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Gratis · elegí una vozMi nombre es Manuela. SOY UNA MONA MUY MIMADA. Vivía en un árbol gigante en el corazón de la selva tropical, y tenía todo lo que una monita podría desear. Tenía una cama de hojas suaves, un columpio hecho de lianas fuertes y, lo más importante, ¡tenía a Mamá Mona para consentirme! Mamá Mona me peinaba el pelo con flores brillantes, me contaba historias de la selva y me daba los mangos más dulces. Me encantaban los mangos. ¡Eran mi comida favorita!
Un día, me desperté con un antojo enorme de mango. Salté de mi cama de hojas y corrí hacia la canasta donde Mamá Mona siempre guardaba mis mangos. Pero… ¡estaba vacía! "¡Mamá!", grité, "¡No hay mangos! ¡¿Dónde están mis mangos?!".
Mamá Mona me abrazó con suavidad. "Lo sé, mi pequeña Manuela. Alguien se ha llevado todos tus mangos. Es un misterio. Pero no te preocupes, ¡lo resolveremos!".
Me crucé de brazos, enfurruñada. "¡Pero quiero un mango AHORA!", exclamé. Mamá Mona suspiró. Sabía que cuando me ponía así, era difícil convencerme de lo contrario. "Vamos a buscar pistas", sugirió. "Quizás podamos encontrar al ladrón de mangos".
Así que, de la mano de Mamá Mona, empecé mi investigación. Primero, fuimos a ver a Don Perezoso, que siempre estaba colgado de una rama, observando todo lo que pasaba. "Don Perezoso", le pregunté, "¿Vio a alguien llevarse mis mangos?".
Don Perezoso parpadeó lentamente. "Mmmmmm… mangos… sí… vi… algo… anoche… una sombra… grande… y… peluda…". No era mucha información, pero era algo. Una sombra grande y peluda. ¿Quién podría ser?
Luego, fuimos a hablar con la Señora Tucán, que siempre estaba cantando y charlando con los demás pájaros. "Señora Tucán", le pregunté, "¿Vio a alguien cerca de mi canasta de mangos anoche?".
La Señora Tucán ladeó la cabeza. "¡Claro que sí, monita! Vi a un animal muy raro caminando por ahí. Era grande y fuerte, con una nariz muy larga. ¡Nunca había visto algo así en la selva!".
Una sombra grande y peluda… una criatura grande y fuerte con una nariz larga… ¡Ya lo tenía! "¡Un oso hormiguero!", exclamé. "¡Debe haber sido un oso hormiguero! A ellos les encantan las frutas dulces, y tienen una nariz muy larga".
Mamá Mona asintió. "Tiene sentido. Pero, ¿por qué un oso hormiguero estaría tan lejos de su hogar? Los osos hormigueros no suelen venir a esta parte de la selva".
Decidí que teníamos que encontrar al oso hormiguero para confirmar nuestras sospechas. Seguimos un rastro de hojas caídas y algunas huellas grandes en el suelo. Después de un rato, llegamos a un claro donde vimos… ¡un oso hormiguero! Pero este oso hormiguero no estaba comiendo mangos. Estaba sentado bajo un árbol, llorando.
"¿Por qué lloras?", le pregunté.
El oso hormiguero sollozó. "Me perdí. Estaba buscando hormigas para comer, pero me alejé demasiado y ahora no sé cómo volver a casa".
Entonces entendí. El oso hormiguero no había robado mis mangos por maldad. Estaba perdido y hambriento. Y probablemente olfateó el delicioso aroma de mis mangos desde lejos.
"No robaste mis mangos, ¿verdad?", pregunté suavemente.
El oso hormiguero negó con la cabeza. "Tenía mucha hambre. Lo siento".
Miré a Mamá Mona. Ella me sonrió. Sabía lo que tenía que hacer. "No te preocupes", le dije al oso hormiguero. "Te ayudaré a volver a casa".
Mamá Mona y yo guiamos al oso hormiguero de regreso a su territorio. Le mostramos el camino a través de la selva, evitando los peligros y asegurándonos de que estuviera a salvo. Cuando finalmente llegamos a su casa, el oso hormiguero estaba muy agradecido.
"Gracias", dijo. "Nunca olvidaré su amabilidad".
De regreso a casa, Mamá Mona me abrazó. "Estoy muy orgullosa de ti, Manuela", dijo. "Demostraste ser muy compasiva y generosa".
A pesar de que no tenía mangos ese día, me sentí feliz. Había ayudado a un amigo necesitado. Y aunque seguía siendo una mona muy mimada, aprendí que compartir y ser amable era mucho más importante que tener todos los mangos del mundo. Al día siguiente, Mamá Mona me sorprendió con una canasta llena de mangos aún más dulces que antes, y esta vez, ¡compartí algunos con el oso hormiguero! Y así, el misterio del mango desaparecido se convirtió en una hermosa amistad.
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