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Gratis · elegí una vozJesús, un carpintero con manos callosas y una sonrisa que iluminaba toda la casa, amaba a su hija Mariana más que a nada en el mundo. Mariana, con sus ojos color miel y su cabello como hebras de sol, era curiosa como un pajarito. No se conformaba con respuestas sencillas; siempre quería saber el porqué de las cosas. Un día, mientras Jesús tallaba una pequeña oveja de madera, Mariana le preguntó: "Papá, ¿por qué el cielo es azul?".
Jesús, dejando a un lado su herramienta, sonrió. "Es una pregunta muy buena, Mariana. Algunos dicen que es porque refleja el océano, otros que son partículas en el aire… Pero, ¿sabes? Creo que el cielo es azul porque necesita un color que combine con la alegría de tus ojos."
Mariana rió, pero la pregunta seguía rondando su cabeza. No le bastaba una respuesta poética. Necesitaba una explicación real. Así que, decidió emprender su propia búsqueda. Oyó hablar de un lugar mágico, un jardín escondido donde las preguntas florecían como flores exóticas: el Jardín de las Preguntas.
Al día siguiente, sin decirle nada a su padre, Mariana se aventuró fuera del pueblo. Caminó por senderos polvorientos, atravesó campos de trigo dorado y cruzó un arroyo cantarín. El sol brillaba con fuerza, pero la determinación de Mariana era aún más brillante. Después de horas de caminata, llegó a un bosque frondoso y oscuro. En medio del bosque, vio una pequeña puerta de madera cubierta de enredaderas. Empujó la puerta y, ¡oh sorpresa!, se encontró en un jardín maravilloso.
Flores de todos los colores imaginables florecían en abundancia. Árboles frutales cargados de manzanas rojas y peras jugosas se mecían suavemente con la brisa. Y, lo más asombroso de todo, cada flor y cada fruto parecía susurrar una pregunta. Mariana se acercó a una rosa roja que parecía brillar con luz propia. "¿Por qué tengo espinas?", preguntó la rosa con una voz suave y melodiosa.
Mariana se quedó pensando. "Tal vez las espinas te protegen de quienes quieren dañarte, pero también te hacen más fuerte y misteriosa", respondió.
La rosa pareció satisfecha con la respuesta y asintió lentamente. Mariana siguió caminando por el jardín, respondiendo preguntas a las flores, a los árboles, incluso a las pequeñas piedras que yacían en el suelo. "¿Por qué soy tan pequeña?", preguntó una piedra. "Porque eres parte de algo más grande, una montaña o un camino, y cada parte es importante", respondió Mariana.
De repente, escuchó una voz suave que la llamaba. "Mariana… Mariana…". Siguió la voz hasta llegar a un viejo sauce llorón que se alzaba en el centro del jardín. Bajo el árbol, sentada en una roca, había una anciana con el cabello blanco como la nieve y los ojos brillantes como estrellas. "Soy la guardiana de este jardín", dijo la anciana con una sonrisa amable. "Sé que has venido buscando respuestas."
Mariana asintió. "Quiero saber por qué el cielo es azul, pero también quiero saber muchas otras cosas."
La anciana sonrió. "Las respuestas no siempre son fáciles de encontrar, Mariana. A veces, la verdadera respuesta está en la pregunta misma. Y a veces, la respuesta que buscamos está dentro de nosotros mismos. Observa el cielo, Mariana. ¿Qué sientes cuando lo ves azul?".
Mariana miró hacia arriba. El cielo era de un azul intenso, salpicado de nubes blancas como algodón. Sintió paz y alegría. "Siento… libertad", dijo.
"Entonces, tal vez esa sea la respuesta para ti", dijo la anciana. "El cielo es azul para que sientas libertad. Pero recuerda, la respuesta puede ser diferente para cada persona."
Mariana se dio cuenta de que la anciana tenía razón. No había una sola respuesta correcta para todas las preguntas. Lo importante era seguir preguntando, seguir buscando y seguir aprendiendo. Agradeció a la anciana y se despidió del Jardín de las Preguntas.
Cuando regresó a casa, Jesús la estaba esperando con una gran sonrisa. "¿Dónde estabas, Mariana? Estaba preocupado."
Mariana abrazó a su padre. "Fui al Jardín de las Preguntas, papá. Aprendí que no siempre hay respuestas fáciles, pero que lo importante es seguir preguntando."
Jesús sonrió y la abrazó con fuerza. "Eso es muy sabio, Mariana. Y ahora, ¿me vas a contar todo sobre tu aventura?".
Mariana asintió y le contó a su padre sobre el jardín mágico, las flores que hablaban y la anciana sabia. Jesús la escuchó atentamente, con los ojos llenos de orgullo. Esa noche, mientras Jesús le contaba un cuento a Mariana antes de dormir, ella le preguntó: "Papá, ¿por qué me quieres tanto?".
Jesús la besó en la frente y le respondió: "Te quiero porque eres tú, Mariana. Eres curiosa, inteligente y tienes un corazón lleno de amor. Y porque cada pregunta que haces me enseña algo nuevo."
Mariana sonrió y se durmió profundamente, sabiendo que tenía el mejor padre del mundo y que siempre tendría un mundo de preguntas por explorar.
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