol.
De pronto, Lupita se despertó. Se sintió un poco desorientada al principio. ¿Dónde estaba? ¿Cuánto tiempo había dormido? Rápidamente recordó que estaba buscando a sus amigos. Se levantó de un salto y volvió a llamarlos: "¡Tomás! ¡Sofía! ¡Mateo!" Esta vez, escuchó algo diferente. Escuchó risas. Risas alegres y contagiosas. Siguió el sonido hasta llegar al claro del bosque.
Allí los vio. Tomás, Sofía y Mateo, jugando felices en el tobogán de hojas. Lupita se quedó mirándolos, un poco confundida. ¿Por qué no la habían esperado? ¿Por qué no la habían buscado? Se sintió un poco triste y un poco enfadada.
Tomás, al ver a Lupita, gritó: "¡Lupita! ¡Despertaste! ¡Mira lo que hemos construido! ¡Un tobogán de hojas!" Sofía voló hacia ella, revoloteando a su alrededor y diciéndole: "¡Ven, Lupita, es muy divertido! ¡Te va a encantar!" Mateo, con su voz suave, le dijo: "Lo sentimos, Lupita, no queríamos dejarte atrás. Pensamos que estabas cansada y querías descansar."
Lupita, al ver la alegría en los ojos de sus amigos y escuchar sus disculpas, entendió lo que había pasado. Se había quedado dormida y ellos, sin querer molestarla, habían seguido jugando. La tristeza y el enfado se esfumaron, reemplazados por una sonrisa.
"¡Está bien!" dijo Lupita. "¡Yo también quiero jugar!" Y sin pensarlo dos veces, se lanzó al tobogán de hojas, riendo a carcajadas junto a sus amigos. Jugaron durante horas, hasta que el sol empezó a esconderse detrás de los árboles.
Cuando llegó la hora de volver a casa, Lupita, Tomás, Sofía y Mateo se despidieron con un abrazo. Lupita aprendió una valiosa lección ese día: a veces, las cosas no son lo que parecen y es importante escuchar a los demás antes de sacar conclusiones. Y también aprendió que una siesta inesperada en el Bosque Encantado puede llevar a una gran aventura.
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