Cuento corto para niños

Manguito, el Gatito Goloso y la Tarta Desaparecida

Manguito es un gatito muy goloso que vive con Sofía. Un día, Sofía prepara una tarta de fresas, y Manguito, tentado, la devora toda a escondidas. Se enferma, pero Sofía lo cuida hasta que se recupera y aprende a comer solo su comida para gatos.

A partir de: HABIA UNA VEZ UN GATITO LLAMADO MANGUITO QUE VIVIA EN UNA CASA GRANDE CON UN HERMOSO JARDIN LLENO DE FLORES Y ARBLOLES FRUTALES. Manguito era un gatito pequeño, de pelaje anaranjado como un mango maduro y unos ojos verdes brillantes como esmeraldas. Pero lo que más destacaba de Manguito era su apetito insaciable. ¡Manguito era un comelón de primera! Podía devorar un plato de leche en un abrir y cerrar de ojos, y siempre estaba buscando un bocado extra. Vivía con Sofia, una niña de ocho años que lo adoraba. Sofía siempre se aseguraba de que Manguito tuviera su plato lleno de comida para gatos, pero a Manguito eso no le bastaba. Siempre andaba husmeando por la casa, buscando algo más que comer. Un día, Sofía estaba preparando una tarta de fresas para el cumpleaños de su abuela. La cocina olía delicioso, a fresas frescas y crema batida. Manguito, por supuesto, estaba muy interesado. Se sentó al lado de Sofía, observándola con sus grandes ojos verdes, esperando que algo cayera al suelo. "Manguito, ¡no puedes comerte la tarta!" le dijo Sofía, riendo. "Es para la abuela." Manguito maulló tristemente, frotándose contra la pierna de Sofía. Sofía le dio una pequeña caricia en la cabeza. "Ya te daré un poco de tu comida para gatos después", le prometió. Sofía terminó de preparar la tarta y la puso en la nevera para que se enfriara. Manguito observó todo el proceso con atención. Una vez que Sofía se fue a jugar, Manguito se acercó sigilosamente a la nevera. "Miau...", murmuró Manguito, mirando hacia arriba a la nevera. Era alta y grande, un verdadero desafío para un gatito pequeño como él. Pero Manguito estaba decidido. La tarta de fresas olía demasiado bien como para resistirse. Comenzó a trepar por la nevera, usando sus afiladas garras para agarrarse. Subió, subió y subió, hasta que llegó a la parte superior. Desde allí, podía ver la tarta a través de la puerta de la nevera. ¡Se veía deliciosa! Pero, ¿cómo iba a abrir la nevera? Manguito intentó empujar la puerta con su cabeza, pero no se movió ni un milímetro. Intentó arañar la manija, pero sus garras resbalaron. Estaba frustrado. De repente, tuvo una idea. Manguito saltó al suelo y comenzó a maullar fuerte y desesperadamente. Sofía, que estaba jugando en el salón, escuchó los maullidos de Manguito y corrió a la cocina. "¿Qué pasa, Manguito?" preguntó Sofía, preocupada. Manguito corrió hacia la nevera y comenzó a arañar la puerta. Sofía entendió de inmediato lo que Manguito quería. "¡Oh, Manguito! ¿Quieres un poco de tarta?" preguntó Sofía, riendo. Manguito maulló afirmativamente, frotándose contra la pierna de Sofía. Sofía abrió la nevera y sacó la tarta y la deja en la mesa para llevarla donde su abuelita . Luego en vez de darle una rebanada de pastel a Manguito, sacó un poco de su comida para gatos. "Aquí tienes, Manguito", le dijo Sofía. "Esto es mucho mejor para ti. La tarta tiene demasiado azúcar." Manguito miró la comida para gatos, luego miró la tarta en la mesa . Parecía decepcionado, pero comenzó a comer su comida. Mientras comía, Sofía le acarició la cabeza. "Eres un gatito muy goloso, Manguito", le dijo. "Pero tienes que comer comida para gatos para estar sano y fuerte." Manguito ronroneó, disfrutando de las caricias de Sofía. Sabía que Sofía tenía razón. Aunque la tarta de fresas olía deliciosa, una vez que sofia se fue dejo la tarta encima de la mesa y manguito como no se había saciado la devoro toda, luego se fue a dormir un rato y luego cuando se despertó salió a jugar al jardín donde estaba su amigo señor conejo y señor pajaro y las maripositas que revoloteaban pero manguito no era el de antes no se veía feliz estaba triste mientras sus amigos se burlaban porque le dolia la panzita como maguito comenzó a maullar muy fuerte sofia lo escucho y vio que se habia comido todo el pastel y como veía mal lo llevo al veterinario para que lo curen y el veterinario le dio medicamentos y lo inyecto le dijo que sofia que reposara y que comiera solo su comida para gatos sofia lo cuido hasta que se curo y luego manguito salió a jugar al jardín a perseguir a las mariposas y jugar con sus amigos sofia esta muy feliz de verlo asi nuevamente.

