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Gratis · elegí una vozMari era una niña que vivía pegada a su celular. Jugaba, veía videos, chateaba… ¡Todo el día! Últimamente, hasta había perdido la energía para jugar con sus amigos o dibujar. Su mamá, preocupada, un día le dijo: “Mari, ¡basta de teléfono por hoy!”. Mari se enfadó muchísimo. ¡Era lo peor que le podía pasar! Subió corriendo a su habitación, dando un portazo.
Pero al rato, sintió un poco de remordimiento. Sabía que su mamá solo quería lo mejor para ella. Respiró hondo y bajó las escaleras para disculparse. “Mamá, lo siento…” Empezó a decir, pero se detuvo en seco. Frente a ella, una puerta que nunca había visto brillaba con una luz dorada. La curiosidad pudo más que la timidez, y Mari la abrió.
¡Guau! Al otro lado no había un pasillo, sino un mundo increíblemente colorido. Flores hechas de botones gigantes, árboles con hojas de fieltro, ríos de purpurina… ¡Era el Castillo Artesco! Allí conoció a Crea y Trivi, dos pequeños chicos hechos de plastilina que correteaban entre ovillos de lana y botes de pintura. “¡Bienvenida, Mari! Somos los chicos Artesco”, dijeron al unísono. “¡Estamos muy contentos de que estés aquí!”.
Crea y Trivi le mostraron a Mari el castillo. Le enseñaron a hacer pulseras con cuentas de colores, a pintar cuadros con los dedos y a construir casitas con palitos de helado. Mari, sorprendida, descubrió que le encantaba crear con sus manos. ¡Hacía tanto tiempo que no se divertía así! La energía que había perdido por culpa del celular volvía a fluir por sus venas. Reía, cantaba y se ensuciaba las manos con pintura sin importarle nada más.
Cuando el sol comenzaba a ponerse en el mundo real, una pequeña avecita de papel que había estado acompañando a Mari desde su llegada, pió tristemente. “Es hora de volver”, le dijo Crea, con un dejo de tristeza. “Pero puedes visitarnos cuando quieras. Solo tienes que recordar la puerta mágica”. Mari abrazó a Crea y Trivi y se despidió, prometiendo regresar pronto. Estaba a punto de cruzar la puerta cuando, de repente, una sombra oscura invadió el castillo.
Una figura alta y delgada, vestida de negro y rodeada de pixeles grises, apareció flotando en el aire. “¡Soy el Dr. Pixel!”, gritó con voz ronca. “¡Y he venido a eliminar toda la creatividad y el color de este mundo!”. Los chicos Artesco, asustados, se escondieron detrás de Mari. El Dr. Pixel extendió sus manos y rayos grises comenzaron a salir de sus dedos, transformando las flores de botones en piedras grises y el río de purpurina en un charco de barro.
Crea y Trivi intentaron defender el castillo con pinceles y tijeras, pero el Dr. Pixel era demasiado poderoso. Mari sintió un miedo terrible. El castillo, que antes era un lugar lleno de alegría y color, se estaba volviendo triste y gris. De pronto, la pequeña avecita de papel que había estado con ella se posó en su hombro. Mari la acarició suavemente y, de repente, ¡la avecita comenzó a crecer! Sus plumas se volvieron blancas como la nieve y su pico se transformó en un elegante cuello. ¡Era un majestuoso cisne blanco!
El cisne, con una voz clara y fuerte, se enfrentó al Dr. Pixel. “La creatividad es corazón y emoción”, dijo. “No puede ser apagada. Está en la risa de los niños, en la belleza de la naturaleza, en la imaginación de cada persona. ¡Tu poder no tiene cabida aquí!”. El Dr. Pixel, sorprendido por la valentía del cisne, intentó atacarlo con sus rayos grises, pero el cisne era demasiado rápido. Volaba alrededor del Dr. Pixel, cantando una melodía llena de esperanza y alegría.
Mari, inspirada por el cisne, tomó un puñado de pintura de colores y la lanzó al aire. Los colores explotaron en una lluvia de alegría, llenando el castillo de nuevo de vida. Crea y Trivi, animados, se unieron a la lucha, lanzando ovillos de lana y confeti al Dr. Pixel. El Dr. Pixel, abrumado por la energía positiva, comenzó a debilitarse. Sus rayos grises se desvanecieron y su figura se hizo más pequeña y transparente.
Finalmente, con un último grito de frustración, el Dr. Pixel desapareció. Los rayos grises que habían invadido el castillo se desvanecieron, devolviendo el color y la alegría al mundo de Artesco. Las flores volvieron a ser de botones, el río volvió a ser de purpurina y los chicos Artesco volvieron a sonreír. El cisne blanco, después de saludar a Mari con un suave aleteo, volvió a convertirse en una pequeña avecita de papel y se posó nuevamente en su hombro.
Mari abrazó a Crea y Trivi, agradeciéndoles por la increíble aventura. Prometió volver pronto y, con la avecita de papel en su hombro, cruzó la puerta mágica. Al abrir los ojos, se encontró de nuevo en su casa. Su mamá la esperaba con una sonrisa. “¿Qué tal, cariño? ¿Te has divertido?”. Mari corrió a abrazarla. “¡Muchísimo, mamá! Y he aprendido algo muy importante: ¡la creatividad es lo más valioso que tengo!”. Y así, Mari volvió a dibujar, a pintar y a jugar, pero ahora también recordaba que el mundo real, como el Castillo Artesco, estaba lleno de colores y posibilidades, solo era cuestión de saber dónde buscar.
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