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Gratis · elegí una vozMari era una niña muy curiosa, con coletas rubias que saltaban cuando reía y ojos grandes color miel. Le encantaba jugar en el parque, coleccionar piedras brillantes y escuchar los cuentos de la abuela. Pero Mari tenía un secreto: ¡no sabía escribir bien su nombre! O bueno, lo intentaba, pero siempre salía algo raro. A veces ponía una "i" al revés, otras veces la "r" parecía más una serpiente enroscada.
Esta pequeña dificultad le causaba muchos problemas. Un día, en el parque, encontró un helado tirado en el suelo. ¡Era de fresa, su favorito! Cerca, había un cartel que decía: "Helados Perdidos: Reclama el tuyo con tu nombre". Mari, con el corazón latiendo fuerte por el helado, intentó escribir "Mari". Pero le salió "Mrai". La señora del puesto leyó el nombre torcido y dijo: "Lo siento, pequeña, este helado no es tuyo. ¡Alguien llamado Mrai vendrá a buscarlo!". Mari, con la carita triste, tuvo que ver cómo otra niña se llevaba su helado.
Otro día, en la escuela, la maestra repartió hojas para la excursión al zoológico. "¡Escriban su nombre arriba!", dijo la maestra con una sonrisa. Mari sudó frío. Con mucho cuidado, escribió "Mair". Pero cuando la maestra recogió las hojas, leyó: "Mair… ¿Quién es Mair? ¡Mair se queda sin excursión!". Mari, con lágrimas en los ojos, tuvo que quedarse en la clase mientras todos los demás se iban a ver a los leones y los monos. ¡Qué injusticia!
La cosa empeoró cuando llegó el día de su cumpleaños. Su abuela le había prometido un pastel de chocolate con muchas fresas. Pero, al ir a recogerlo a la pastelería, la pastelera le preguntó: "¿A nombre de quién está el pastel?". Mari, nerviosa, garabateó "Mar". La pastelera buscó y buscó. "Lo siento, querida, no hay ningún pastel a nombre de Mar. Quizás te equivocaste de pastelería". Mari volvió a casa con las manos vacías y el corazón roto. ¡Ni pastel de cumpleaños!
Cansada de tantos problemas, Mari decidió que tenía que solucionar esto de una vez por todas. Se sentó a la mesa de la cocina con un cuaderno, un lápiz y mucha determinación. Primero, intentó escribir la "M". Le salía un poco temblorosa, pero mejor que antes. Luego, la "a". ¡Esa le salía bastante bien! Después, la "r". Practicó una y otra vez hasta que le salió una "r" que parecía una "r" de verdad, y no una serpiente. Por último, la "i". Se concentró mucho para que no le saliera al revés.
Al principio, le costó mucho. Borraba y volvía a empezar. Se frustraba y quería rendirse. Pero recordaba el helado perdido, la excursión al zoológico y el pastel de cumpleaños. ¡No quería que esas cosas le volvieran a pasar! Así que siguió practicando.
Cada día, dedicaba un rato a escribir su nombre. Al principio, solo escribía "Mari" una vez. Luego, lo escribía dos veces, tres veces, ¡hasta diez veces! Poco a poco, su mano se fue volviendo más ágil y segura. Las letras empezaron a salirle más bonitas y derechas. Ya no se equivocaba tanto.
Un día, volvió al puesto de helados. Esta vez, no había helados perdidos, pero Mari quería probar algo. Compró un helado de limón y, cuando la señora le preguntó su nombre, Mari escribió "Mari" en una servilleta. La señora la miró sorprendida. "¡Qué bonito escribes tu nombre!", exclamó. Mari sonrió orgullosa.
En la escuela, la maestra le pidió que escribiera su nombre en un dibujo. Mari escribió "Mari" con letras grandes y coloridas. La maestra la felicitó por su letra. Y en su próximo cumpleaños, Mari escribió "Mari" en el encargo del pastel. ¡Esta vez, sí tuvo su pastel de chocolate con muchas fresas!
Desde ese día, Mari ya no era "Mari, la Misteriosa". Era Mari, la niña que aprendió a escribir su nombre y que demostró que con esfuerzo y dedicación, ¡se puede lograr cualquier cosa! Y aprendió una lección muy importante: ¡saber escribir tu nombre te abre muchas puertas!
Ahora, Mari escribe su nombre en todos lados: en sus dibujos, en sus cuadernos, ¡incluso en la arena de la playa! Ya no tiene miedo de equivocarse, porque sabe que, aunque a veces las cosas no salgan perfectas a la primera, lo importante es seguir intentándolo. Y así, Mari vivió feliz para siempre, escribiendo su nombre con orgullo y disfrutando de todas las cosas buenas que la vida le ofrecía.
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