Empezar a leer ↓Publicado el 14/04/2026

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HABIA UNA VEZ UN GATITO LLAMADO MANGUITO QUE VIVIA EN UNA CASA GRANDE CON UN HERMOSO JARDIN LLENO DE FLORES Y ARBLOLES FRUTALES.

Manguito era un gatito pequeño, de pelaje anaranjado como un mango maduro y unos ojos verdes brillantes como esmeraldas. Pero lo que más destacaba de Manguito era su apetito insaciable. ¡Manguito era un comelón de primera! Podía devorar un plato de leche en un abrir y cerrar de ojos, y siempre estaba buscando un bocado extra.

Vivía con Sofia, una niña de ocho años que lo adoraba. Sofía siempre se aseguraba de que Manguito tuviera su plato lleno de comida para gatos, pero a Manguito eso no le bastaba. Siempre andaba husmeando por la casa, buscando algo más que comer.

Un día, Sofía estaba preparando una tarta de fresas para el cumpleaños de su abuela. La cocina olía delicioso, a fresas frescas y crema batida. Manguito, por supuesto, estaba muy interesado. Se sentó al lado de Sofía, observándola con sus grandes ojos verdes, esperando que algo cayera al suelo.

"Manguito, ¡no puedes comerte la tarta!" le dijo Sofía, riendo. "Es para la abuela."

Manguito maulló tristemente, frotándose contra la pierna de Sofía. Sofía le dio una pequeña caricia en la cabeza. "Ya te daré un poco de tu comida para gatos después", le prometió.

Sofía terminó de preparar la tarta y la puso en la nevera para que se enfriara. Manguito observó todo el proceso con atención. Una vez que Sofía se fue a jugar, Manguito se acercó sigilosamente a la nevera.

"Miau...", murmuró Manguito, mirando hacia arriba a la nevera. Era alta y grande, un verdadero desafío para un gatito pequeño como él. Pero Manguito estaba decidido. La tarta de fresas olía demasiado bien como para resistirse.

Comenzó a trepar por la nevera, usando sus afiladas garras para agarrarse. Subió, subió y subió, hasta que llegó a la parte superior. Desde allí, podía ver la tarta a través de la puerta de la nevera. ¡Se veía deliciosa!

Pero, ¿cómo iba a abrir la nevera? Manguito intentó empujar la puerta con su cabeza, pero no se movió ni un milímetro. Intentó arañar la manija, pero sus garras resbalaron. Estaba frustrado.

De repente, tuvo una idea. Manguito saltó al suelo y comenzó a maullar fuerte y desesperadamente. Sofía, que estaba jugando en el salón, escuchó los maullidos de Manguito y corrió a la cocina.

"¿Qué pasa, Manguito?" preguntó Sofía, preocupada. Manguito corrió hacia la nevera y comenzó a arañar la puerta. Sofía entendió de inmediato lo que Manguito quería.

"¡Oh, Manguito! ¿Quieres un poco de tarta?" preguntó Sofía, riendo. Manguito maulló afirmativamente, frotándose contra la pierna de Sofía.

Sofía abrió la nevera y sacó la tarta y la deja en la mesa para llevarla donde su abuelita . Luego en vez de darle una rebanada de pastel a Manguito, sacó un poco de su comida para gatos.

"Aquí tienes, Manguito", le dijo Sofía. "Esto es mucho mejor para ti. La tarta tiene demasiado azúcar."

Manguito miró la comida para gatos, luego miró la tarta en la mesa . Parecía decepcionado, pero comenzó a comer su comida.

Mientras comía, Sofía le acarició la cabeza. "Eres un gatito muy goloso, Manguito", le dijo. "Pero tienes que comer comida para gatos para estar sano y fuerte."

Manguito ronroneó, disfrutando de las caricias de Sofía. Sabía que Sofía tenía razón. Aunque la tarta de fresas olía deliciosa, una vez que sofia se fue dejo la tarta encima de la mesa y manguito como no se había saciado la devoro toda, luego se fue a dormir un rato y luego cuando se despertó salió a jugar al jardín donde estaba su amigo señor conejo y señor pajaro y las maripositas que revoloteaban pero manguito no era el de antes no se veía feliz estaba triste mientras sus amigos se burlaban porque le dolia la panzita como maguito comenzó a maullar muy fuerte sofia lo escucho y vio que se habia comido todo el pastel y como veía mal lo llevo al veterinario para que lo curen y el veterinario le dio medicamentos y lo inyecto le dijo que sofia que reposara y que comiera solo su comida para gatos sofia lo cuido hasta que se curo y luego manguito salió a jugar al jardín a perseguir a las mariposas y jugar con sus amigos sofia esta muy feliz de verlo asi nuevamente.

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Publicado el 14/04/2026

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