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Gratis · elegí una voz"Mariana y el Río de Lágrimas"
Sinopsis
Mariana, una niña que llora mucho, llena un río seco con sus lágrimas. Asustada por el poder de su llanto, aprende a controlar sus emociones y encuentra alegría, recordando que la tristeza es una emoción importante, pero no debe controlarla. Mariana encuentra su muñeca perdida y aprende a equilibrar sus emociones.
Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes, una niña llamada Mariana. Mariana era una niña buena y amable, pero tenía un pequeño problema: ¡lloraba mucho! Lloraba si se le caía el helado, lloraba si no encontraba su calcetín favorito, y lloraba incluso si el sol brillaba demasiado fuerte. Sus padres la querían mucho, pero a veces se preocupaban por sus constantes lágrimas. Le decían: "Mariana, ¡el mundo es un lugar maravilloso! ¡No hay necesidad de llorar tanto!". Pero Mariana no podía evitarlo. Las lágrimas simplemente salían.
Un día, Mariana estaba especialmente triste. Había perdido su muñeca favorita, una muñeca de trapo llamada Lila, que le había regalado su abuela. Con el corazón roto, caminó hasta el río que pasaba cerca de su casa. Era un río pequeño, pero normalmente lleno de agua cristalina. Ese día, sin embargo, el río estaba completamente seco. El lecho del río era de tierra agrietada y piedras polvorientas. Mariana se sentó en la orilla, con las piernas colgando sobre el borde seco, y comenzó a llorar. Lloró por Lila, lloró por su tristeza, lloró por todo. Sus lágrimas caían sobre la tierra seca, formando pequeñas manchas oscuras.
Y lloró, y lloró, y lloró. Parecía que no podía parar. De repente, Mariana notó algo extraño. Las pequeñas manchas oscuras de sus lágrimas se estaban haciendo más grandes. La tierra comenzaba a humedecerse. Y luego, ¡vio una pequeña corriente! Una pequeña corriente de agua que brotaba de la tierra donde sus lágrimas habían caído. Mariana se asustó mucho. Nunca había visto algo así. Siguió llorando, y la corriente se hizo más grande. Pronto, la pequeña corriente se convirtió en un arroyo, y el arroyo en un río pequeño. El río, ¡se estaba llenando con sus lágrimas!
Mariana se levantó de un salto, con los ojos muy abiertos. ¡El río estaba casi lleno! El agua era clara y brillante, pero Mariana sabía de dónde venía. Era su llanto. ¡Ella había llenado el río con sus propias lágrimas! El susto fue tan grande que, por primera vez en mucho tiempo, Mariana dejó de llorar. Se quedó mirando el río, maravillada y un poco asustada. Pensó: "¡Si sigo llorando, el río se desbordará y inundará el pueblo!". La idea de que sus lágrimas pudieran causar tanto daño la llenó de pavor.
En ese momento, escuchó un ruido detrás de ella. Se giró y vio a un anciano sentado en una roca, observándola. El anciano tenía una larga barba blanca y ojos brillantes. Le sonrió a Mariana y le dijo: "Hola, pequeña. Veo que has descubierto el secreto del río". Mariana estaba confundida. "¿Secreto?", preguntó. El anciano asintió. "Este río siempre ha sido especial. Tiene la capacidad de transformarse con las emociones. Hoy, se ha transformado con las tuyas".
Mariana le contó al anciano sobre su muñeca Lila y sobre su tristeza. El anciano escuchó atentamente y luego le dijo: "La tristeza es una emoción importante, Mariana. Pero no debe controlarte. Debes aprender a encontrar la alegría incluso en los momentos difíciles". Luego, el anciano le sugirió buscar a Lila, no con lágrimas, sino con esperanza y determinación. Le dijo que recordara los buenos momentos con su muñeca, y que esa alegría la guiaría.
Mariana siguió el consejo del anciano. Respiró hondo y, en lugar de llorar, pensó en lo mucho que quería a Lila y en todas las aventuras que habían compartido. Con una nueva determinación, comenzó a buscar a su muñeca. Buscó debajo de los árboles, detrás de las piedras, y en cada rincón de su casa. Y, finalmente, ¡la encontró! Lila estaba tirada debajo de su cama, justo donde no había mirado antes.
Mariana abrazó a Lila con fuerza, sintiendo una gran alegría. Corrió de regreso al río para contarle al anciano, pero él ya no estaba allí. El río seguía lleno, pero el agua parecía aún más brillante y alegre. Desde ese día, Mariana aprendió a controlar sus lágrimas. Aprendió que estaba bien estar triste, pero que también era importante encontrar la felicidad. Y aunque a veces todavía lloraba un poco, nunca volvió a llenar el río. En cambio, usaba sus lágrimas para regar las flores de su jardín, y las flores florecían hermosas y coloridas. Y cada vez que veía el río, recordaba la lección que había aprendido: que incluso las lágrimas pueden tener un propósito, pero que la alegría es mucho más poderosa.
Y así, Mariana vivió feliz, aprendiendo a equilibrar sus emociones y a encontrar la belleza en cada día. El río, siempre agradecido, siguió fluyendo, llevando consigo no solo agua, sino también una valiosa lección para todos los que lo visitaban.
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